Johanna Noriega-Ovando (17) batalló con el coronavirus en casa, siguió adelante con sus clases en internet y logra graduarse de la escuela católica Elizabeth Seton, de Bladensburg, Maryland. El 6 julio –fecha de la ceremonia de graduación en la basílica de la Inmaculada- se convertirá en la primera en su familia en graduarse de secundaria. Y la lucha académica continuará en la Universidad Católica porque su meta es ser arquitecta.

"Que me gradúe y vaya a la universidad, significa mucho para mi familia. Para mis padres, es lo máximo", expresó la joven esta semana a El Pregonero. Es un gran orgullo para su padre que trabaja en construcción y su madre que limpia casas. Es un significativo logro, considerando las condiciones de salud, los escasos recursos familiares y las vigentes limitaciones para estudiar en plena pandemia.

Johanna pertenece a una promoción de más de un centenar de alumnos y alrededor del 25 por ciento son de origen hispano.

Al surgir el brote de coronavirus en el área metropolitana a mediados de marzo, los estudiantes tuvieron que confinarse en casa, casi de inmediato pegarse a una computadora para seguir las clases, hacer las tareas, estudiar arduamente, presentar exámenes y cumplir todos los requisitos para el 8 de mayo. 

En medio de estos retos académicos, Johanna descubre hace un mes que tiene el coronavirus. Al dar positivo al Covid-19, entonces le tocó librar una batalla paralela. 

Su mamá fue la primera en desarrollar fiebre y tos, luego Johanna presentó los síntomas y al final se contagió también su hermano de 13 años. "Estábamos los tres en casa con el virus", contó. (Su padre no vive con ellos). Sospechan que contrajeron el coronavirus en alguna tienda. 

Como su mamá no se podía mover, la joven limpiaba y cocinaba. Después su condición empeoró y también ella tuvo que pasar unos días en cama. "Aunque no tenía energía, seguía adelante con mis clases en internet", dijo quien obtuvo este año un promedio académico de 4.2 (GPA). 

A esta familia inmigrante de la parroquia San Camilo se le hizo complicado porque se enfermaron al mismo tiempo, se tenían que cuidar uno al otro y no podían salir a comprar alimentos. "Fue una batalla de los tres contra el virus. Fuimos mejorando en casa, sin necesidad de ir al hospital, pero fue muy duro", dijo quien ya se siente mejor. 

La escuela Elizabeth Seton pertenece al sistema escolar de la Arquidiócesis de Washington. El costo de la matrícula es 16 mil dólares anuales, pero la familia de Johanna solamente ha venido pagando 2 mil porque la joven obtuvo una beca de la arquidiócesis, otra de la escuela y además la beca CPE. "Si no fuera por estas becas no hubiera podido estudiar en una escuela católica", dijo.

Los padres hispanos hacen grandes esfuerzos para que sus hijos estudien en escuelas privadas católicas, ya que -además de la matrícula- deben cubrir los costos de cuotas especiales, libros y uniformes.

Para que su hija reciba una educación católica de excelencia, Carmen ha manejado cada día durante los últimos cuatro años desde su casa en Silver Spring hasta la escuela en Bladensburg, MD. "Nos levantábamos a 6AM, con frecuencia me quedaba hasta las 7PM en la escuela hasta que mi mamá terminará de trabajar. Regresaba a casa tan cansada…", contó Johanna.  

Su madre fue el motor que la fue impulsando a no darse por vencida. "Siempre me decía que me esforzara, que me graduara y no dejara de luchar".

He trabajado tantos años (tras esta meta) -dijo- y, si bien hubo un momento en que llegué a pensar que no me iba a graduar, ahora estoy tan contenta.

Por el momento, se está planeando una graduación regular, en la basílica de la Inmaculada Concepción, con ciertas normas y restricciones especiales debido a la pandemia. "Es probable que solo puedan asistir los alumnos y sus padres. No hay lineamientos aún y todo puede cambiar", dijo la joven de raíces mexicanas. Lo cual le alegra porque para la mayoría de otros graduados, las actividades últimamente han sido por internet y sin grandes celebraciones.

Johanna comenzará a estudiar arquitectura en la Universidad Católica de América (CUA). Con ese excelente promedio de notas, pues la aceptaron, está inscrita y lista para empezar en agosto.

La carrera cuesta casi 200 mil dólares, pero ya sabe que cuenta con ayuda financiera de FAFSA, una beca de CUA y otra beca por haberse graduado de una escuela católica. "Siempre me ha gustado lo que hace mi papá en su trabajo de construcción. Lo he visto construir edificios de hasta 22 pisos. Por eso, me encanta la arquitectura. Me entusiasma poder crear 'algo' de la nada", dijo la jovencita con un futuro muy prometedor. 

La celebración de graduación de este año será pequeña, pero dentro de cuatro años tendrá otra oportunidad de celebrar sus logros académicos en la misma basílica. Entonces, se convertirá en la primera profesional en su familia.