Una multitud de feligreses asistió a la misa anual en honor a Nuestro Señor de Esquipulas de Guatemala celebrada, el 12 de enero, en la parroquia San Miguel Arcángel en Silver Spring.

El obispo Mario Dorsonville inició la homilía dando la bienvenida a los presentes a la celebración del bautismo del Señor e hizo referencia al Evangelio, que revela lo que Dios dijo de su hijo: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”. Porque Dios centra su voluntad en la persona de Jesucristo. Y la devoción se centra en la persona de Jesucristo y en su sacrificio, expresado en la crucifixión, agregó. 

Refiriéndose al Señor de Esquipulas, el obispo señaló: “Este Cristo Negro de Esquipulas ha sido venerado durante tantos años por el pueblo guatemalteco precisamente por esta devoción proveniente de Centroamérica y que se centra en la redención de nuestros pecados por la muerte y resurrección. El Señor de Esquipulas nos recuerda que la misión de Jesucristo fue la de venir a servirnos, que murió en una cruz para darnos la vida eterna.”

Monseñor Dorsonville aludió al tema de la inmigración e insistió en que para ser más solidarios y misericordiosamente buenos con todos aquellos que llegan a nuestras ciudades o diócesis, no podemos obviar que todos somos inmigrantes. Y recordando las palabras del papa Francisco: “Acojamos al que no tiene casa, al que no tiene futuro y al que no tiene esperanza”. Dijo que debemos pensar que el rostro de Jesucristo también está en el rostro del indigente, del pobre, del anciano y del refugiado. 

En medio de esta compleja coyuntura política migratoria estadounidense, el obispo invitó a los feligreses a orar por los que están detenidos, o lejos de sus familias, o por todos los niños que han sido arrancados de forma despiadada de los brazos de sus padres.

 “La iglesia estadounidense -indicó- tiene que ser un ejemplo para toda la comunidad mundial. Le pedimos al Señor que nos proteja, nos acompañe y que nos dé la alegría, la fuerza y la generosidad para decirles a todos estos inmigrantes que no están solos, sino que tienen una comunidad y una iglesia que puede abrirles los brazos”. 

Amanda, de origen guatemalteco, junto con su hijo, su nuera y sus nietos, son organizadores de la misa que se celebra cada año para honrar al Cristo de Esquipulas en la parroquia de San Miguel Arcángel. Amanda lleva 10 años como voluntaria encargada de la organización de la misa y asegura que seguirá formando parte de dicha organización hasta que la salud se lo permita.

 “La historia dice que Jesucristo se volvió de color negro para remediar los daños que los pecadores causaban a Dios con sus ofensas”, aclaró Amanda. 

En este mundo tan globalizado en el cual —paradójicamente— crece el individualismo y la sensación de soledad, es necesario que nos impregnemos todos de esta capacidad de amor cristiano que nos transmite el Cristo de Esquipulas. Con el fin de transformar la nuestra en una sociedad más humana y abierta al dolor.