“El amor de Dios es irrestricto, no tiene límites ni comparación en nuestro mundo moderno. El amor de Jesús es el que motivó a los santos, es el prototipo de la caridad cristiana y es superior a las nobles motivaciones que inspiran a las personas a contribuir con las obras de caridad”, expresó el nuevo arzobispo de Washington, Wilton Gregory, en su primera misa parroquia en la arquidiócesis capitalina que ahora lidera.

Dice mucho que la primera misa haya sido en español y en una parroquia que casi enteramente sirve a inmigrantes hispanos.

La emoción, la preocupación de que todo salga bien y la expectativa se podían percibir en una visita que fue inesperada para la feligresía de la iglesia Nuestra Señora Reina de las Américas.

El padre Alejandro Díaz, párroco de la antes llamada Capilla Latina, le extendió unas palabras de bienvenida y dijo que era un honor recibir a quien guiará nuestra arquidiócesis. “Este es su hogar”, le dijo luego de mencionar la presencia de empleados y ministros parroquiales, representantes de la escuela de inglés y de la Hermandad del Señor de los Milagros, miembros de consulados y embajadas.

Monseñor Gregory respondió a los fuertes aplausos con sonrisas, una actitud humilde y una breve homilía en español en el quinto domingo de Pascua.

Recordó que Jesús nos dejó un mandamiento y lo hizo invitando a sus discípulos a que se amaran unos a otros, de la misma forma que él los ha amado. Un modelo -dijo- que sus discípulos debían imitar, ya que no los mandó a amar según la costumbre del mundo.

“Jesús nos manda a amarnos entre nosotros, según el ejemplo que él mismo nos da”, subrayó en una iglesia colmada de fieles hispanos. “Ninguno de nosotros alcanzará jamás la cumbre del mandamiento de Jesús”, dijo refiriéndose a que los seres humanos somos débiles, frágiles e inconstantes como para tener un criterio tan noble como ése. “Pero se nos pide trabajar para alcanzar la perfección y es en el intento, en el esfuerzo, que podemos llegar a la santidad”, agregó insistiendo en que ninguno de nosotros puede eximirse de tal mandamiento.

El arzobispo Gregory afirmó que es posible que no siempre amemos como ama Cristo, pero nadie queda fuera del amor de él. “Cristo nos ama a cada uno de nosotros sin excepciones”.

Fue notable su esfuerzo por expresarse en español, esfuerzo que indica su interés en llegar a la comunidad hispana y su tenacidad por avanzar en el aprendizaje de otra lengua -que por cierto es la segunda más hablada en Estados Unidos y en el mundo.

No le dio vergüenza cometer errores y repetía las palabras hasta que las pronunciaba bien, consciente de que con los tropiezos se aprende y que el objetivo bien vale la pena.

“Oramos para que la iglesia de Washington, engalanada como una novia, reciba a su nuevo obispo”, pidieron los fieles en las intenciones.

Al concluir el servicio religioso, el prelado elogió las voces angelicales de los jóvenes en el coro. Entonces, se le acercó un niño para entregarle -a nombre de la comunidad de fe-  una pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe la cual el celebrante besó y recibió con la misma gran alegría con que recibió las ofrendas. El padre Díaz dijo que la imagen es igual a la que tienen en la capilla desde hace medio siglo y la intención del obsequio es que la Guadalupana acompañe al arzobispo en su vida sacerdotal.

Qué se convierta en el primer arzobispo afroamericano es bien merecido -dijo Francisco Ríos, quien coopera como ujier en la parroquia. “Le damos la bienvenida. Su presencia en nuestra parroquia nos enorgullece y es un honor que la nuestra sea la primera parroquia donde celebró misa”, expresó el inmigrante hondureño.

Espero que venga con nuevas ideas y principalmente que haga las investigaciones de lo que ha venido ocurriendo en la arquidiócesis, para que podamos seguir creyendo en nuestra iglesia -dijo quien acudió a misa con toda su familia.

“Es una bendición especial que el nuevo arzobispo haya tomado esta iniciativa de dar su primera misa parroquial en Nuestra Señora Reina de las Américas”, dijo María Vargas, esposa del diácono Jorge Vargas. “Esperamos que traiga muchas bendiciones a nuestra comunidad hispana”.

Otros fieles comentaban que “se le ve buena gente”, una frase muy peculiar de Latinoamérica para expresar simpatía y una buena primera impresión.

“Estamos impresionados. Es un privilegio que haya decidido tener su primera misa en una parroquia con la comunidad hispana. A mí me dice mucho eso. Lo veo como una señal de que desea trabajar con diferentes comunidades”, dijo Lilian Cifuentes, directora de educación religiosa.

Notó en el arzobispo su entusiasmo por servir, admiró su humildad y se impresionó con lo bien que se desenvuelve en español. “Estamos aquí para apoyarlo y agradecemos que haya escogido nuestra parroquia para dar inicio a su ministerio”.