Después de 17 años de pausa, han empezado nuevamente las ejecuciones federales. Ya ha habido diez desde julio pasado y hay tres más planeadas antes de que el presidente Trump deje el gobierno. Irónicamente, una está prevista para el lunes 18 de enero, Día de Martin Luther King Jr., el asesinado máximo líder de los derechos civiles, y otra para el 19 de enero en víspera de la ceremonia de inauguración presidencial.
 "Tres seres humanos serán ejecutados en nuestro nombre, con nuestro dinero, en los próximos días", dijo John Carr, director de la Iniciativa sobre Pensamiento Social Católico y Vida Pública, en un reciente diálogo virtual co-auspiciado la Universidad Georgetown y Catholic Mobilizing Network.  

Los católicos, dijo Carr, "somos persistentes, somos consistentes, en la defensa de toda vida, de cada vida, empezando con el que aún no ha nacido, aquellos que están muriendo de COVID e incluso los que están en el corredor de la muerte".
Nuestro reto moral es trabajar con esperanza y no quedarnos paralizados ni abrumados por lo que está ocurriendo a nuestro alrededor -dijo la hermana Helen Prejean, quien aboga por la abolición de la pena capital y ha escrito tres libros al respecto: Dead Man Walking (1994), The Death of Innocents (2004) y River of Fire (2019).
En el diálogo -titulado "Matando en nuestro nombre: ejecuciones federales y testigos provida"- participó también el reverendo Jack Sullivan, director ejecutivo del Concilio de Iglesias de Ohio. Su hermana Jennifer fue asesinada en Cleveland hace 24 años, pero su familia se opone a la aplicación de la pena de muerte para el responsable del asesinato. Dijo que es vergonzoso que el gobierno federal en ese caso responda de la misma forma que los asesinos que le quitan la vida a la gente en actos criminales violentos. Por el contrario, espera que el gobierno invierta en lo que genere paz, en la vida y la restauración de vidas. Por ejemplo: celebra los acelerados pasos para crear una vacuna para prevenir y detener el avance del COVID-19.
"Cualquiera que haya perdido a un ser querido en un asesinato, puede dar fe de que las ejecuciones no nos restauran, no nos ayudan en el duelo", dijo pidiendo al gobierno que ya "no mate en nuestro nombre".
Carr, como moderador del diálogo, le preguntó al obispo Daniel Flores de Brownsville, Texas, por qué enfocarnos en la pena capital cuando hay tantas poderosas amenazas a la vida humana, como casi un millón de abortos a nivel nacional y una pandemia que está matando a tantas personas a diario.
"Hay tantos ataques a la dignidad humana a nuestro alrededor, tiene usted razón, pero es importante para nosotros, especialmente para mí como obispo, enseñar que tenemos en cierta manera que presionar en todos los frentes para mantener la integridad de la amplia visión católica de la dignidad humana y enseñar por qué la misma debe ser defendida", respondió el obispo Flores, presidente electo del comité de doctrina de la conferencia episcopal estadounidense (USCCB) y sirve en el estado con mayor número de ejecuciones.
"La vida de los no nacidos es extremadamente preciosa", subrayó agregando que la vida de las madres inmigrantes, de los refugiados y de la gente que está en el corredor de la muerte, son temas diferentes, pero aún así la iglesia tiene una voz consistente en cuanto a la dignidad del ser humano.
Krisanne Vaillancourt Murphy, directora de Catholic Mobilizing Network, afirma que en la última década ha habido un excepcional movimiento a nivel estatal. De hecho, actualmente 22 estados han oficialmente abolido la pena capital, 3 han suspendido las ejecuciones y otros 9 no han realizado ejecuciones en una década. "Hemos reducido en tres cuartos el número de sentencias de muerte", dijo argumentando que han impulsado una visión de justicia restaurativa entre los fiscales (acusadores), pero reconoce que aún hay mucho trabajo por hacer en ese sentido.
Si bien las ejecuciones y las sentencias de muerte se han reducido drásticamente en Estados Unidos y el apoyo del público a la pena capital ha llegado a mínimos históricos, la Iglesia Católica sigue insistiendo en el tema, subrayando la santidad de la vida y la inherente dignidad de cada ser humano.
El papa san Juan Pablo II solicitó que se ponga fin a la pena de muerte cuando visitó Estados Unidos, posteriormente el papa Benedicto XVI le pidió a los líderes mundiales que hagan todo esfuerzo posible para eliminar la pena capital y más recientemente el papa Francisco pidió la abolición de la pena de muerte ante el Congreso de EEUU en el 2015.
El pontífice modificó el catecismo para reafirmar que la pena capital es inadmisible porque es un ataque a la inviolabilidad y dignidad de la persona. Y volvió a insistir en este tema en su reciente encíclica "Fratelli Tutti".
La iniciativa sobre Pensamiento Social Católico y Vida Pública ha organizado 184 reuniones promoviendo el diálogo sobre temas de interés nacional durante el año 2020. Para mayor información, visite: https://catholicsocialthought.georgetown.edu.