Probablemente la Batalla de Lepanto sería la respuesta correcta a una pregunta del programa Jeopardy, pero es también un elemento importante de la razón por la cual octubre está designado como el mes del Santo Rosario. El 7 de este mes celebramos la fiesta de Nuestra Señora del Rosario en conmemoración de la Batalla de Lepanto, librada en 1571, en la cual las fuerzas navales cristianas de la Liga Santa lograron la derrota de las fuerzas navales del Imperio Otomano. Fue una victoria que transformó la civilización occidental. En nuestro mundo, tan saturado de los horrores de la guerra, resulta de alguna manera incoherente asociar a la Madre de Dios con tales actividades. No obstante, gente de fe y con una profunda devoción a la Santísima Madre creyó que su intervención fue un factor fundamental en aquella victoria.

El Rosario es una oración católica por excelencia, y a menudo se le asocia con nuestras peticiones a la Santísima Virgen María, para que ella interceda en situaciones muy difíciles, como de enfermedad, fallecimiento y tragedias personales de cualquier tipo. También rezamos el Rosario para llevar ante la Madre de Dios algunos de los dilemas que al parecer solo su intervención materna es capaz de resolver. El papa Francisco ha pedido a los católicos de todo el mundo rezar el Rosario diariamente en este mes de octubre, pero naturalmente las peticiones que elevamos a la Virgen María pueden ser variadas.

Octubre es también el Mes de Respeto a la Vida y los temas de la vida que necesitan el poderoso auxilio de María podrían articularse bien en el marco de los misterios del Santo Rosario. Cada uno de los cuatro grupos de misterios del Rosario me parece que puede ajustarse a un componente particular de estos importantes temas de la vida. Creo que los Misterios Gozosos tienen una afinidad especial con la protección de la vida del niño no nacido, puesto que estos cinco acontecimientos espirituales se refieren al nacimiento de Cristo: la Anunciación recuerda su concepción; la Visitación describe el encuentro de la Virgen María con su parienta Isabel, donde ambas llevaban en el vientre la vida infantil de Cristo o la de su heraldo, Juan el Bautista. La Natividad es la celebración del nacimiento de Aquel que estaba destinado a ser para nosotros el Emmanuel. La Presentación en el Templo es el humilde ofrecimiento del Niño Jesús a su Padre, un ofrecimiento que se perfeccionaría en la cruz. El Niño perdido y hallado en el Templo recuerda que el Señor Jesús disfrutó de una niñez como la de todos nosotros, marcada por las vicisitudes y las preocupaciones de los adolescentes y de sus padres.

Los Misterios Dolorosos ponen de relieve las aflicciones y los sufrimientos de los prisioneros y de aquellos que han sido encarcelados ocasionalmente, como Jesús, que fue injustamente acusado. Cuando Jesús sufría su agonía en el huerto, fue como tantos otros que languidecen en las cárceles. La flagelación es a veces una muestra del trato inhumano que sufren los presos. La coronación de espinas es un ejemplo de la humillación que conlleva el encarcelamiento. El cargar la cruz es otra expresión del sufrimiento que se experimenta en la prisión. La crucifixión es la imposición de la pena capital y, en este caso, sobre uno que era completamente inocente. Es cierto que los delincuentes son a veces peligrosos, crueles y violentos, y han causado perjuicios a la sociedad en muchas ocasiones de un modo horrendo. Pero el propio Cristo los señaló uno por uno y se identificó personalmente con ellos cuando, en el juicio final, les dice a las ovejas y a los machos cabríos que él esperaba que lo visitaran cuando estuvo preso.

El papa san Juan Pablo II añadió un nuevo grupo de misterios a esta antigua oración mariana del Rosario en el 2002 con los Misterios Luminosos, los cuales podrían reflejar adecuadamente algunos de los dilemas que enfrenta el precario estado de nuestro medio ambiente. El Bautismo del Señor bendijo el agua ordinaria del Jordán, como elemento primordial del bautismo. Las Bodas de Caná fue una muestra más de cómo el Señor puede usar el valioso don del agua para convertirlo en el gozoso don del vino. La Proclamación del Reino de Dios nos invita a ver que el reino de este mundo no es más que un puente hacia aquel otro mundo, que será perfecto en todos los sentidos. La Transfiguración del Señor es una muestra de cómo la creación de Dios puede ocultar y luego revelar la presencia del Padre en los acontecimientos y elementos ordinarios de la vida. La Institución de la Sagrada Eucaristía utiliza nuevamente elementos de la naturaleza: pan y vino, frutos de la tierra y de la vid, para invitarnos a entrar en la presencia misma de Dios. Estos misterios utilizan los elementos ordinarios de la tierra para animarnos a caminar hacia el reino celestial. Cada misterio hace que los elementos de la naturaleza se conviertan en los vehículos de la salvación.

Así pues, el Rosario mismo puede venir a ser un excelente medio para reflexionar sobre el valiosísimo don de la vida que Dios nos da en sus distintas circunstancias, porque cada ser humano es atesorado por el Señor.