Durante las próximas semanas comenzaremos a celebrar El Mes de la Herencia Hispana que alude a nuestra presencia en esta nación. Es necesario reflexionar un poco acerca de lo que se celebra para no caer en un sinsentido en la celebración. Celebrar la presencia de una cultura, dentro de otra cultura, es reconocer el encuentro humano que nos integra como miembros de una misma sociedad, en donde la diversidad de culturas es la muestra de una riqueza, puesto que al compartir este encuentro humano de relaciones particulares y de una forma específica de ser, todos debemos salir altamente enriquecidos. En otras palabras, el encuentro de diferentes culturas debe ser un principio de integración y complementación, más que de asimilación.

Entonces debemos preguntarnos qué compartimos de nuestra cultura en este encuentro humano. Para un diálogo se necesita un rostro que identifica a una persona que ha recibido una educación y una manera específica de relacionarse con Dios, los hombres y el mundo que le rodea. Así las culturas edifican a los seres humanos y los preparan para un sano intercambio y encuentro interpersonal en una particular región o país. Sin culturas estaríamos en un caos de confusión y de anonimato porque nadie si identificaría con alguien o con una particular forma de relacionarse. 

Cuando hablamos de la cultura hispana hay una clara percepción de una riqueza infinita que es la presencia de Dios y de la forma que la fe se ha transmitido en nuestras familias, sociedades y naciones. 

El hemisferio americano es cristiano y, por tanto, en la cultura se reflejan los valores evangélicos que Jesús mismo nos enseñó hace más de dos mil años. Esta Fe que nos invita a ser portadores del amor a Dios y de su misericordia, nos hace una cultura que tiene las puertas abiertas al necesitado y es una cultura que siempre celebra el encuentro con Dios y los hombres en una forma particular de fiesta, por eso las procesiones de Nuestro Señor y La Virgen son tan respetadas y queridas en nuestras culturas. Esta fe y la vida son celebradas en el contexto de Dios Padre creador y de su Hijo Jesucristo Redentor, en donde María Santísima se hace el instrumento fiel y solícito de la voluntad de Dios Padre salvador. Celebrar la cultura Hispana de muchas maneras es celebrar al Dios con nosotros y el regalo perfecto que recibimos de él que es la familia.

Por esas razones, debemos tener siempre presente que celebrar la herencia Hispana, es celebrar la vida de nuestros antepasados quienes nos dieron lecciones de fe con su testimonio de vida. Es celebrar el don de la vida en abundancia en la familia patriarcal que reconoce a miembros lejanos de los mismos círculos lejanos de parentescos, es precisamente el sentimiento de acogida y buenas costumbres de la gente de nuestros países que tratan de acoger y brindar lo mejor al amigo que llega a casa. En una forma clara es celebrar el gozo de la familia de los hijos e hijas de Dios. Tal vez, somos una cultura que esta entre fiesta y fiesta expresión de la alegría que no brota por lo que poseemos o podemos adquirir con recursos económicos, sino que por el contrario, es la alegría que brota del encuentro humano, del hermano, del amigo, del vecino. Así esa alegría se convierte en el don espiritual del encuentro con Dios. Somos una cultura que se relaciona con el amor de Dios y el sacrificio de Cristo en la Cruz que logró el perdón de los pecados y la salvación no tan solo de unos pocos, sino del género humano. 

Queridos amigos, celebremos el mes de la Herencia Hispana, pero no olvidemos que en ella hay un gran mensaje del respeto a la persona humana, del amor a Dios y del cuidado que debemos tener con todo lo que hemos recibido de su infinita generosidad que es el medio ambiente. Conservar lo que nunca podremos remplazar es un principio de responsabilidad con las nuevas generaciones que nos precederán en los años venideros en este mundo.