Muy elegante se presentó Perfecto Antonio Flores Castillo (80), el 7 de diciembre, a la importante cita ante el altar de la iglesia San Bernardo, en Riverdale Park, Maryland. Su compañera de toda la vida, Antonia Urbina (76) llegó vestida de novia para juntos dar el sí. 

"Qué el Señor confirme con su bondad este consentimiento que han manifestado ante la Iglesia y Cristo les otorgue su bendición", le dijo el padre Lino García el 7 de diciembre a esta pareja tan especial durante una boda comunitaria en la que convalidaron su unión un total de 12 parejas.

Antonio y Antonia llevaban 55 años conviviendo y sentían que algo le faltaba a esa unión.

"Oh, sí. Yo siempre deseé casarme. Pero él no quería, hasta que ahora él se decidió", dijo ella en un derroche de sonrisas. "Ahora estamos en la gracia de Dios", dijo él contento.

Ellos dicen que 'los casaron' porque sus hijos, sus sobrinos y su nieta Gabriela especialmente se movilizaron para que todo saliera estupendo en la ceremonia eclesiástica y en la fiesta posterior que se prolongó por varias horas.

Ambos son del municipio de San Vicente, El Salvador, y llevan apenas dos años viviendo con una hija en Estados Unidos, en el populoso barrio de inmigrantes de Riverdale. 

Antonio dedicó su vida a trabajar la tierra. Juntos tuvieron ocho hijos, pero perdieron al mayor por culpa de la violencia en Centroamérica. A sus 52 años, fue baleado por la espalda en el 2016 por las pandillas. 

Esa violencia es la que los impulsó a abandonar su patria incluso a edad avanzada. "Allá teníamos mucho miedo, amenazaban a mi familia", dijo ella recordando que otro hijo recibió seis balazos en 2015 y está vivo de milagro.

En medio de tantos peligros, esta pareja muy humilde se ha aferrado a su fe. Reconocen que Dios y la Virgen María los han cuidado bastante para poder vivir ahora la dicha de tener 30 nietos y 12 bisnietos.

Al preguntársele sobre el secreto para estar más de medio siglo juntos, Antonio confesó que ellos son pacientes y nada celosos. "Cuando ella comete un error, yo no le digo nada. Ella ha seguido conmigo a pesar de que a veces no he sido muy bueno. La verdad, los dos nos hemos aguantado mucho", dijo quien cree que en la vida 'hay que hacerse de la vista gorda' y pasar por alto las discusiones sin importancia. 

Durante la homilía, el padre Lino les recordó a las 12 parejas que de ahora en adelante la alianza que los une es santa porque expresaron su consentimiento ante Dios y ante la Iglesia.

"Es de profunda alegría que después de varios años, décadas, hoy dan su paso para el sí definitivo. Después de pensarlo tanto, estas parejas vienen a dar su sí maduro y seguro, conscientes de que el amor no es solo un sentimiento sino un compromiso", dijo el vicario parroquial de San Bernardo.

Considera que se ha ido perdiendo el sentido del matrimonio. Afirmó que en la TV se presentan casos escandalosos de engaños, infidelidades, rupturas, en vez de mostrar lo que pasa todos los días y en todo el mundo: cientos de miles de matrimonios luchan contra las adversidades para mantenerse fieles al amor que un día se prometieron.

"Decir te acepto, es decir, te conozco, sé quién eres, conozco tus cualidades y defectos. Llevo un tiempo contigo y después de aquilatar todo en la balanza, he decidido que te elijo entre otras posibilidades", les aclaró a los contrayentes que llegaron ante el altar teniendo vida marital e incluso hijos y nietos.

"Aceptar al otro es aceptar su historia personal -tu pasado, presente y futuro-. Es remar en el mismo barco, naufragar juntos si es el caso y no escapar en un salvavidas a la primera". 

El padre insistió que debe haber en la pareja intereses comunes, la meta de hacer feliz al otro e incluso las preocupaciones deben ser de los dos. 

Aceptar al otro implica la promesa de "llevar bien puesta la camiseta del equipo, tirar en la misma dirección y defender la portería. Hay parejas que parece que juegan en equipos contrarios -uno parece ser delantero de un equipo y el otro defensa del contrario-, se estorban en las jugadas, cometen faltas fuertes e incluso algunos parece que están buscando la tarjeta roja", expresó el sacerdote usando términos futbolísticos.

En el matrimonio, amarse quiere decir mirar en la misma dirección, tener metas en común, ver al otro con comprensión y respeto, cuidar el corazón de la pareja, no permitir que nada ni nadie les robe la paz, dijo a los recién casados. 

Implica la promesa de ser fiel, hablar bien del otro y ayudarle con amor y por amor, agregó.

Al Dios unirlos en matrimonio, lo importante es el sacramento, la bendición recibida del Señor y el anillo que han de usar de este momento en adelante, según el padre Lino. "Las aras son un símbolo de fidelidad que les recuerda el cariño que se tienen".

Les aconsejó a las parejas que no se vayan a dormir enojados, no caigan en la rutina, mantengan a Cristo como centro del hogar, oren juntos y se mantengan siempre cerca de la iglesia. "Ella es madre y los recibirá siempre con los brazos abiertos".

Les confirmó que Cristo bendice el amor conyugal que se tienen y les da fuerza con un sacramento.





Las otras parejas que se casaron ante Dios son las siguientes: Rolando Sánchez y Graciela Rosas, José Silvestre Rubio y María Cecilia Andrade, Elmer Navarro y Carmen Valladares, José Vigil y Sandra Arana, Amir Pérez y María Graciela Jiménez, Douglas Palada y Rocío Turcios, Carlos Orellana y Yessica Martínez, Rubén Bustillo y María Lucía Paz, Daniel Martínez y Ericela Aguirre, José Óscar Ramos y María Rubia Gómez, Pedro Flores y Viviana García. 

En la ceremonia religiosa, ellos se aceptaron como esposos, prometieron ser fieles en las alegrías y penas, en la salud y la enfermedad, amarse y respetarse todos los días de su vida.

"Lo que Dios acaba de unir, que nunca lo separe el hombre. Los declaro marido y mujer", dijeron los padres Lino García, Víctor Córdova y Jefferson Bariviera a cada una de las parejas, instándolas a sellar la unión con un beso.