Los festejos en la escuela católica St. Rafael de Rockville continúan: el jueves 26 se anunció que habían sido premiados con el “National Blue Ribbon 2019” por haber alcanzado altos estándares y el viernes 27 los estudiantes sorprendieron a sus abuelos con sus interpretaciones vocales durante la misa celebrada en su honor, que tuvo como celebrante principal al arzobispo de Washington, Wilton Gregory.

En la misa, que tuvo como tema “los abuelos en la familia, unidad inspirada en el amor de Dios”, monseñor Gregory se preocupó que tanto niños como adultos comprendieran que la experiencia de vida de los abuelos es fundamental en la formación de los pequeños, así como en el fortalecimiento de la familia gracias a las muestras de respeto y cariño mutuo. 

El arzobispo recordó a los presentes que los diálogos entre nietos y abuelos suelen ser variados, amenos, formativos, intensos que terminan creado fuertes lazos de amor. “Los abuelos siempre hablan de Dios y son testimonios de vida. Esa es una de las razones por la cual son únicos y especiales. Que vivan los abuelos”.

Monseñor Gregory dijo que sus abuelos también fueron maravillosos, que gracias a sus consejos y relatos de historias hermosas -desde muy pequeño- aprendió de Dios, de su amor y a soñar con un mundo nuevo.

“Los niños y sus abuelos siempre deben permanecer unidos en el amor de Dios. Juntos pueden darse seguridad e inspiración, pero, sobre todo soñar. Juntos pueden ver la vida de colores diferentes y con mucha esperanza”, aseguró el arzobispo de Washington.

Concluyó su mensaje recordando frases que los niños suelen repetir de manera común cuando están en sus casas: “mamá… voy a llamar a mis abuelos” y “no te preocupes, mis abuelos arreglan cualquier cosa”. Las sonrisas y los aplausos fueron la respuesta de los presentes.

Los abuelos Myriam y Reynaldo Estenos abrazan a su pequeño nieto Jacob al término de la misa en la escuela católica St. Rafael. Foto/MV

Teri Dwyer, directora de la escuela San Rafael, agradeció la presencia de monseñor Wilton Gregory, y William Ryan, superintendente de las escuelas católicas de la arquidiócesis de Washington. 

Al término de la misa, los esposos Myriam y Reynaldo Estenós, abuelos de Jacob Hernandez, no pudieron ocultar la alegría de poder compartir la misa con el último de sus nietos. 

“La misa en honor a los abuelos –agregaron- nos parece una magnífica idea. El simple hecho de tener un día especial para compartir un momento espiritual con nietos en su propia escuela es muy bonito”.

El papa Francisco y las ocho enseñanzas sobre los abuelos: 

1.- Una de las cosas más bonitas de la vida de la familia, de nuestra vida, es acariciar a un niño y dejarse acariciar por un abuelo o una abuela.

2.- El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente, aunque no pensemos en ello. Y si no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros.

3.- Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo. Y un pueblo que no escucha a los abuelos es un pueblo que muere.

4.- La oración de los ancianos es un don para la iglesia. ¡Es una riqueza! Una gran inyección de sabiduría también para la entera sociedad humana: sobre todo para aquella que está demasiado ocupada, demasiado absorbida, demasiado distraída.

5.- Los abuelos tienen una capacidad para comprender las situaciones más difíciles. ¡Una gran capacidad! Y cuando rezan por estas situaciones, su oración es más fuerte, ¡es poderosa!

6.- Qué bello es el aliento que el anciano logra transmitir al joven en busca del sentido de la fe y de la vida. Es verdaderamente la misión de los abuelos, la vocación de los ancianos. Las palabras de los abuelos tienen algo especial para los jóvenes. Y ellos lo saben.

7.- Los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar, porque esta civilización seguirá adelante sólo si sabe respetar su sensatez y su sabiduría.

8.- ¡Es feo ver a los ancianos descartados, es una cosa fea, es pecado!¡No nos atrevemos a decirlo abiertamente, pero se hace! Hay algo vil en este acostumbrarse a la cultura del descarte. Pero nosotros estamos acostumbrados a descartar a la gente.