Para nosotros, los hispanos, el amor a María Santísima ha sido inculcado y transmitido por nuestros abuelos, padres y formadores. María en todas sus advocaciones representa el instrumento humano, dócil y generoso en las manos de Dios y de su Espíritu Santo que hace maravillas en la humanidad de María Santísima. Amar a la Virgen, es amar el fruto de su vientre que es Jesús. Una sana Mariología nos recuerda que por María intercesora de nuestras necesidades, encontramos el camino perfecto para llegar a Jesús, su misericordia y sus milagros. 

Es importante considerar que quienes han tenido la infinita alegría de las apariciones de la Virgen Santísima, en el transcurso de la historia y en diferentes partes del mundo, han sido almas puras, consagradas a una oración, muchos de ellos personas sin estudios, pero muy ricos en el conocimiento de Dios por su oración. 

Una de las formas más efectivas en la consecución de la intercesión de la Santa Madre de Dios es la recitación diaria del Santo Rosario. Por María a Jesús. En la contemplación de los veinte misterios del Santo Rosario contemplamos la vida, las obras y la salvación que Jesús trae a este mundo para la humanidad. En la recitación de los cincuenta ave marías encontramos un camino de meditación en los pasos más importantes de la redención del Señor Jesús. Evidentemente, los misterios gozosos, los luminosos, los dolorosos y gloriosos, son un canto de alabanza a Dios quien eligió a María para ser la madre de su Hijo Jesucristo, pero también contienen una profunda meditación en los momentos más importantes de la obra misma de la salvación. 

Orar el Santo Rosario en familia es una tradición que no se debe perder. En algún momento visité a una familia en donde encontré a cuatro adolescentes. Cuando les invité con sus padres a recitar el rosario conmigo, me encontré con la gran dificultad que no sabían cómo rezar el rosario, ni entendían cómo manejarlo en sus manos. 

Es importante que los padres primero aprendan para poder transmitir su devoción u oración a sus hijos, nadie puede dar lo que no tiene. La familia que ora unida, permanece unida. Aprendimos a orar en casa, con nuestros padres, no en las escuelas o la catequesis. La oración y su enseñanza diaria pertenece y es una responsabilidad de papá y mamá. Qué este mes del Santo Rosario no pase desapercibido en la familia cristiana. Qué el amor a María se dé en la oración y por ella misma a un acercamiento a su Hijo Jesús. 

Qué el Señor y María santísima les bendiga en sus hogares, hogares en donde la práctica de la oración se hace presente en el diario vivir de la familia.