El inicio del año escolar, y la espontánea alegría de los chicos por el retorno a las aulas, es un momento ideal para que los padres establezcan un plan de trabajo conjunto con sus hijos que les permita hacer un seguimiento ordenado y disciplinado de los avances o atrasos de los chicos a lo largo del año escolar. A sabiendas de que la educación es la clave del éxito, bien vale la pena concentrarse en todo lo que contribuya e incida en el desarrollo pleno de nuestros hijos: sus éxitos o fracasos estarán directamente relacionados con todo lo que hoy hagamos o dejemos de hacer. Si no se corrigen a tiempo los problemas educativos que surgen en los primeros grados de primaria, esos problemas se mantendrán sin variaciones hasta los últimos años de secundaria. De allí, la imperativa necesidad de involucrarnos en la tarea de formar y educar a nuestros hijos que se podría iniciar haciendo un seguimiento diario, por ejemplo, de sus tareas escolares y actividades extra curriculares. ‘No tener el tiempo necesario’ para hacer un seguimiento a la educación de los hijos es una condena anticipada al fracaso de generaciones que irán al garete, abandonadas a la desesperanza, sin las oportunidades que les ayuden a salir del marasmo en las que se encuentran atrapadas.

Como todo es una cuestión de prioridades, deberíamos empezar por preguntarnos primero cuáles son nuestras prioridades. Estoy seguro de que la mayoría pondrá en primer lugar a sus hijos por quiénes ningún sacrificio es poco. Ergo, la educación de nuestros hijos es o debería ser nuestra prioridad número uno porque de ello depende su presente y futuro inmediato. Es justo que los hijos aspiren a ser mejores que sus progenitores y que la tendencia sea siempre a superar a los padres por el bien de las familias, la comunidad y el país en general. Por lo tanto, no debería preocuparnos los costos, los sacrificios o los esfuerzos de hoy; más bien, debería preocuparnos -del punto vista educativo- cuánto nos ‘costará’ mañana lo que dejemos de hacer hoy. 

Somos una comunidad joven y la de mayor crecimiento. Esa apreciación, que no es una sorpresa, es cada vez más visible en los grandes centros urbanos, donde la ‘hispanidad’ ha echado fuertes raíces en todos los aspectos de la vida cotidiana, partiendo de los gustos culinarios, la música, los negocios, los deportes, el entretenimiento y su tan reclamada y necesaria fuerza laboral. Las nuevas generaciones, completamente bilingües, si están mejor preparadas no conocerán límites si se les da las oportunidades educativas que les permitan tener mayores aspiraciones.

Hay, pues, un gran deseo de superación que se evidencia en la genuina alegría de los chicos por aprender que, también, se traduce en la presencia de hispanos en más puestos de relevancia. Ese éxito se sigue gestando, en estos precisos momentos, en las aulas y en los hogares de cada una de nuestras familias. Tengamos siempre presente que el MAÑANA ES HOY para, a partir de esa toma de conciencia, trabajar a brazo partido en todo lo que redunde en favor de la educación de nuestros hijos, haciendo todo lo posible para que no abandonen las aulas y que, además, hagamos todos los esfuerzos para involucrarnos decididamente en su educación, que es lo único que, a la larga, hará posible el ansiado cambio que todos anhelamos. Nuestros jóvenes necesitan oportunidades y paradigmas, alguien que les motive y guíe. Ellos carecen la experiencia de los adultos, pero están ávidos de aprender. Conscientes de que la educación es el mejor medio para derrotar la pobreza, la discriminación y el abandono, no traicionemos ese prístino espíritu juvenil y pongamos todo de nuestra parte para hacer posible que ellos lleguen a buen puerto.