Con motivo de la tradicional procesión de la Divina Pastora, la diáspora venezolana de Washington, DC, celebró el 19 de enero una misa de solidaridad y reconocimiento a la comunidad venezolana en la iglesia de San Mateo Apóstol en Woodley Park, DC. 

En los rostros de los presentes se podía percibir la tristeza y desolación que provoca la represión que sigue sufriendo la comunidad venezolana.

El padre Richard Mullins, quien celebró la misa, leyó una carta en nombre del obispo Mario Dorsonville: “La ausencia de paz, la constante injusticia social y la pérdida del respeto hacia las personas, son factores que destruyen el presente y el futuro de una nación. Todos somos testigos de cómo en las últimas décadas nuestra querida Venezuela ha pasado por mayores conflictos sociales y humanos, cómo han sufrido la pérdida de sus seres queridos. Nuestra solidaridad con el pueblo venezolano está siempre presente. Y la Conferencia Episcopal de Estados Unidos se une a nuestros queridos hermanos venezolanos”.

El mensaje dirigido a la diáspora venezolana fue de apoyo, amistad, alegría y solidaridad. Se trata de establecer una comunicación con el pueblo venezolano que le transmita fe y esperanza. 

“A pesar de que las noticias que se han dado hasta ahora no son las esperadas, hay un escenario diferente, y la fe y la esperanza de un pueblo son fundamentales para plantear una escena diferente”, señaló una de las organizadoras de la misa. 

Gustavo Tarre, representante de Venezuela ante la OEA, se mostró optimista con respecto al futuro de la nación venezolana: “Tenemos que seguir luchando, ya que la situación en la que se encuentra Venezuela hoy es mucho mejor de la que tenía un año atrás. Y es que el último intento que hizo el gobierno de Maduro de asaltar la Asamblea Nacional fracasó, y la mayoría de diputados ratificaron su confianza en Guaidó, permitiendo que fuera presidente durante un año”. 

Según Tarre, la crisis venezolana solo mejorará si se celebran nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias. Aunque la experiencia demuestra que, con un Maduro empecinado en seguir en el poder con trampas y triquiñuelas, Venezuela estaría lejos de ver unas elecciones justas y libres. 

“Creo que el acorralamiento internacional hacia Maduro es inmenso, y prueba de ello es la declaración que hizo al diario Washington Post el pasado 18 de enero, en la que pide negociar con Estados Unidos, al depender el futuro venezolano de las compañías petroleras americanas. Realmente estas declaraciones de Maduro revelan una capitulación absoluta, y más si tenemos en cuenta cuál ha sido su ideología en relación con el socialismo”, señaló el representante de Venezuela ante la OEA.

¿Es este un buen momento para que la comunidad internacional aproveche la situación de debilidad en que se encuentra ahora Maduro? ¿Se avecina la anhelada claudicación de Maduro? ¿Podrá alcanzarse una salida pacífica y democrática a la crisis que vive Venezuela?