"No perdemos nada cuando decidimos ser sembradores de paz", les dijo el nuevo arzobispo de Washington, monseñor Wilton Gregory, a los fieles que acudieron a una misa multicultural el pasado sábado 6 de julio en el Santuario del Sagrado Corazón de Washington. 

"En esta primera visita vengo a desearle paz a esta parroquia. Rezaré por la paz para todos ustedes", dijo monseñor instándolos a ser pacificadores, conciliadores y sembrar la paz en sus hogares y vecindarios.

El primer arzobispo afroamericano de Washington llegando a una icónica parroquia establecida en 1899, en pleno corazón del barrio latino de la capital, fue sin duda un momento histórico para la iglesia local.


El arzobispo Wilton Gregory ingresa a la parroquia Sagrado Corazón de Washington. Foto/Mihoko Owada


Le dio la oportunidad de encarar el mosaico de fe de la arquidiócesis que ahora pastorea, compartir con la comunidad inmigrante y experimentar el multiculturalismo que enriquece a la Iglesia Católica.

Monseñor ingresó al santuario con una sonrisa y un claro mensaje promoviendo la aceptación entre hermanos y la unidad en medio de la diversidad. Encontró una cálida acogida, música alegre en varias lenguas, gente amigable que no esconde su fe. Encontró una comunidad humilde y hermanada que vive su amor a Cristo con devoción. 

El padre Emilio Biosca Agüero, párroco del Sagrado Corazón, le dio la bienvenida en nombre de la comunidad parroquial. Hizo un breve recuento histórico de la parroquia y subrayó la diversidad de un templo que acoge principalmente a inmigrantes de Centroamérica, África y de otras partes del mundo. De hecho, ofrece tres misas diarias de lunes a viernes, tres cada sábado y siete cada domingo; en inglés, español, haitiano y vietnamita.

La presencia de fieles hispanos fue mayoritaria en la misa celebrada por monseñor Wilton Gregory, arzobispo de Washington. Foto/Mihoko Owada

El programa del servicio litúrgico multilingüe se desarrolló principalmente en inglés y español e incluyó música haitiana. En algunos momentos la sensación de gozo en la feligresía fue notaria, al son de los tambores. No podía faltar una procesión con coloridas banderas y trajes típicos, en medio de una combinación de etnicidad, lenguas, costumbres de vida y forma de vivir la fe. 

El arzobispo Gregory dio una breve homilía, conectando su mensaje con el evangelio dominical y la primera lectura, la profecía de Isaías que empieza instando a festejar a Jerusalén. Entonces, monseñor se refirió a Jerusalén como un lugar santo, un lugar donde las hostilidades continúan, pero un lugar que merece la paz. En ese contexto destacó la importancia de respetar al otro, indistintamente de la raza o el idioma.

Los fieles oraron por los países en dificultades como Venezuela y Camerún, también por su comunidad parroquial "para que podamos seguir creciendo como discípulos misioneros unidos en el amor de Cristo".

El Sagrado Corazón es una prueba más de cómo la administración arquidiocesana y parroquial se funden en un auténtico esfuerzo para que los inmigrantes mantengan la cultura religiosa de sus países de origen. 

Mucho se esfuerzan también los feligreses hispanos para conservar sus tradiciones. Tal es el caso de los miembros de la Hermandad del Señor de Esquipulas, quienes se hicieron presentes para exhibir su bandera, sus coloridos trajes típicos y sus tradiciones. 

"Venimos a darle la bienvenida al nuevo arzobispo al Sagrado Corazón, queremos que conozca un poco de nuestra cultura", expresó Celeste García. "Me gustaría que visite nuestras parroquias, que se comunique con nosotros, que sepa de nuestras necesidades -principalmente espirituales-, que se haga presente, que conozca al pueblo de Dios y nos apoye en especial en este momento difícil que está pasando nuestra comunidad", dijo refiriéndose a la actitud antiinmigrante que ha ido aumentando a nivel nacional.

"Quisiera que el arzobispo conozca más de los problemas que está pasando la comunidad hispana", dijo el guatemalteco Julio López. 

Los inmigrantes se sienten bienvenidos en este santuario, encuentran apoyo en sus necesidades individuales y familiares, también espacios para desarrollar su liderazgo como laicos. 

Por ejemplo, en la Academia del Sagrado Corazón (1621 Park Rd., NW), cerca de la parroquia, les ofrecen clases de inglés gratis los martes y jueves de 7 a 9PM.

"Nos solidarizamos con los migrantes, con o sin documentos, y le mostramos apoyo al que lo necesite", dijo Roxana Cruz (30). "Les orientamos y referimos para que consigan vivienda, beneficios de la comunidad o del gobierno (si califican), trabajo, seguro médico y más".

Ella es directora del programa "La Cena", una iniciativa parroquial apoyada por subsidios y donaciones de la comunidad, a través de la cual se le sirve comida a los desamparados cada día de 4 a 6PM.   

Esta profesional universitaria, demuestra que su pasión es servir al prójimo. Ella es un claro ejemplo de cómo la fe sembrada y fortalecida en el hogar y en la parroquia le marcan el buen rumbo a la juventud. "Fui parte del grupo juvenil Cristo Joven del Sagrado Corazón, me ha ayudado a conocer valores claves, me ha motivado a contagiar a otros jóvenes y transmitirles el mensaje de que Jesús está vivo en nuestra vida".

Confesó estar muy contenta de ver al nuevo pastor de Washington en su iglesia. "Es importante que la comunidad lo conozca, saber que está pendiente de nosotros y que tenemos su apoyo". Le gustaría que él sepa que los católicos hispanos representan un alto porcentaje de la Iglesia Católica en Washington (casi la mitad), son muy activos en la fe y se unen en momentos difíciles.

Ahora, cuando la comunidad hispana encara deportaciones, separaciones familiares, prejuicios y ataques, Roxana se siente preocupada. "Tengo amigos sin documentos, sé que tienen miedo de ir al trabajo, a la tienda o a la escuela a llevar a sus niños", dijo quien se siente motivada a ayudar al prójimo teniendo presente la historia de sus padres.

Ellos cruzaron el Río Grande en los años '80, huyendo de la guerra civil en El Salvador, buscando seguridad para ellos y bienestar para los familiares que dejaron en su tierra.

"Sí valió la pena el esfuerzo de mis padres. Gracias a ello, toda la familia pudo tener un mejor futuro lleno de oportunidades en Estados Unidos", según Roxana, graduada de criminología en la Universidad de Maryland y de psicología en la Universidad Trinity.

"Estoy muy emocionada de poder conocer al nuevo arzobispo y darle la bienvenida", dijo Laura Cruz (23), actual integrante del grupo juvenil. "Quiero que vea la diversidad en la parroquia y cómo trabajamos todos juntos", agregó esta salvadoreña que participa cada sábado a las 6PM en la reunión parroquial de casi treinta jóvenes para compartir y fortalecer su fe. 

En las redes sociales, Alexander Díaz compartió una foto muy elocuente (anexa) del arzobispo con fieles hispanos y dijo que fue muy importante el mensaje que él dio, instando a los fieles a ser portadores de paz.

El arzobispo Gregory sintió la alegría de la fe y la sincera acogida en el Sagrado Corazón, al igual que lo ha venido experimentado un inmigrante tras otro en el santuario desde hace más de cien años.