El Estado de la Ciudad del Vaticano avanza por el camino de la disminución del consumo de plástico y se prepara, para finales de año, a convertirse completamente en 'libre de plástico'. De hecho, ha puesto fin a la venta de plástico desechable

Con el objetivo de adaptarse a los estándares de los países más virtuosos del mundo y animado también por el empuje de la encíclica verde del papa Francisco, Laudato si', el Vaticano avanza hacia altos porcentajes de recogida selectiva de residuos.

Los responsables del Servicio de Jardinería y de limpieza urbana ya han detenido la venta de plástico desechable, por lo que, cuando presumiblemente en el transcurso del año se agoten todas las existencias, el Vaticano estará completamente "libre de plástico". El Estado de la Ciudad del Vaticano también ha alcanzado un alto nivel de reciclaje: el 55 por ciento de los residuos se clasifican, con el objetivo de alcanzar el 70-75 por ciento en tres años.

Isla ecológica para residuos especiales

"El mundo de los residuos se divide en dos categorías principales, la de residuos urbanos y la de residuos especiales, peligrosos o no peligrosos. En 2016 se creó una isla ecológica, el eco-centro, donde se depositan todos los residuos especiales. Como tenía límites, en 2018 lo reestructuramos y reforzamos, y ahora podemos gestionar unos 85 códigos Cer, que son los códigos de residuos de la UE. En estos seis primeros meses hemos conseguido aumentar la cuota de los residuos indiferenciados hasta el 2 por ciento, y luego un 98 por ciento de los diferenciados", declara Rafael Ignacio Tornini, responsable del Servicio de Jardinería y limpieza urbana.

Puntos críticos

La situación de los residuos indiferenciados en la Plaza de San Pedro, competencia del Vaticano, es más difícil, abarrotada cada día por miles de turistas: "Allí -dice Tornini- los residuos indiferenciados afecta mucho en todo lo demás, bajo las columnatas ponemos contenedores específicos para plástico y debo decir que funciona porque conseguimos recoger unos diez kilos al día”. También se han establecido minicadenas de economía circular al otro lado del Tíber. "Con la recogida de la tierra húmeda y la gran parte de los cortes de poda (400 toneladas de material) hacemos el compost y así trabajamos para poner en el mercado la menor cantidad de residuos posible, lo que descartamos tratamos de reutilizarlo en el jardín como abono de buena calidad, ya sea aquí o en Castel Gandolfo.

La encíclica verde del Papa

Tornini admite que fue necesario mucho trabajo para cambiar la "mentalidad": "También hemos impartido cursos al personal que gestiona los residuos especiales". El secreto -concluye- fue tomar en serio "la línea del Santo Padre sobre la Laudato sí, la casa común debe ser salvaguardada y si no somos nosotros los primeros....". Vaticano News