A seguir rezando el Santo Rosario y pedirle a la Virgen María su protección divina durante la pandemia del COVID-19, pidió a los fieles el obispo Mario Dorsonville, durante la misa celebra en honor de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil.

En la misa celebrada en la parroquia Sagrado Corazón en el barrio de Mount Pleasant, el domingo 11 de octubre, recordó también que la oración establece un puente espiritual con la Virgen María, quien siempre escucha las oraciones de sus hijos y es la intermediaria para llegar a Jesús. 

“La Virgen María siempre escucha nuestras plegarias, siempre va al encuentro de sus hijos y en tiempos difíciles como los que hoy nos toca vivir por causa de esta pandemia, nunca deja de protegernos. Pidamos con fe su protección, que cuide de nuestras familias y fortalezca nuestra fe”, dijo el obispo ante un grupo reducido de fieles brasileños congregados en la mencionada parroquia. 

Al referirse a la devoción y el amor del pueblo brasileño por Nuestra Señora de Aparecida, puntualizó que la Virgen María es la Madre de la Iglesia y eso tiene una importancia suprema en la religiosidad de la cultura latinoamericana.

Enfatizó que los devotos de Nuestra Señora de Aparecida deben estar confiados en el infinito amor de la Virgen, el cual se fortalece cuando las familias unidas rezan el Santo Rosario en sus casas.

De igual modo, se refirió a la iluminación espiritual que concedió Nuestra Señora de Aparecida a los obispos latinoamericanos reunidos en el 2007 para elaborar el “Documento de Aparecida”, una guía pastoral y una bendición para toda la Iglesia.

“La devoción a Nuestra Señora de Aparecida demuestra la profunda fe de los fieles brasileños y el compromiso ante Dios de vivir el Evangelio en comunión con el resto de sus hermanos. Ella siempre nos conduce hacia Jesús y siempre encomienda al Hijo las dificultades de los hombres. Recemos siempre a la Madre de Dios”, anotó el obispo auxiliar de Washington. 

Al final de la misa, varios representantes de la comunidad católica brasileña de Washington agradecieron al obispo Dorsonville por aceptar presidir la celebración religiosa.  

Historia 

En 1717, el gobernador de Sao Paulo y Minas Gerais, don Pedro de Almeida y Portugal, Conde de Assumar, pasó por la villa de Guaratinguetá camino a villa Rica. Por tal motivo, los pobladores del lugar, queriendo agasajar al invitado, solicitaron a tres pescadores, Domingos García, Filipe Pedroso e João Alves, una provisión de peces.

Los pescadores se encontraban en el río Paraiba, arrojando sus redes en el agua, cuando de repente al levantar una de ellas, encontraron una figura rota de terracota de la Virgen de la Concepción, de tan solo 36 cm. Primero hallaron el cuerpo y al arrojar otra vez la red lograron ubicar la cabeza. Luego del suceso, la pesca, que hasta ese momento había sido escasa, fue tan abundante, que tuvieron que volver a la costa por el peso que tenían sus pequeñas embarcaciones.

Uno de los pescadores llevó la imagen a su casa y le realizó un pequeño altar, unos años después crearon un oratorio, lugar que era visitado por todos los lugareños. El 5 de mayo de 1743, se comenzó a construir un templo, que se inauguró el 26 de julio de 1745, venerando a la Virgen bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida.

El pueblo de Nuestra Señora Aparecida se encuentra a unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo. Se ignora completamente como es que la imagen fue a parar al río, pero si se conoce su autor, un monje de Sao Paulo, llamado Frei Agostino de Jesús quien la moldeo en el año 1650.

La Virgen es de color oscuro y esta vestida con un manto grueso bordado, sus manos se ubican en el pecho en posición de oración, fue coronada solemnemente en 1904, por don José de Camargo Barros, obispo de São Paulo.

El 16 de julio de 1930, Pío XI la declaró a Nuestra Señora Aparecida patrona de Brasil. El día 4 de julio de 1980, el papa Juan Pablo II visitó el santuario y le dio el título de Basílica.

“Documento de Aparecida”

El 31 de mayo de 2007 la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), o Conferencia de Aparecida, fue inaugurada por el papa Benedicto XVI en la ciudad que lleva el mismo nombre. Entre los puntos principales del documento aprobado por los obispos se destacan:

Impulsar la renovación de la acción pastoral de la Iglesia, que implica que todos sus miembros están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo, así como agentes de la nueva evangelización a nivel regional.

Respetar el patrimonio más valioso de la cultura de nuestros pueblos que es “la fe en Dios Amor”, renovando las comunidades eclesiales y estructuras pastorales para encontrar los cauces de la transmisión de la fe en Cristo como fuente de una vida plena y digna para todos, para que la fe, la esperanza y el amor renueven la existencia de las personas y transformen las culturas de los pueblos.

Los ejes principales estarán basados en el respeto a la vida, la comunicación y el testimonio de fe. También se reitera el compromiso de la Iglesia con la promoción de la dignidad humana, de la justicia y confirma la opción preferencial por los pobres y excluidos.

Solidaridad y familia, el documento de Aparecida hace mención especial a la importancia de la solidaridad internacional, la promoción de una cultura del amor en el matrimonio y en la familia. De igual modo, se hace referencia a la continuidad pastoral de los conceptos incluidos en los documentos de Medellín y Puebla.

Es importante recordar que en dicha conferencia del CELAM el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido presidente de la comisión que dirigió la constitución del documento. Sus diálogos y su papel de armonizador fueron muy importantes. Años después sería elegido Papa, adoptando el nombre de Francisco.