La parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Takoma Park (Maryland) recibió el domingo 4 de agosto a cientos de salvadoreños que llegaron para participar en la tradicional procesión del “Divino Salvador del Mundo”. Fieles de todas las edades acompañaron a su Santo Patrono y en una multitudinaria misa reafirmaron su fe católica. 

El obispo Mario Dorsonville fue el celebrante principal y en su homilía señaló que la fiesta del “Divino Salvador del Mundo” exalta la Transfiguración del Señor, una bella demostración de amor y fidelidad entre Dios y su pueblo redimido.

“La celebración del Divino Salvador del Mundo es una de las más bellas e importantes del pueblo salvadoreño. A pesar de los momentos difíciles que han enfrentado en el pasado y las serias dificultades que hoy enfrenta, ustedes siempre han sabido demostrar su profunda fe cristiana. Este día debemos recordar el legado espiritual de San Óscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado mientras celebraba la Santa Eucaristía y siempre defendió a su pueblo del abuso, marginación, violencia e injusticia”, dijo monseñor Dorsonville.

Agregó que celebrar al “Divino Salvador del Mundo”, en medio de una preocupante crisis migratoria, es una clara demostración de fe de todos aquellos salvadoreños que dejan sus tierras para encontrar paz, trabajo y el bienestar de sus familias’.

Grupo de personas posan con imagen del Divino Salvador del Mundo. Foto/Javier D.

“Muchos de los presentes han salido de sus países forzados por la necesidad. A través del trabajo y su solidaridad con el prójimo ustedes se han convertido en testimonio vivo del amor de Dios. El papa Francisco se preocupa por la situación de todos los refugiados e inmigrantes del mundo. Y es que todos somos hijos de Dios y tenemos derecho a vivir en paz y con dignidad”, manifestó el obispo auxiliar de Washington.

Expresó su solidaridad con los miles de trabajadores y jóvenes estudiantes, amparados en los programas migratorios temporales TPS y DACA, que hoy viven en zozobra si saber cuál será su futuro.

“Todos somos hijos de Dios y la Iglesia nunca deja de ayudar a los hermanos que llegan en busca de refugio y paz. Ustedes jamás olviden que son inmigrantes, que tienen que ayudar a sus hermanos en Cristo”, señaló el obispo Dorsonville. 

Tanto en El Salvador como en Estados Unidos, la tradición sobre la celebración del santo patrono “Divino Salvador del Mundo” se realiza durante la primera semana de agosto. La celebración en el Distrito de Columbia es auspiciada por la Arquidiócesis de Washington. 

Historia

Es importante recordar que la celebración se dio inicio el sexto día de agosto del año 1528 -como el día en que se celebrará la Transfiguración- en un pequeño poblado situado al sur de la actual ciudad de Suchitoto, donde fue reasentada la villa española de San Salvador. La misma había sido fundada tres años antes por Pedro de Alvarado y puesta bajo la advocación divina de la Santísima Trinidad. 

En ese entonces, frente a un pequeño grupo de moradores, ibéricos e indígenas, el cura Francisco Ximénez ofició una misa a campo abierto, para conmemorar la Transfiguración de Jesucristo en el Monte Tabor. La ocasión fue narrada en los escritos neotestamentarios de la Biblia, cuando los discípulos del carpintero galileo tuvieron oportunidad de verlo rodeado de luz, acompañado por Elías y Moisés, en una demostración plena de su vinculación terrestre y celestial.

Se trata de una ceremonia sencilla, envuelta entre los cánticos y rezos de la gente, el humear de las velas, el olor a inciensos y perfumes, el tañido de una campana y la explosión de cohetes en lo alto de los cielos. De esta manera, se cumplen a cabalidad con las disposiciones establecida en 1457 por Su Santidad Calixto III, quien ordenó que la Transfiguración fuera celebrada con solemnidad cristiana el seis de agosto de cada año hasta el fin de los tiempos.

Una réplica de la imagen que está en San Salvador sale cada año en procesión en diferentes parroquias de la Arquidiócesis de Washington celebrando al igual que en San Salvador la transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo.