Creados a su imagen es el título de la iniciativa programática que la Arquidiócesis ha emprendido en respuesta a la agitación racial que tan públicamente se ha apoderado de nuestra nación y, de hecho de todo el mundo, durante gran parte de este año. Las escenas de protestas, marchas y enfrentamientos violentos suscitados en demasiados lugares del orbe han amedrentado, confundido y a veces enfurecido a la población. Estos meses han reabierto las heridas sociales que mucha gente esperaba, rezaba y tal vez imaginaba que ya habían cicatrizado, debido a los logros del movimiento en defensa de los derechos civiles que tuvo lugar en los años '50 y '60 en los Estados Unidos. Sin embargo, el racismo y la desigualdad son llagas que todavía sangran en demasiadas instituciones y, lamentablemente, en demasiados corazones humanos.

Los esfuerzos que hacemos en el ámbito local serán un intento continuo de hablar abierta, franca y respetuosamente en varias instancias grupales sobre los factores que causan esta erupción de actividades. Los hechos ocurridos han sobresaltado a muchísima gente en todo el mundo, por lo que es preciso hacer el esfuerzo de buscar una respuesta verdaderamente basada en la fe. No se trata de tener sesiones para buscar a quien culpar, sino de hacer un examen honesto de la historia, de las aspiraciones de todos y de cómo hemos de reaccionar en estas circunstancias. Estas sesiones serán encuentros privilegiados entre hermanos y hermanas en Cristo que servirán para escucharnos unos a otros, aprender mutuamente, comprometernos a caminar juntos y cambiar nuestra sociedad de modo que se respete la dignidad humana de cada persona. 

Gente de todas partes, desde figuras del deporte hasta ejecutivos de empresas, desde estudiantes hasta jubilados, han tomado la iniciativa de pedir un cambio de corazón que —¡por favor, Señor Dios nuestro!— nos conduzca a una sociedad mejor para todos.

Hay personas que relegan estos disturbios a una “violencia colectiva” desenfrenada y fomentada por extremistas de la izquierda y la derecha del espectro social. Más aún, la violencia que se ha generado no puede jamás ser condonada, justificada ni disculpada y, de hecho, es lamentablemente destructiva para la sociedad y la propiedad. Es subversiva para la dedicación y la sinceridad de aquellos que protestan pacíficamente por la justicia, el entendimiento y la reconciliación racial.

Con todo, pese a la violencia que ha acompañado a este momento, hay mucho que aprender acerca de los factores que causan la inquietud y encienden la cólera. Si bien nosotros, como nación, hemos avanzado considerablemente en el logro de la armonía y la igualdad racial, aún queda mucho por hacer. Aparte de los procesos civiles y las políticas oficiales, es preciso centrar la atención en las actitudes enclaustradas en el propio corazón de cada uno. Aun cuando la eliminación de estatuas que honran a personas que promovieron, defendieron y sostuvieron dogmas racistas sea una señal necesaria y visible de cambio, nuestras propias actitudes también deben cambiar, ya que la eliminación de una estatua puede quitar una imagen de piedra, pero cambiar un endurecido corazón humano es mucho más difícil. Todos debemos comprometernos a participar en este proceso; todas las personas de todos los grupos étnicos y raciales debemos examinar nuestros propios sentimientos, para ver de qué modo nosotros también necesitamos renovarnos y reconciliarnos.

Personas de mi generación, que vivieron los disturbios y la agitación de los años '50 y '60, tienden a sentirse desalentadas pues ven que todo lo que se ha podido lograr a través del hercúleo testimonio de incontables personas no haya logrado hacer realidad el sueño que el Dr. King propuso hace 57 años. Algunos pueden incluso pensar que los esfuerzos de ayer fueron en vano. Esa desesperanza sería un triste comentario al trabajo que tantos realizaron para conseguir la armonía, la equidad y la reconciliación entre todos. El reconocer que todavía queda mucho más por hacer no debería menoscabar los logros de tantos que dedicaron su vida a abogar por la armonía y la equidad racial. 

Hay dos factores que me animan mucho: primero, que el poder de perseverancia de este momento es señal de esperanza. Nuestra sociedad moderna tiene una capacidad de atención tan corta, y sin embargo, vemos que la atención que se le presta a este tema en la televisión y la radio es constante. Esto indica que no estamos frente a una solución rápida o fácil, sino a un compromiso continuo en procura de mejorar las circunstancias para todos. En segundo lugar, que la energía de la juventud me lleva a creer que hay muchos nuevos defensores de la justicia que están dispuestos a prolongar la lucha pacífica hasta el día de mañana. Realmente hay un Bálsamo en Galaad, como continúa asegurándonos el antiguo y venerable himno religioso, para sanar las heridas y aliviar el dolor.