¡Las familias que educan a sus hijos en casa se han preparado para un momento como este durante décadas! He tenido la fortuna de conocer a varias familias que educan a sus hijos en casa en las tres diócesis donde he servido como obispo, y todas ellas tienen, al parecer, una particular habilidad común: saben cómo organizar las actividades de sus hijos y equilibrarlas con la educación estando en casa. Ahora que muchos sistemas escolares locales han cerrado —algunos por el resto del año académico— aquellos talentos desarrollados por los niños educados en casa son lecciones que muchas familias pueden aprender.

Hay varias otras lecciones que se pueden extraer durante esta época en la que se reúne la familia extendida. La “iglesia doméstica” es una frase que hemos escuchado antes, pero en el entorno actual, la idea nos interpela a descubrir esa realidad de una manera nueva y muy personal. Es preciso volver a introducir en el hogar la oración en familia. No solo pronunciar unas breves palabras en las cenas especiales, sino dedicar un tiempo para hablarle a Dios todos juntos —jóvenes y mayores, padres e hijos, que ahora suponen hablar con el Padre de todos nosotros con una voz común— como expresión de la Iglesia que vive en el hogar.

El astronauta capitán Scott Kelly describió, en un artículo reciente del New York Times, lo que experimentó cuando estuvo confinado en el espacio por todo un año. Si bien todos nosotros oramos para que nuestra cuarentena no dure tanto tiempo, él tiene ciertas sugerencias interesantes, tales como la preparación de un calendario de actividades y dejar tiempo para la relajación y la comunicación con los seres queridos, para lo cual hoy tenemos muchas tecnologías disponibles que facilitan esa actividad. La iglesia doméstica en cada hogar puede beneficiarse bastante de los consejos del capitán Kelly.

Es cierto que la situación actual puede ser fastidiosa, pero ha habido algunas simpáticas experiencias en la difusión en vivo que demuestran cómo este tiempo ha cambiado la vida familiar. Una de ellas fue un segmento reciente de un show nocturno de televisión en que el conocido anfitrión Jimmy Fallon estaba realizando una entrevista en vivo en su casa cuando una de sus hijitas vino desde atrás y lo abrazó frente a la cámara cuando se estaba grabando. Eso nos da una clara indicación de que hasta las personalidades famosas tienen poco control sobre sus hijos cuando están todos en casa.

A lo largo de los años he oído muchísimas veces la queja de muchos padres de familia que se lamentan de no tener tiempo suficiente para dar atención a sus hijos por la presión de los intereses y obligaciones externos, que les usurpan el tiempo familiar. Por eso, el momento que estamos viviendo ahora puede ser un respiro para esa situación. Pese a los inconvenientes que esta situación nos impone a todos, existen gracias que pueden descubrirse incluso en ella. 

Las familias tienen la oportunidad de alternar unos con otros en niveles que habríamos considerado impensables cuando comenzamos la Cuaresma hace apenas unas semanas. Es claro que todavía hay muchas posibles distracciones a causa de los siempre presentes aparatos electrónicos, de los cuales todos hemos llegado a depender, tanto adultos como menores. Pero la primera oportunidad que tiene la familia aislada para una conversación verdadera es probablemente la hora de la cena, así que dejemos de lado los teléfonos inteligentes. El compartir tareas y labores hogareñas puede ser también una oportunidad para redescubrir el valor propio de cada integrante de la familia. Es de esperar que, con la oración y una buena dosis de risa, todos podamos sobrevivir a este momento y al final aprender a amar más a Dios y al prójimo.