La gente no busca caridad, sino justicia y una oportunidad de ser buenos ciudadanos. Que se traduce en DAR la bienvenida a los inmigrantes y a los más vulnerables ayudándoles a valerse por sí mismos, porque ­-como hijos de Dios- todos merecemos respeto a nuestra dignidad, razón de más para no perder la perspectiva humana de nuestra sociedad de ayudar a las personas a sobrevivir y a conseguirse un trabajo decente. Se da también el caso de que muchas veces las personas que reciben ayuda retribuyen, con creces, más de lo que se les dio, como sucede en “nuestra Iglesia local que ha sido abundantemente bendecida por la presencia, los dones culturales y la profunda fe de nuestras hermanas y hermanos latinos”, destacó el arzobispo de Washington, Wilton Gregory, en la reciente gala anual de recaudación de fondos a beneficio de los programas que el Centro Católico Hispano brinda a los más vulnerables. En el evento se relievaron historias de superación de inmigrantes que recibieron ayuda del Centro que luego fue retribuida con gran generosidad, como es el caso de los inmigrantes Gustavo Pérez Silverio, Mélida Chacón y Omar Martínez.

Pruebas al canto. Pérez Silverio, quien emigró de Cuba, llegó a la clínica del Centro en busca de ayuda médica donde le recibieron con amabilidad y cuidaron de él, lo que nunca olvidó y luego retribuyó como voluntario a tiempo completo del Centro Católico. El último año, el centro asistió a más de 12 mil personas a quienes Pérez Silverio ayudó a acceder a los servicios de salud y odontología, de capacitación, servicios legales, clases de inglés y despensa de alimentos. Para él, trabajar en el Centro fue providencial. No solo recuperó su salud, sino que fue una oportunidad de servir a su prójimo. Compartir con otros le ha dado paz y una nueva vida espiritual.

En busca de oportunidades, Mélida Chacón emigró de El Salvador para residir en el área metropolitana de Washington, donde trabajó como supervisora en una empresa de limpieza. Luego de los atentados terroristas de S-11, las exigencias laborales se volvieron más estrictas y, a pesar de tener un permiso de trabajo, a Mélida le fue cada vez más difícil encontrar trabajo. Sabía que tenía que aprender una nueva habilidad para ampliar sus horizontes y es así como descubrió el Programa de Construcción Verde del Centro Católico y fue una de las primeras estudiantes del programa. Una vez graduada trabajó a tiempo parcial en el equipo de Green Construction y luego de seguir estudiando se convirtió en instructora certificada y pasó a trabajar a tiempo completo. La capacidad de ayudar a otros es lo que más le motiva y la certeza de que nada es imposible con Dios de su lado. 

Omar Martínez emigró siendo un adolescente, forzado por la pobreza y la violencia extrema, dejando a sus padres y hermanos en El Salvador para cruzar la frontera, con la ayuda de un coyote y la convicción de no regresar nunca más. En Texas fue detenido y recluido en un centro de detención hasta su trasladado a Maryland, donde un tío obtuvo su custodia legal y le facilitó el amparo del TPS. Trabajó como lavaplatos -para enviar dinero a su familia- en el restaurante Silver Diner de Rockville, MD, donde el dueño, un inmigrante holandés, le alentó a estudiar administración en la Universidad de Maryland. Acudió al Centro Católico para tramitar su tarjeta de residencia legal. Como no tenía dinero para el trámite, el Centro le ayudó y le impulsó a ser una persona de bien en este país. Hoy, gracias a su mentor, al Centro y al país que le abrió las puertas, Omar es co-propietario de una cadena de 18 restaurantes y se ha dedicado a ayudar a los que le rodean. Su secreto: la perseverancia, la humildad y no quedarse esperando a que la oportunidad toque la puerta.