El papa Francisco clausuró, el 27 de octubre, el Sínodo de la Amazonía que durante tres semanas mantuvo en diálogo constante a una representación numerosa de obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos comprometidos. Las reflexiones sinodales estuvieron dirigidas a los retos y oportunidades que la región de la Amazonía presenta, en nuestro tiempo, a nuestra Iglesia y la importancia que tiene en el futuro de la comunidad mundial.

Un documento preliminar del contenido de los diálogos y conclusiones del Sínodo, aprobado por los participantes, fue presentado al Santo Padre quien autorizó a la oficina de prensa del Vaticano su difusión a los medios de información. El citado documento habla de una Conversión entendida como una nueva forma de enfrentar los retos cotidianos con un mismo sentir y caminar. El cambio en la conversión del corazón de un creyente o de una institución como la Iglesia radica en la desinstalación de las formas tradicionales de la Evangelización, tratando de volver a las raíces de la fe de la Iglesia primitiva, escuchando la voz del Espíritu Santo y guiados por las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

Se habla de una conversión integral, pastoral, cultural ecológica y sinodal. Estos son los caminos de conversión que detallan lo que debemos cambiar, para poder responder a aquellos que necesitan el anuncio del Evangelio y la presencia de los agentes de evangelización en sus propias vidas. Son muchos y diversos los puntos que el documento trata, pero en resumen es importante resaltar tres puntos fundamentales. 

El primero es el respeto por el medio ambiente amazónico que indiscutiblemente es un pulmón de la humanidad que genera oxígeno, agua y alimentos, sin los cuales futuras generaciones no podrán subsistir. El segundo es el respeto por las comunidades indígenas y el respeto por su medio ambiente en donde estas desarrollan su existencia. Una clara exhortación a mejorar el desarrollo humano de estas comunidades indígenas y muy pobres, para que no tengan que emigrar en busca de una mejor calidad de vida. Se debe favorecer y apreciar la riqueza social y cultural que estos pueblos de la Amazonía pueden brindarnos. En tercer lugar exhorta a mirar las formas de evangelización que la Iglesia ofrece en estas tierras necesitadas de la Evangelización y de la vida sacramental de la Iglesia.

La incorporación de la Doctrina Social de la Iglesia es un requisito para poder entender el por qué la Iglesia debe participar y abogar por la conservación del planeta. La tierra es la obra de Dios que en responsabilidad se le ha dado al hombre para transformar, pero jamás para que la destruya. Oremos queridos hermanos y hermanas para que todos seamos conscientes de que la humanidad debe desarrollar su existencia en armonía con el medio ambiente. La paz es el fruto de la justicia entre los hombres. Conscientes de la responsabilidad que todos tenemos con las futuras generaciones, nunca vacilemos en dialogar y pensar en cómo y desde qué punto de vista seremos apreciados, en el futuro, si somos buenos administradores de lo que se nos fue confiado en calidad de préstamo: el planeta Tierra, donde desarrollamos nuestra corta o larga existencia para la gloria de Dios.