La venta ambulante de ropa, mascarillas con dibujos centroamericanos, correas, accesorios para celulares y hasta frutas frescas se ha convertido en la nueva “tabla de salvación” para muchos inmigrantes hispanos de la zona de Langley Park (Maryland) que hoy se encuentran desempleados a consecuencia de la pandemia del COVID-19. Ellos utilizan la maletera de sus autos para mostrar sus productos, los cuales son ofrecidos a precios bastante cómodos y con eso generan ingresos para sostener de manera honrada a sus familias.

Para evitar ser reprendidos por la policía o desalojados por los agentes de seguridad de conocidos centros comerciales, se las ingenian para estacionarse en lugares estratégicos como salidas de supermercados, paradas de buses y locales de comida rápida. Sus ventas diarias no superan los cien dólares, pero eso les deja un margen de ganancia al menos para llevar alimentos a sus hogares.

Los “nuevos” ambulantes coinciden en señalar que el COVID-19 los ha dejado sin trabajo, sin ahorros, sin escuela para sus hijos y en cualquier momento hasta sin un lugar donde vivir. 

“Este coronavirus nos tiene mal. Yo no tengo trabajo, mi esposa es la única que trabaja medio tiempo en una farmacia. Debemos cuatro meses de renta y en mi desesperación es que decidí vender ropa en la calle. Lo que se consigue sirve solo para comer. Estoy desesperado”, dijo el salvadoreño Arnaldo Marrufo.

Agregó que, a pesar de estar protegido por el TPS, en ningún lugar lo quieren contratar por que en pocos meses su permiso de trabajo se vencerá debido a la cancelación del mencionado programa de protección temporal.

Betsy Magaña, viuda y madre de dos niñas en edad escolar, admite estar desesperada por la sustancial reducción de sus ingresos económicos, que desde hace meses le impiden pagar la renta y sabe que en breve podría ser desalojada por deudas atrasadas.   

“Yo no tengo papeles migratorios en regla, pero siempre he trabajado de manera honrada. Antes limpiaba nueve casas grandes por semana en Potomac y por las noches hacia limpieza de oficinas. Hoy todos mis ahorros volaron, mis ingresos son mínimos y no tengo vergüenza de salir a vender a la calle. Mi familia esta primero”, manifestó la inmigrante hondureña.

El salvadoreño Estanislao Lemos es otro vendedor callejero de Langley Park, quien calificó la situación de los inmigrantes hispanos indocumentados como “dura” y cruel”, pues sin trabajo, sin seguro médico, con niños pequeños y con deudas la vida se ha complicado de manera preocupante.  

“Esta pandemia nos ha llevado a un callejón sin salida. Hasta el sol de hoy no encuentra una manera que me permita enfrentar con éxito esta situación, sin embargo, confío en Dios que pronto todo se arregle para bien de todos. La opción de regresar al El Salvador no la tenemos en mente”, puntualizó Lemos.

Tanto Arnaldo, Betsy como Estanislao admitieron haber recibido en varias ocasiones bolsas con alimentos y comidas calientes ofrecidas por la parroquia San Camilo y otras organizaciones humanitarias.

“Estamos agradecidos por la ayuda recibida, pero nosotros somos hombres de trabajo y nos gusta ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Lamentablemente, el COVID-19 no nos deja otra alternativa que recibir y agradecer un plato de comida donado por personas de buen corazón”, concluyeron.

Actualmente, no existe información oficial sobre el número de vendedores ambulantes que existen en la zona de Langley Park, pero se sabe que es una actividad que únicamente esta permitida con permisos especiales.  

AYUDA CON ALIMENTOS

Parroquia San Camilo

(301) 434-8400

Caridades Católicas de Washington

(301) 453-5560