El grupo de seminaristas de este año posó en las gradas del Seminario San Juan Pablo II, como lo ha hecho desde la inauguración de éste en el 2011, para una foto de grupo en la que estuvieron presentes el arzobispo de Washington, Wilton Gregory, y los sacerdotes residentes que forman el cuerpo docente del seminario. Pero la foto del año lectivo 2020-2021 del Seminario tuvo un aspecto muy diferente este año, ya que tanto los seminaristas como los sacerdotes y el arzobispo llevaban cobertura facial, como muestra de las precauciones de seguridad que se toman contra la propagación del coronavirus.

Antes del día de la foto, monseñor Gregory había celebrado una misa el 26 de agosto en la capilla Santa María Madre de la Iglesia del seminario para marcar el inicio del año académico.

Al comienzo de la misa, el padre Carter Griffin, rector del Seminario San Juan Pablo II, dio la bienvenida al arzobispo Gregory, saludándolo como “padre espiritual” del seminario, y diciendo que todos estaban especialmente agradecidos de reunirse y comenzar un nuevo año lectivo durante la pandemia de COVID-19.

“Se puede ver la alegría en el rostro de todos nosotros”, bromeó el padre Griffin, porque tanto los seminaristas como los sacerdotes llevaban mascarillas mientras el arzobispo celebraba la misa.

Luego, al comenzar su homilía, monseñor Gregory felicitó a los seminaristas por pasar la primera prueba del nuevo año, que no fue un examen académico, sino el test de COVID-19. La misa, originalmente programada para la semana anterior, hubo de retrasarse mientras el seminario esperaba los resultados de las pruebas, y ninguno de los 45 seminaristas residentes ni de los cuatro sacerdotes residentes dio positivo por el virus.

En su homilía, el arzobispo señaló que Jesús, en el Evangelio del día, desafió a las autoridades religiosas de su época, los escribas y fariseos, a llevar una vida auténtica. Estos ejemplos de Jesús, en los que él hablaba en tono severo pero diciendo la verdad a quienes ostentaban la autoridad, son pertinentes hoy en día, señaló Gregory.

“El Señor nos habla a todos ahora mismo en esta capilla, al propio arzobispo y hasta al seminarista más nuevo y también a nuestro cuerpo docente”, manifestó, señalando luego que “Jesús tenía poca paciencia con aquellos que demostraban una piadosa hipocresía, tanto en su mundo como en el nuestro, y no le impresionaba el engreimiento externo de una persona que desmentía su propia realidad interior.”

Y agregó: “Todos estamos llamados a ser hombres que transparenten santidad de vida, y la piedad pública desprovista de una auténtica sinceridad simplemente no es aceptable.”

Monseñor Gregory señaló que con frecuencia se descubre que hay personas en la esfera pública que viven una falsedad. “Nuestra propia Iglesia, que tanto amamos, ha sufrido de esta indignidad, para vergüenza y la de quienes ejercen el liderazgo en la Iglesia”, remarcó.

Luego, elogió al papa Francisco, como persona cuyas acciones concuerdan con sus palabras, como se aprecia en los encuentros del Papa con los pobres y los inmigrantes.

“Es un hombre de una sinceridad transparente, e invita a los obispos, los sacerdotes y los seminaristas a seguir ese mismo modelo de honestidad de vida y espera que lo hagan”, observó el arzobispo, que luego animó a los seminaristas a llevar una vida auténtica como lo hizo Jesús.

En la misa se ofrecieron oraciones por las personas que sufren por la pandemia, para que experimenten el poder sanador de Cristo. El arzobispo también animó a los seminaristas a orar por todos aquellos que viven en los estados de la costa del Golfo, donde el huracán Laura estaba a punto de tocar tierra.

Entre los concelebrantes de la misa, además del padre Griffin, estuvieron al padre Kevin Regan, vicerrector del seminario; el padre Chris Seith, director de formación espiritual en el seminario, y el padre Mark Ivany, director de vocaciones sacerdotales de la arquidiócesis, que también se desempeña como director de formación pastoral, consejero adjunto de formación y director espiritual en el seminario.

En una entrevista realizada el día siguiente, el padre Griffin señaló que la vida en el seminario para este año académico es “más parecida que diferente” a lo acostumbrado.

“El trabajo de formación continúa. La motivación de los seminaristas es formarse como hombres cristianos, como discípulos cristianos y estar en un ambiente donde puedan discernir el sacerdocio, y nada de eso cambia”, señaló.

Entre los 45 aspirantes que se forman en el Seminario San Juan Pablo II este año figuran 17 de los 67 seminaristas que tiene la Arquidiócesis de Washington. Los otros 28 provienen de la Arquidiócesis de Baltimore y de las diócesis de Arlington y Richmond en Virginia; de Wheeling-Charleston en West Virginia y de Bismarck en Dakota del Norte.

Habida cuenta de que las pruebas de COVID-19 fueron todas negativas, los seminaristas viven en comunidad como una familia en su hogar, por lo que dentro del edificio no usan mascarillas, explicó el rector, agregando que sí las usan cuando salen del edificio o cuando otra persona entra al edificio. Ante la pregunta de si eso era similar a la “burbuja” en la que viven los jugadores, entrenadores y funcionarios de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA) en Orlando, Florida mientras completan su temporada, el padre Griffin dijo: “Sí, así es en realidad.”

Las principales diferencias para este año académico son menos interacciones con otros estudiantes y miembros del cuerpo docente de la cercana Universidad Católica de América, donde los seminaristas toman clases ya sea presenciales o en línea. El padre Griffin añadió: “Tenemos que tener más cuidado al visitar a familiares y amigos donde ellos viven.” Expresó, asimismo, que al comenzar el nuevo año lectivo, “el espíritu de la casa es realmente bueno.”

La vida en el seminario comienza cada día tal como lo ha hecho en el pasado, con la oración matutina, seguida de la santa misa y el desayuno. Los seminaristas se reúnen en el refectorio para las comidas.

Después de dos semanas de cuarentena en las que todas las clases de la Universidad Católica se imparten en línea, los seminaristas de primer año caminarán a clases en los campus, mientras los otros se reúnirán en grupos en áreas comunes, ya que sus clases se proyectan en las paredes o las siguen en sus computadoras.

Entre las clases y los estudios, los seminaristas tienen libertad para practicar deportes, como fútbol, pelota Wiffle y Frisbee. Al atardecer se reúnen para adoración eucarística en la capilla durante una hora, oración vespertina y luego la cena. Por la noche suele haber alguna charla, práctica de coro o una reunión general en casa.

El padre Griffin señaló: “Lo principal que estoy tratando de inculcar en el corazón de estos jóvenes es que, en estos tiempos difíciles, lo que el mundo necesita más que cualquier otra cosa es un encuentro con el amor de Dios, lo cual significa que su formación y su vocación son más importantes y más necesarias que nunca.”

El rector del seminario añadió que el testimonio de fe de los seminaristas “es una poderosa señal de esperanza, de que tenemos jóvenes valientes que están dispuestos a dar un paso adelante y discernir esta hermosa vocación. Es un honor para mí ser parte de su recorrido de fe.”