Antes de comenzar su ministerio público, Jesús pasó 40 días en el desierto donde los antiguos israelitas habían vagado durante 40 años hasta que estuvieron listos como pueblo para entrar en la Tierra Prometida. El tiempo de la Cuaresma es un período para que nosotros, hoy, de igual manera “salgamos al desierto” en preparación para los eventos de la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. Y al igual que a los israelitas a quienes se les preguntó repetidamente si querían seguir a Dios y mantener su estilo de vida o no (e.g. Josué 24,13-28), éste es un momento para que nosotros examinemos también nuestra propia fe.

¿De verdad crees en Dios? Si es así, ¿por qué? ¿Por qué eres cristiano? Específicamente, ¿por qué eres católico? Para muchos hoy, la pregunta es:

¿Por qué sigues siendo católico? No tienes que serlo, ya lo sabes. Podrías ser de otra religión o alguien que dice que es "espiritual pero no religioso", o incluso podrías ser ateo.

Después de todo, nadie te obliga a ser católico. No hay policías eclesiásticos que vayan a arrestarte y arrastrarte a misa. Las puertas no están cerradas desde adentro. Todo es voluntario, e incluso podrías ser más popular socialmente si rechazaras la Iglesia.

Entonces, ¿por qué te molestas en ir a misa y decirle a un sacerdote todo tipo de cosas vergonzosas sobre ti mismo en la Confesión? ¿Por qué tratas de vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia?

Algunas personas son católicas simplemente porque nacieron en una familia católica y así es como fueron criados. Otros son miembros de la Iglesia porque son parte de una comunidad parroquial. Entre la población inmigrante, muchos encuentran que la Iglesia es una especie de hogar donde pueden asociarse con amigos y otras personas que comparten la misma cultura. A algunas personas les gustan las prácticas devocionales católicas como el Rosario, o disfrutan del misterio de la liturgia, y es por eso que están en la Iglesia. A otros les gusta lo que la Iglesia tiene que decir sobre temas sociales, como la santidad de la vida humana o la justicia social.

Como muchos otros, mi respuesta personal es que soy católico y estoy en la Iglesia porque la fe católica es la verdad. Con respecto a la existencia de Dios en general, y específicamente de Jesucristo, sé que realmente son verdaderos no solo desde la razón, sino también desde la experiencia personal. La vida no siempre es fácil. Hay momentos en que es realmente difícil. Y en mi propia lucha personal, sé que su gracia es real. Jesús, la Iglesia y nuestra preciosa Madre María son y han sido mi salvación, manteniendo mi cabeza a flote en el mar tempestuoso.

Ahora, dado lo que sucedió el año pasado, una verdad de la fe católica es darse cuenta de que “la Iglesia” es más que las personas imperfectas y pecaminosas que pueden habitarla aquí en la tierra. Si tienes una visión mundana de la Iglesia, entonces tienes una visión incompleta que solo te causará dolor y angustia. Y si eso fuera todo lo que es la Iglesia, me alejaría de ella. Pero la Iglesia es más que eso. La Iglesia es más que eso porque Jesucristo, quien estableció la Iglesia y el Espíritu Santo que da vida a la Iglesia, son más que eso.

La Iglesia es el Cuerpo místico trascendente de Cristo, que incluye a los santos fieles en el cielo y aquellos que ahora están siendo purificados para entrar al cielo. Bien entendida, la Iglesia es la Santa Novia de Cristo, incluso si algunos líderes mundanos de hoy le han fallado a ella y al Señor. Además, lo que algunos miembros de la Iglesia puedan hacer o no hacer es irrelevante para la verdad de la fe.

Si tuviera que soportar malas homilías, malas catequesis, mala música y una comunidad parroquial insatisfactoria más de las decepciones en el liderazgo de la Iglesia, sería muy incómodo. Pero todavía sería católico. De hecho, es precisamente porque yo mismo soy una obra en progreso es que soy –y debo ser– católico. Sin el Señor y sus gracias, si me excluyo de la Verdad y el Amor que son Cristo y el Espíritu Santo, entonces la vida sería mucho más difícil e insatisfactoria.

Sin mi fe católica, si la Iglesia no existiera, no tendría nada. Al menos nada que valga realmente la pena. De hecho, si alguno de nosotros se aleja de la Luz de la Verdad en la Iglesia, es mucho más difícil encontrar nuestro camino a través de la vida en la oscuridad.

A los israelitas en el desierto se les preguntó muchas veces qué creían y cómo querían vivir, con Dios o a su propia manera. A nosotros también nos hacen esta pregunta. ¿Cuál es tu historia? ¿Por qué sigues al Señor? ¿Por qué eres católico?