La búsqueda sin fin del Producto Interno Bruto (PIB) cambia a muchísima gente y depreda al planeta, afirma la economista Kate Raworth, quien sostiene que esa teoría económica necesita ser reescrita. Ella aprendió en Oxford todos los conocimientos que se le pidió que aprendiera y memorizó los diagramas que se le pidió que memorizara, pero su frustración fue en aumento porque no existía, no había, opción alguna para estudiar nada ambientalmente. En el ejercicio profesional descubrió que -en su educación económica- le faltaba un enfoque en la humanidad y el planeta; y empezó a redibujar los diagramas de economía que memorizó en la universidad y se le ocurrió algo innovador. En lugar de líneas irregulares y flechas agresivas, dibujo un círculo dentro de otro círculo, una ‘doughnut’. Una rosquilla con un agujero en el medio, donde la rosquilla es buena y el agujero es malo. Y queremos que todos vivan en la rosquilla y nadie esté en el hoyo, donde la gente carece de lo esencial para vivir. Al mismo tiempo, tampoco hay que salir de la corteza externa de la rosquilla porque la zona segura es la rosquilla que es un símbolo de equilibrio en su libro ‘Doughnut Economics (Chelsea Green Publishing, 2017).

La pandemia mundial de Covid-19 desató una crisis de salud y provocó una catástrofe económica que relievó las desigualdades: millones de personas fueron empujadas al agujero de la rosquilla. La crisis también amenaza el progreso y la protección del medio ambiente empujando demasiada quema de carbón más allá de la corteza de la rosquilla. La pandemia –que fue un shock para el sistema que nadie vio venir- demostró cuán vulnerables son nuestras economías modernas. En su libro, Raworth habla de un nuevo marco económico cuya clave es la sostenibilidad que empata con el Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU, que mide a los países no por el poder económico, sino por factores como el nivel de vida y la educación y la esperanza de vida. Idea que tiene una gran importancia a largo plazo y un reflejo de ello es que esos indicadores lo encontramos hoy en los cuadros del Banco Mundial, amén de haber generado otros índices de bienestar humano como el Índice del Progreso Social o el de la Felicidad Nacional Bruta. Mas, sigue faltando el reconocimiento de que no se puede centrar solo en el desarrollo humano, sino también concentrarse en la salud planetaria al mismo tiempo.

La tecnología -resultado del capitalismo- produce eficiencia, que teóricamente requeriría menos energía, lo que teóricamente a largo plazo crearía oportunidades para un mayor crecimiento con menos energía. Pero sólo si se ayuda en el tipo de tecnología e innovación que es posible por el capitalismo que produce constantemente mejoras de eficiencia. Lo interesante es que, a pesar de las rápidas mejoras en la eficiencia del uso de recursos y energía, no ha habido una disminución absoluta en ninguno de ellos. En una recesión -que sucede cuando una economía orientada al crecimiento deja de crecer- la gente pierde su trabajo, sus casas y aumenta la pobreza.  Ese decrecimiento está pidiendo un cambio hacia un tipo de economía diferente. El crecimiento del PIB, per se, no es peligroso, lo que es peligroso es que tenemos sistemas económicos que dependen estructuralmente de un crecimiento sin fin. ‘Doughnut Economics’ es una advertencia de que la búsqueda ciega del crecimiento económico deja fuera a demasiada gente y pone demasiada presión sobre los recursos del planeta. Y es necesario una economía circular que consiste en pensar globalmente, pero actuar localmente.