Desde el inicio de la pandemia del COVID-19 los trabajadores de supermercados, en su mayoría hispanos, se han convertido en los “otros héroes” de la ciudad. Mientras muchos tuvieron la opción de quedarse en sus hogares o trabajar desde casa, ellos soportaron largas jornadas laborales abasteciendo las líneas de alimentos y desafiaron al nuevo coronavirus para satisfacer los requerimientos de los ansiosos consumidores.

Las cajeras, panaderos, carniceros, preparadores de alimentos, surtidores de líneas, repartidores y almaceneros hispanos no dudaron en colocarse en la primera línea para atender al público en momentos en donde el mortal virus rondaba las esquinas del área metropolitana.

Y es que el esfuerzo desplegado por asegurar el alimento a miles de familias evidencia la total entrega y solidaridad de los trabajadores hispanos en este país. Ellos, a duras penas, perciben un promedio de diez dólares la hora y nunca evadieron su responsabilidad social al momento de trabajar.

Este es el caso de la guatemalteca Bethel Romero, cajera en una conocida cadena latina de supermercados de Manassas (Virginia), quien entre los meses de abril a julio debió trabajar jornadas de doce horas y solo tuvo seis días de descanso. 

“Los primeros meses de la pandemia fueron horribles. Se podía notar el miedo en el rostro de los clientes. Ellos nos miraban con desconfianza, querían que se les atienda rápido y no hablaban absolutamente nada. Yo también tenía miedo de contagiarme, perder mi empleo o infectar a mi familia. Ahora las cosas están más calmadas con el favor de Dios”, dijo Romero.

Para el salvadoreño Ezequiel Santos, almacenero en un concurrido supermercado de Wheaton (Maryland), los últimos cinco meses han sido extenuante por el gran volumen de pedidos y la rapidez de las solicitudes de reposición en cada sección, al punto que la rotación diaria de los productos se ha triplicado. 

“El orden y la prontitud son básicos para cualquier almacén, pero con la llegada del COVID-19 todo se hizo más difícil y se necesitó un máximo esfuerzo para no perder el control de los inventarios. En esta tienda felizmente tenemos cinco muchachos hispanos que trabajaron silenciosamente dos turnos para cumplir con el público”, comentó Santos.

El mexicano Hugo Montero, responsable del área de recojo de pedidos “on line” en un supermercado de Bethesda (Maryland), jamás imaginó que el trabajo le obligaría a cumplir doble turno, ser felicitado por sus jefes y recibir continuas muestras de agradecimiento por parte de los clientes.

“Desde que llegó el COVID-19 el trabajo se volvió muy duro. Cuando arrancó la pandemia cada hora llegaban más de treinta órdenes a la tienda, lo cual implicaba preparar decenas de bolsas con alimentos. Cuando cerraba la tienda me quedaba a cumplir con una larga lista de pedidos para ser repartidos al día siguiente. Ahora todo está más calmado, pero siguen aumentando los pedidos”, apuntó Montero. 

A pesar que todos que todos los trabajadores usan mascarillas, guantes de látex y hasta protectores faciales de plástico, el riesgo al contagio se mantiene día a día cuando llegan los clientes preocupados por llevar a casa lo indispensable.  

Los expertos de la industria de alimentos estiman que el aumento de las muertes por el COVID-19 y los contagios de trabajadores siguen siendo una preocupación para asegurar la línea de abastecimientos a nivel nacional, lo cual ha generado un significativo incremento en la contratación de personal temporal. 

Por ejemplo, Walmart, la tienda de comestibles más grande del país, desde abril proyectó contratar a 150,000 trabajadores, mientras que Kroger, la cadena más grande de supermercados en EEUU, añadió más de 10,000 a su planilla.