Ver a miles de niños venezolanos desesperados por alcanzar un plato de comida y muchos ancianos ansiosos de recibir las medicinas que alivien sus males, son vivencias que el estudiante Alex Matheus (17), de la escuela secundaria Thomas Wootton de Rockville, jamás podrá olvidar.

Cuando Alex visitó la “Casa de Paso Divina Providencia” de la diócesis de Cúcuta (Colombia) recién entendió a plenitud las palabras del papa Francisco sobre la urgencia de ser solidario con los migrantes y refugiados del mundo.

Entrada principal de la “Casa de Paso Divina Providencia” en Cúcuta. Foto/CNS

“En junio de 2019 viaje a Cúcuta para acompañar a mi padre en la filmación de un documental sobre la crisis humanitaria que se vive en la frontera que divide Venezuela con Colombia. Fue impactante ver la desesperación de la gente al cruzar el puente Simón Bolívar y la forma compasiva que eran recibidos por monseñor Víctor Ochoa, obispo de Cúcuta. Yo había escuchado sobre los problemas de los venezolanos, pero nunca imagine que miles de personas rueguen por alimentos y medicinas”, comentó el joven estudiante. 

Agregó que la experiencia vivida en ese remoto pueblo fronterizo, donde los lujos no existen y en donde las necesidades básicas solo se consiguen gracias a la solidaridad humana, demuestran que aún hay muchas personas de buen corazón que pueden cambiar el mundo. 

“Fue impactante ver a decenas de voluntarios preparando los alimentos, atendiendo de manera prioritaria a los niños, mujeres embarazadas y jóvenes venezolanos exhaustos de caminar por varios días. Allí encontré a Jean Carlos Andrades, empleado de la diócesis, quien me dijo que todos los días se sirven ocho mil raciones y eso es un verdadero milagro”, dijo Matheus.

Pero eso no fue todo. La visita a la “Casa de Paso Divina Providencia” le hizo entender al joven que una infección diarreica puede cegarle la vida a un pequeño, que la falta del medicamento Metformina afecta gravemente a los enfermos diabéticos y que la mala alimentación de una madre en gestación compromete severamente la vida del niño que esta por nacer. 

“Cuando uno sale fuera del país aprende de otras realidades. Me impactó enterarme que un padre de familia murió en la calle por una diarrea tras haber consumido agua contaminada. El hombre no tuvo fuerzas para llegar a un centro de salud administrado por la diócesis de Cúcuta y que funciona gracias a tres médicos voluntarios. Los migrantes y refugiados venezolanos no tienen seguro médico y dependen de la ayuda de la Iglesia”, narró el estudiante de la escuela secundaria Thomas Wootton. 

Personas forma fila para recibir alimentos en la “Casa de Paso Divina Providencia”. RM

El joven admitió haber sentido impotencia al no poder ayudar a tantos necesitados, pero después de la experiencia vivida en la “Casa de Paso Divina Providencia” inició una campaña entre sus amigos para ayudar con donaciones a la diócesis de Cúcuta. 

“No puedo olvidar el rostro de tantos migrantes y refugiados que llegan a la “Casa de Paso Divina Providencia” en busca de ayuda. Tampoco puedo olvidar el esfuerzo de los médicos voluntarios, de las religiosas que atienden a los enfermos y las personas que trabajan en la cocina preparando los alimentos para tanta gente. Ellos necesitan ayuda y nosotros podemos dársela”, concluyó Alex Matheus.  

Las personas que quieran ayudar a la “Casa de Paso Divina Providencia” pueden visitar a la página web http://diocesisdecucuta.com