El director del Instituto Nacional de Salud de las Minorías y Disparidades de la Salud (NIMHD) en Estados Unidos, Eliseo Pérez-Stable, prevé 40.000 muertes más de hsipanos en lo que resta de año por COVID-19 de no tomarse las medidas de prevención necesarias, una cifra similar a la de los miembros de esa comunidad que han muerto hasta ahora a causa del nuevo coronavirus en el país.

Las muertes diarias por COVID-19 en EE.UU., según el más reciente informe del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME), fluctúan en torno a 750 y se espera aumenten a casi 2.900 por día a fines de diciembre. Esto representaría un total de 363.000 muertes acumuladas para el 1 de enero y 155.000 en lo que resta de año.

Para los científicos del IHME, ampliar el uso de mascarillas al 95 por ciento pudiera salvar aproximadamente 86.000 vidas, más de la mitad de las muertes esperadas para fin de año.

“Actualmente 30  por ciento de los casos de COVID-19 reportados en Estados Unidos son en personas hispanas. Eso quiere decir que si hay más de siete millones de casos en Estados Unidos, más de dos millones son en personas hispanas”, dijo Pérez-Stable.

“En Estados Unidos, 18  por ciento de la población es de origen latinoamericano y actualmente más de 30  por ciento de los casos (de COVID-19) que se han reportado con información sobre raza y etnia son hispanos, con alrededor de 20  por ciento de los fallecimientos”, apuntó el líder del NIMHD.

Para Pérez-Stable, si se sigue la misma trayectoria “podríamos hablar de 600 muertes por día en latinos”, y destacó que de no tomarse las medidas “la cantidad de muertes de latinos en lo que resta de año sería de 40.000 más”.

Según este experto, estas proyecciones están basadas en dos factores importantes que pueden cambiar. "Estas son las condiciones conductuales de la población relativas al uso de máscaras y evitar reuniones de grupo", precisó.

Dentro de otro grupo de factores que han ocasionado el impacto de la COVID-19 en la comunidad hispana, Pérez-Stable señaló la apertura de la economía y dijo que esto ha puesto en riesgo a los latinos al ser un grupo que está más expuesto por ocupar posiciones en trabajos esenciales.

“La idea de quedarse en casa para trabajar a través de la computadora no es posible para gente que está en construcción o en servicios, trabajando en los supermercados o conduciendo camiones. Estas personas que trabajan en estos sectores son desproporcionadamente hispanos y afroamericanos, o sea que estamos más representados en esos sectores de empleo”, señaló.

“Otro factor que ha causado la alta cantidad de casos de COVID-19 en hispanos es que las poblaciones latinoamericanas tienden a vivir en hogares con más gente de lo que es el promedio en Estados Unidos. Dos y tres generaciones bajo el mismo techo. La idea de poderse aislar dentro de un hogar es casi imposible para estas personas", agregó.

Sobre una posible reducción en la curva de casos de COVID-19, Pérez-Stable destacó que aun cuando se han visto diferentes fases de la primera ola “nunca hemos salido de esa primera ola, y con el invierno en combinación con todos los factores que hablamos puede haber un resurgimiento”.

Por su parte, el doctor Ali Mokdak, director de Iniciativas en Medio Oriente y profesor de Salud Global en el IHME, dijo que para que ocurra una segunda ola tiene que haber una disminución sostenida de la primera.

"Desafortunadamente no proyectamos llegar a cero. Sí se proyecta un aumento de casos entre noviembre y diciembre y un incremento en la mortalidad. Esto se debe a una combinación de la COVID-19, la llegada del invierno y la temporada de la influenza”, abundó.

A su vez, la doctora Kathleen Page, profesora asociada en la División de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Johns Hopkins, dijo que “hay miedo y preocupación de que el otoño y el invierno sean un periodo difícil debido al frío y porque la gente tiende a estar más encerrada".

“Las mascarillas funcionan muy bien y son una de las mejores barreras de protección. Pero tienen que usarlas todo el tiempo, hasta adentro si vas a estar en lugares donde va a haber gente que no es parte del círculo pequeño, y ahora más cuando ese círculo se ha roto y la gente está saliendo a trabajar”, expuso.

Al respecto, Pérez-Stable puso como ejemplo "en el caso de una persona que es cuidada por alguien que viene a trabajar en la casa y esa persona entra y sale, o si estás en un lugar donde hay diez o más personas trabajando afuera, un punto a considerar sería el uso de mascarillas”.

Page destacó que el impacto más fuerte de la COVID-19 se ha visto particularmente en inmigrantes de bajos recursos. “La mayoría de la gente que está aquí trabajando sin documentos no tiene acceso a cuidados de salud, no tiene protecciones laborales, no recibe beneficios de desempleo y muchos han tenido que seguir trabajando", indicó.

"No tienen asistencia para renta y para ahorrar comparten casa y renta con mucha gente. Vemos lugares donde varios trabajadores comparten un cuarto y varias familias comparten una casa, y cuando alguien tiene coronavirus es difícil aislarse, y esa es una de las razonas de tener tantos casos”, explicó.

Para esta experta, las condiciones que han causado el alto número de casos de COVID-19 entre latinos no han cambiado. “No tengo tanto optimismo de que esto cambie en los próximos seis meses; la gente sigue viviendo en pobreza y en condiciones difíciles y hasta peor”, puntualizó. EFE