Sé que estáis viviendo un momento gozoso y significativo en esta Jornada de la Juventud organizada en las diócesis del norte de Vietnam. Sois muchos los jóvenes católicos que os habéis reunido: ¡Demos gracias a Dios por esta oportunidad! Me uno a vosotros con el corazón. Y también tengo un mensaje para vosotros, que gira en torno a una palabra: "casa", palabra que se encuentra en el tema de vuestra jornada: "Vete a tu casa, donde los tuyos" (Mc 5,19).

En la cultura vietnamita, como en otras culturas asiáticas, ninguna palabra es tan maravillosa como "casa". Envuelve todo lo más querido para el corazón de una persona humana, incluye no sólo la familia, el parentesco, sino también la tierra natal y el país. Donde quiera que vayas, llevas siempre contigo tu "casa". De esta "casa" fluye vuestra cultura, que expresa las tradiciones familiares, promueve el amor al prójimo, nutre la virtud de honrar a los padres y custodia un respeto extraordinario por los ancianos. "Vete a tu casa" significa, por lo tanto, un camino que os hace regresar a vuestra originalidad y profundizar vuestro patrimonio tradicional y cultural. Son vuestros tesoros. ¡No los perdáis nunca!

Como bautizados sois, además, herederos de otra "casa" más grande, es decir, la Iglesia. La Iglesia es una casa, vuestra casa. Habéis tenido la suerte de nacer del seno de una Iglesia heroica, rica en testigos luminosos. Pienso en los santos Mártires vietnamitas. Pienso en vuestros abuelos y padres que han sufrido la guerra, perdiendo casi todo excepto la fe, que os han transmitido como el legado más precioso. Así, a esta casa de la Iglesia podéis volver siempre para sacar fuerza e inspiración para vuestra fe; aquí podréis formar siempre vuestra conciencia en la dignidad; aquí cada uno de vosotros podrá encontrar el camino de la vida según la llamada de Dios.

No debemos olvidar que la vuestra es una Iglesia nacida de misioneros generosos y entusiastas. En un informe enviado a Roma, el misionero jesuita Alexandre de Rhodes, narraba esta definición que corría entre los vietnamitas: "Los católicos son aquellos que se aman unos a otros. Es la religión del amor". Qué estos modelos de vuestros primeros cristianos os guíen y que la gratitud hacia ellos sea siempre una fuente de entusiasmo misionero para vosotros.

Por lo tanto, es importante no pensar en el tema "Vete a tu casa" como una simple invitación a volver. No penséis en la "casa" como algo cerrado y limitado. Por el contrario, todo camino dado por el Señor es siempre un andar misionero para contar “lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti” (Mc 5,19). No olvidéis que seguís siendo una minoría entre vuestra gente. Todavía hay una mayoría que tiene el derecho y está esperando escuchar el anuncio del Evangelio. El mandato de Cristo, por lo tanto, sigue siendo urgente hoy para vosotros. Ahora os toca a vosotros construir una Iglesia-casa joven y alegre, llena de vida y de fraternidad. ¡Qué mediante vuestro testimonio los mensajes salvíficos de Dios lleguen al corazón de vuestros vecinos y compatriotas! ¡Siempre el testimonio nunca el proselitismo!

"¿Cómo llevar a cabo esta tarea?" – podríais preguntarme. Os propongo estas tres características para vuestro testimonio en este tiempo: honradez, responsabilidad y optimismo. Las tres van acompañadas del discernimiento.

En una sociedad mundial guiada por el materialismo es difícil ser fiel a la propia identidad y a la propia fe religiosa sin la capacidad de discernimiento, y esto sucede en todas las ciudades y países del mundo. Puede ser que la honradez a menudo cause desventajas. Puede ser que el sentido de responsabilidad acarree dificultades y requiera sacrificios. Puede ser que el optimismo parezca extraño ante las realidades corruptas de esta sociedad mundial. Pero estos mismos valores son los que vuestra sociedad, y también vuestra Iglesia, necesitan de vosotros. "En medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo" (Fil 2, 15). No tengas miedo de que resplandezca vuestra hermosa identidad católica. Esto también os hará más patriotas, más vietnamitas: un gran amor por vuestra patria, una gran lealtad como patriotas. Os exhorto a responder con creatividad y a valorar los programas de vuestra Conferencia Episcopal para estos tres años, cuya prioridad es la pastoral juvenil. ¡Qué os sostenga el ejemplo del Siervo de Dios, el Cardenal Van Thuan, un gran testigo de esperanza!

Queridos amigos: Espero que este día sea para vosotros una peregrinación a vuestras raíces culturales y religiosas, una experiencia de fe fortalecida y, sobre todo, de un sentido misionero renovado. ¡Amad vuestra casa! Vuestra casa familiar y vuestra casa, que es la patria. ¡Amad al pueblo vietnamita, amad a vuestro país! Sed verdaderos vietnamitas, con amor por la patria.

Y, finalmente, me gustaría, junto con todos vosotros, confiar al Señor al Padre misericordioso, a los treinta y nueve emigrantes vietnamitas que murieron en Inglaterra el mes pasado. Ha sido doloroso, recemos todos por ellos.

¡Qué Dios os bendiga! ¡Qué tengas un buen día y no os olvidéis de rezar por mí! Cha Chào Chúng Con [Os saludo].

* Mensaje a los jóvenes vietnamitas con ocasión de la Jornada de la Juventud organizada en las diócesis del norte de Vietnam.