Con gran sorpresa hemos visto que a nuestro mundo le ha tomado por sorpresa esta epidemia del ‘coronavirus’ y en un tiempo de grandes redes sociales y constantes comunicaciones e interacciones de la humanidad, estas no han servido más que para aumentar una crisis de pánico y miedo respecto a algo que no se conocía y por tanto no se puede por el momento controlar. 

Esto nos podría invitar a reflexionar cómo la Cuaresma es algo similar a una jornada de salud no corporal, sino espiritual en donde se busca robustecer y fortalecer el alma que en todo momento puede estar amenazada por el mal que como una infección o virus imperceptible puede proporcionar grandes males a la salud integral de un ser humano. 

Bien dice Jesús en el evangelio de Mateo (10,28): "No teman a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma". La Cuaresma nos prepara de una forma inmediata para que trabajando en nuestra conversión personal podamos impactar en una forma positiva la vida de los otros, gracias al encuentro del perdón de Dios en nuestras propias vidas, nos proponemos ser testigos misioneros del amor de Dios en nuestros círculos familiares y de amigos.  

Quien realmente toma en serio este camino cuaresmal, es como aquel que es declarado libre de cualquier síntoma de un virus que puede transmitir la muerte a todos aquellos que ya por su condición de edad o enfermedad se encuentran muy permeables a la presencia de un antígeno que generará la pérdida de la misma existencia. No olvidemos orar por todas estas personas que han sufrido y muchos han muerto víctimas de este coronavirus.