Para Noemi García (21), Néstor Carrillo (24) y Eylin Villa (20), tres inmigrantes indocumentados que por diversas razones nunca pudieron acogerse al programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), la posibilidad de seguir estudios superiores ahora es viable gracia a la entrada en vigencia del “Virginia Dream Act”. Desde el primero de julio los estudiantes egresados de escuelas secundarias de Virginia pueden matricularse pagando la misma cuota que los residentes legales. 

La ley beneficia tanto a los estudiantes indocumentados graduados desde el primeo de julio de 2008, como a quienes asistieron a una escuela secundaria en Virginia durante al menos dos años. También, deben vivir en el estado y haber presentado (ellos o sus padres) su declaración de impuestos.

El “Virginia Dream Act”, propuesto por el delegado estatal Alfonso López, tuvo que superar una serie de obstáculos políticos y procesales antes de convertirse en ley. Ahora los jóvenes indocumentados pueden matricularse sin ningún tipo de restricción en la universidad. 

“Siempre soñé con estudiar psicología en la Universidad George Mason, pero por ser indocumentada nunca pude matricularme. Hoy estoy lista para retomar los libros y convertirme en la primera profesional de mi familia. Quiero ser un buen ejemplo para mis hermanas menores”, dijo la ecuatoriana Noemi García.

Para el salvadoreño Néstor Carrillo la entrada en vigencia del “Virginia Dream Act” es una oportunidad educativa que ningún estudiante indocumentado del estado debería desperdiciar, pues el acceder a la universidad equivale a romper el círculo de pobreza y marginación. 

“Durante mucho tiempo espere una oportunidad para ir a la universidad. Siempre apoye la lucha de las organizaciones pro inmigrantes de Virginia y ahora que se aprobó esta ley, voy a sacarle el máximo provecho hasta graduarme como enfermero”, manifestó Carrillo.

La hondureña Eylin Villa nunca ocultó su frustración por no poder seguir estudios universitarios y, aunque hace dos años aceptó trabajar como cajera en un conocido supermercado, siempre tuvo la esperanza de llegar a convertirse en contadora pública. 

“Ser inmigrante indocumentada y no poder ir a la universidad es algo que te lástima, frustra y duele. Muchas veces como cajera escuchaba a los jóvenes universitarios hablar de los cursos que llevaban, de las actividades en el campus, de los trabajos pendientes y hasta de lo difícil que era entender a un profesor, pero no podía decir nada. Hoy me preparo para decir con orgullo que este otoño seré una estudiante de la Universidad George Mason”, sentenció Villa. 

Lenka Mendoza, representante de Dreamer Mothers's in Action, explicó que ahora los jóvenes indocumentados residente en el estado de Virginia cuentan con una doble protección educativa, pues pase lo que pase con el programa federal DACA, el “Virginia Dream Act” le asegura no solo el acceso a la universidad, sino también el pago de una mensualidad igual a la que tienen las personas con residencia migratoria permanente. 

“Desde este mes miles de estudiantes indocumentados de Virginia podrán cumplir su sueño de seguir una carrera universitaria pagando una cuota similar a los residentes legales. No cabe duda que el trabajo coordinado entre las organizaciones pro-inmigrantes y las autoridades estatales ya empieza a dar sus frutos”, dijo Mendoza.