Con el apoyo de una organización católica, cuatro trabajadores hispanos están entablando una demanda buscando justicia laboral. Es que no reciben ni siquiera el salario mínimo, no les pagan las horas extras como debe ser y se sienten maltratados en su trabajo.

"Tengo dos meses trabajando con esta empresa y estoy disgustada por el pago. Están siendo violados los derechos laborales de muchas personas. Nos pagan 12 dólares por hora y las horas extra igual que las 40 horas regulares", dijo una inmigrante peruana que prefirió el anonimato porque teme represalias de su empleador.

Ella trabaja 12 horas extra cada semana y se les paga como hora regular. No tiene documentos de migración y cree que su empleador está abusando por esa razón.

La ley laboral en Estados Unidos protege también al indocumentado. Aunque no tenga permiso para trabajar, tiene los mismos derechos que el ciudadano estadounidense.

Esta madre de familia le contó a El Pregonero que hay otros compañeros de trabajo con documentos que están recibiendo el mismo maltrato laboral.

Ella asegura que les toman la temperatura al azar cada día, pero el riesgo de contagiarse de coronavirus es alto. "Uno se puede contagiar allí. Es que es una obra en construcción en la cual trabajamos entre mosquitos y escombros. No hay agua para lavarse las manos y los cuartos se usan como sanitarios". 

Son los héroes en medio de la pandemia. Hacen que la economía siga funcionando y necesitan trabajar para mantener a sus familias.

Esta inmigrante está sola en Estados Unidos y parte de lo que gana en su trabajo, haciendo el acabado de las paredes, lo envía a Perú para sus cuatro hijos y sus padres. "Con esta situación que estamos viviendo, con el coronavirus, pues les envío un poquito", confesó.

Le duele que el empleador es de su mismo país y está maltratando al equipo de trabajo. "Trabajamos en un ambiente de miedo. Es grosero, malhumorado y nos grita". Les dice: "Al que no le guste, se puede ir porque hay mucha gente esperando un puesto".

Les paga con cheque, pero no les da una hoja explicativa detallando el pago. "No sabemos nada, no sabemos si nos están haciendo deducciones", dijo quien está en ese trabajo por necesidad. "Es demasiado difícil encontrar otro trabajo y la necesidad nos obliga".

Contó que antes trabajaba cuidando niños y se sentía bien remunerada y bien tratada. "Pero debido a la pandemia, me quedé sin trabajo durante cuatro meses. Es por la necesidad que empecé a trabajar en construcción y en estas condiciones.

Asegura que cuando hay falta de oportunidades de trabajo, aumenta el abuso porque los empleadores saben que la gente necesita el trabajo. 

La señora M. trabaja con el mismo empleador y tiene el mismo miedo a represalias. Bajo anonimato, le contó a El Pregonero que tiene 50 años y tampoco tiene documentos migratorios.

Antes trabajaba en el condado de Montgomery, Maryland, pero últimamente la trasladaron a otro sitio de trabajo en el Distrito de Columbia, donde ella sabe que se le paga mejor a los trabajadores. 

Ella es profesional graduada de la universidad como técnico en fisioterapia, también fue maestra de primaria en Centroamérica. En busca de oportunidades llegó a este país hace cuatro años.

En Estados Unidos se dedica a limpiar escombros en obras de construcción. Limpia la capa protectora de yeso, los desperdicios en las propiedades que se están edificando. 

Todos sus compañeros de trabajo son inmigrantes hispanos. Su grupo es de 15 personas, pero sumado a los otros subcontratistas llegan a un total de 80 trabajadores -dijo.

"¡Somos los peor pagados!", exclamó quien ahora solo trabaja las 40 horas semanales regulares. Dice que su jefe, en represalias, le ha quitado las 48 horas extra que trabajaba al mes y que tanto necesitaba. Es decir, trabajaba 52 horas a la semana y 12 eran extra. En su pago quincenal esto representaba casi 250 dólares extra.

Ese monto era de gran ayuda porque se lo enviaba a su madre enferma de cáncer en su país natal. 

Empezó a trabajar en esta compañía en diciembre y no se siente a gusto. En una demanda legal está pidiendo que su jefe respete el salario mínimo, que le pague las horas extra como es debido y que le haga los debidos descuentos de impuestos.

"Trabajo corriendo riesgos de tener un accidente, pero ni siquiera sé si tengo cobertura en ese caso. Además estoy corriendo otro riesgo por la pandemia. Es un grupo enorme y aunque toman la temperatura a los trabajadores, siento que hay riesgos de contagio", dijo.

Ingresó al gremio de la construcción porque le decían que era uno de los mejor pagados, "pero resultó que no era así. Nos ha tocado un ambiente difícil ya que el jefe es abusivo y nos humilla, nos maltrata verbalmente, nos grita y es desconsiderado", detalló.

"¡No es posible que estamos en Estados Unidos y nadie haga nada por nosotros!", exclamó. "No podemos permitir las injusticias", agregó.


Robo salarial

Ambas tienen el respaldo de la red católica del trabajo (Catholic Labor Network o CLN) y han entablado una demanda contra la empresa que opera con irregularidades. Otro inmigrante de apellido Fuentes se sumó a la demanda que ya va por cuatro demandantes. Es muy probable que más trabajadores afectados decidan hablar en contra de este empleador.

"No les pagan el tiempo extra, no cumplen con la ley de salario mínimo del Distrito de Columbia y no están recibiendo ningún tipo de beneficios", contó Ernesto Galeas, quien es organizador en la red CLN.

Él se encarga de visitar lugares de trabajo investigando si hay acciones irregulares, especialmente lo que él llama "robo de salario". Asegura que con bastante frecuencia encuentra casos de trabajadores que no reciben el pago de horas extra o les pagan menos de lo que la ley indica, no les dan beneficios de ningún tipo y no les hacen las deducciones correspondientes.

Un empleador en este país debe retener impuestos sobre la renta, impuestos de Seguro Social y Medicare y enviar el dinero al IRS a nombre del empleado.

Galeas conversa con trabajadores de Maryland y el Distrito de Columbia, les pregunta qué trabajo hacen, cuánto les pagan, si trabajan directo con una empresa o con subcontratistas. 

Es una práctica común que los que trabajan con subcontratistas no reciben el pago correcto por el tiempo extra trabajado -dijo. 
"Trabajan 60 horas por semana y les pagan las extra como tiempo regular, pero la ley dice que después de las 40 horas usted tiene derecho a que le paguen cada hora como si fuera una hora y media", según Galeas. "En más del 90 por ciento de los sitios de trabajo en Washington, ocurre eso". 

Afirma que en algunos casos les pagan por día, por ejemplo, entre 90 y 120 dólares diarios y sin beneficios y sin horas extra. 

"Entonces, a estos trabajadores les faltan sus beneficios laborales como el fondo de retiro y el seguro médico, el cual es tan importante en este tiempo de pandemia".

Galeas alienta a los trabajadores a que pierdan el miedo a reclamar sus derechos. Es importante que los afectados por estas irregularidades en el trabajo, "hablen, denuncien, reclamen lo que por ley les corresponde".

Trabajadores de Virginia, Maryland y el Distrito de Columbia pueden llamar en español directamente a la red: (1) 571-494-2494.

Si bien también pueden acudir a la oficina del Gobierno del DC que se encarga de denuncias vinculadas a horas extra, Galeas afirma que se tardan mucho en procesar los reclamos por falta de personal. "Es un proceso lento y no tienen suficiente personal bilingüe para investigar estos casos", subrayó el organizador de trabajadores de CLN.


La red católica CLN trabaja de la mano con organizaciones católicas para asegurarse de que la visión de la iglesia en cuanto al trabajo, la equidad y los sindicatos se compartan y presenten de forma que se mantenga la visión de la tradicional enseñanza moral y social católica.

La red CLN recibe fondos de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD, por sus siglas en inglés), una iniciativa de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos -comentó Clayton Sinyai, director de la red católica de trabajo a nivel nacional.

No es nuevo que la Iglesia Católica defienda los derechos de los trabajadores, más bien viene de larga data. En 1891 el papa Leo XIII escribió la encíclica Rerum Novarum, sobre los derechos y deberes del capital y el trabajo que fueron las bases de la actual doctrina social católica. Rerum Novarum describe las relaciones y las responsabilidades mutuas de empleados y empresarios y asimismo apoya el derecho de los trabajadores a establecer sindicatos que defiendan sus derechos como grupo.

Sinyai explicó que la red está trabajando en varios proyectos para promover la justicia del trabajador, incluyendo uno de amplio alcance destinado a combatir el robo de salarios en la industria de la construcción del Distrito de Columbia. "A gran número de trabajadores inmigrantes hispanos de la construcción se les niega el pago de horas extra al que tienen derecho y, con frecuencia, también se les paga menos que el salario mínimo en DC", afirmó. 

Ahora están avanzando en su lucha, con esta demanda de dos mujeres y dos hombres trabajadores contra la empresa CBG, que es un importante contratista general del distrito.

CBG construye muchos desarrollos habitacionales (condominios y apartamentos) en el Distrito. 

Estos cuatro trabajadores hispanos -dijo Sinyai- han sido empleados por diferentes subcontratistas de CBG. Los trabajadores son empleados como contratistas independientes de modo que la empresa que los contrata puede evitar el pago de impuestos, seguro social, seguro por desempleo y seguro de compensación del trabajador. Todas estas son protecciones que ellos no tienen. 

"A tres de los cuatro se les ha estado pagando menos que el salario mínimo de DC. A tres de ellos también se les ha negado el bono por tiempo extra cuando trabajan más de las cuarenta horas semanales", dijo. 

El primero de julio el salario mínimo subió a 15 dólares por hora en Washington DC y comenzó el permiso pagado para la familia, conocido en inglés como "paid family leave". Es decir, el trabajador tiene dos semanas pagadas si se presenta una condición médica delicada, ocho semanas pagadas cuando nace su bebe y 6 semanas pagadas para cuidar a un familiar que tiene una condición seria de salud.

Ambos cambios están vinculados con la doctrina social católica -según Sinyai quien los considera oportunos y relevantes.

Le preocupa que muchos católicos no saben de estos cambios para los cuales ellos o sus familiares pueden ser elegibles.

Él califica de epidemia esta ola de robos salariales en la industria de la construcción en el Distrito de Columbia. "Especialmente afecta a los inmigrantes hispanos que trabajan en esta industria y son víctimas de una clasificación laboral equivocada", agregó subrayando que esta práctica es para beneficio del empleador. Estos 'agentes laborales' se han convertido en rutina en varios oficios -señaló.

CLN tiene su oficina central en la Universidad Georgetown y el número telefónico es (703)967-1841.

Para detalles, visite: http://catholiclabor.org/

CATHOLIC LABOR NETWORK (209 Maguire Hall • Georgetown University 37th & O Streets NW, Washington, DC 20057). Inf: 703-967-1841.