Historias de superación, como la Omar Martínez quien hoy es un exitoso empresario gracias a la ayuda recibida en 1994, celebró el Centro Católico Hispano en su reciente gala anual de recaudación de fondos a beneficio de los programas que el centro brinda a los más vulnerables.

En la gala, realizada el pasado fin de semana en el Marriott Marquis, el Centro celebró 52 años de servicio a los inmigrantes destacando historias como la del salvadoreño Martínez (45), quien cruzó el Río Bravo con ayuda de un coyote hace casi 30 años.

A los 14 años de edad, Martínez, forzado por la pobreza y la violencia extrema, dejó atrás a sus padres y 5 hermanos en el departamento de Morazán, El Salvador. No tenían hogar, vivían de la caridad de amigos y comían los alimentos que repartían las organizaciones internacionales, luego de ser desplazados por la guerra civil. 

"La zona rural donde vivíamos había sido destruida y encarábamos el horror de la guerra", dijo recordando el asesinato de su abuelo materno cuando él era un niño: "Fue muy impactante para mí".


Cuando los jovencitos cumplían 12 años les recogían de la escuela y les llevaban a entrenamiento militar bajo gran presión psicológica -recordó-. Algunos compañeros de clase se unían a la guerrilla, pero tres de ellos se negaron y se unieron a Omar en el exilio forzado. 


"En un intento por aislarme del conflicto armado, mi padre pidió ayuda a dos hermanos en Estados Unidos y ahí surgió la idea del coyote", contó a El Pregonero. Abandonó su país hacia lo desconocido, pero feliz de dejar atrás el peligro con la convicción de no regresar nunca más.


Lo más difícil de la aventura, de los cuatro compañeros de clase guiados por un coyote, fue un trayecto de ocho horas en la máquina de un tren. Y lo más arriesgado fue cruzar el río congelado.

Omar salió de suelo salvadoreño el 15 de noviembre de 1989 y entró a suelo texano navegando de noche por Matamoros el 28 de diciembre. "Lo recuerdo como si fuera ayer", contó. Los adolescentes y el traficante se refugiaron en una vivienda, mas a las pocas horas la casa estaba rodeada de patrulleros fronterizos y los cinco fueron arrestados.

Estuvieron dos meses en un centro de detención de menores hasta que Omar fue trasladado a Maryland para encontrarse con sus tíos. Uno de ellos obtuvo la custodia legal del joven y le facilitó el amparo del TPS.

Omar, quien es el mayor de sus hermanos, comenzó a trabajar y enviar remesas a su familia movido por el principio inculcado de ser el ejemplo para los menores: "Mi abuelo paterno me inculcó valores religiosos como el respeto, la gratitud y la humildad".

A los 15 años, con poco dominio del inglés, empezó a lavar platos por menos de 5 dólares la hora en el recién inaugurado restaurante Silver Diner de Rockville, Maryland, donde conoció al dueño y uno de los fundadores, el inmigrante holandés Ype Von Hengst, quien se convirtió en su mentor y le alentó a estudiar y quedarse en EEUU. 

"Conocía muy bien las labores de cocina y nunca decía que no a nada", confesó Omar, quien fue ascendiendo de asistente de cocina a cocinero y luego a gerente. En algún momento pensó en regresar a su patria, pero su mentor le decía: "Aquí tienes más oportunidades, un futuro brillante, no lo desperdicies".

Su mentor y la corporación le respaldaron para que estudiará  administración de negocios en la Universidad de Maryland y para obtener sus documentos. El joven acudió al Centro Católico Hispano, en 1994, para solicitar su tarjeta de residencia legal. "No tenía dinero para hacer el trámite y el centro me ayudó. Adoro a ese equipo que me han visto como parte de la familia, me aconsejaron y me impulsaron a que sea una persona de bien en este país", explicó.

Omar entrenó a los empleados y ayudó a abrir 13 restaurantes en VA, MD, DC y NJ. En el 2005, la corporación le ofreció ser accionista y le ayudó a obtener un préstamo de negocios y es así como pasó de 'dishwasher' a ser un profesional universitario y co-propietario de una cadena que ahora tiene 18 restaurantes.

Su mayor logro ha sido convertir al restaurante de Rockville (donde empezó) en el más exitoso de su corporación y de la industria de restaurantes del área. En el nuevo Silver Diner del centro comercial Río, en Gaithersburg, MD, reconoce que tiene mucho que agradecer a su mentor, al centro católico y a esta nación que le abrió las puertas.

La corporación Silver Diner cuenta con 7 socios y 1.734 empleados en cuatro estados, de los cuales 77 por ciento son hispanos.

Omar, quien considera que su fe ha sido clave para lograr el éxito, recuerda su niñez cuando iba en familia a misa y luego al convivio dominical en El Salvador, donde fue  monaguillo y evangelizaba casa por casa, mientras su abuelo acostumbraba a dirigir el rezo del rosario.

"Todo eso me dio esperanza en los años difíciles de la guerra. Si no hubiera sido por mi fe en Dios, no hubiera superado las crisis", reconoció quien hoy es miembro activo en las parroquias de san Rafael y san Judas. Con su esposa Yamcy sirve en el ministerio de parejas para motivar a otros matrimonios.

"Encuentro refugio en el silencio de la iglesia, a veces me quedo pensando en lo que Dios hace con nosotros, lo bueno que es y su grandeza y salgo renovado", confesó quien también es devoto de Francisco de Asís. "El ejemplo de los santos me fortalece".

Señaló que su secreto para triunfar en los negocios es la perseverancia y la humildad: "Hay que salir de la zona de confort, tomar riesgos sin miedo e ir tras las oportunidades. No hay que quedarse esperando a que la oportunidad toque la puerta. Si no se gana, se aprende".

El ser indocumentado no es un limitante, ni una excusa les dice a los que no tienen documentos a quienes aconseja: “Hagan lo correcto, enfóquense en sus metas y no se desalienten".

En todo lugar encontrarán obstáculos y gente que te hace la vida difícil: “Hay que  enfocarse en uno y no dejar que otro influya en tu crecimiento, te desanime o te descarrile de tu camino".

Sin retener críticas ni rencores, dice “seguir para adelante con 'la maleta' ligera poniendo a Dios primero, su familia y su trabajo. 

Su filosofía: el jefe tiene que trabajar para los empleados y no al revés. "Hay que impulsarlos a crecer, a mejorar, a crear sus mejores metas porque de lo contrario, será difícil que el negocio crezca", precisó.

Sus hijos Chelsea, Sasha y Julien siguen sus pasos ayudando a otros. Ellos comparten su comida en la escuela y visitan a los ancianos en los asilos.

Omar no pierde de vista a su patria natal y la tiene entre sus planes. Allá viven sus padres y dos hermanos: "Me gustaría establecer una red de restaurantes en El Salvador para ayudar a los salvadoreños".

Martínez recibió el premio a la excelencia hispana por parte del condado de Montgomery y también fue distinguido por sus aportes a las escuelas públicas (750 mil dólares en donaciones).

La historia de Omar y otros inmigrantes, asistidos por el Centro Católico Hispano, fueron narradas a través de un video durante la gala benéfica "Juntos Adelante".

Más de 12 mil personas de 96 diferentes países son asistidas por el centro y 143 mil en total cada año por Caridades Católicas, la más grande agencia privada de servicios sociales en la región. El centro ofrece servicios médicos, dentales, legales, de empleo, alimentación y apoyo a las familias.

Para más información sobre el Centro Católico Hispano o hacer un donativo visite: catholiccharitiesdc.org/scc.