Las operaciones relacionadas con la exploración y el uso del espacio extra-atmosférico no son sólo logros científicos que pueden promover extraordinarios avances tecnológicos. Cuando se vinculan a la carrera armamentista en el espacio, son actividades que amenazan la seguridad y la sostenibilidad en la Tierra. Así lo subrayó esta semana en Nueva York, a la 74ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, monseñor Bernardito Auza, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU.

El Nuncio recordó en primer lugar las disposiciones del "Tratado sobre el espacio ultraterrestre" del 27 de enero de 1967, firmado por casi todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas: “En la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, los Estados Partes en el Tratado deberán guiarse por el principio de la cooperación y la asistencia mutua, y en todas sus actividades en el espacio ultraterrestre, incluso en la Luna y otros cuerpos celestes, deberán tener debidamente en cuenta los intereses correspondientes de los demás Estados Partes en el Tratado”.

Pero esta obligación, dijo monseñor Auza, plantea cuestiones considerables sobre los esfuerzos por interferir con los satélites de otros Estados o destruirlos, o sobre la introducción de armas en el entorno del espacio ultraterrestre. El observador permanente añadió que el ataque a los satélites desde el espacio o desde la Tierra es incompatible con el principio de cooperación y asistencia mutua en las actividades pacíficas en el espacio.

Seguridad de las plataformas espaciales 

Monseñor Auza también recordó que el uso continuo y creciente de plataformas espaciales que apoyan las comunicaciones, la navegación y las actividades comerciales en la Tierra pone de relieve la importancia de los esfuerzos para sostener la seguridad, la eficiencia y la sostenibilidad de dichas estructuras. Por lo tanto, debe prohibirse atacar o interferir en sus funciones. También debería prohibirse, dijo el nuncio, mover una plataforma espacial para interceptar a otra. Las actividades militares que dejan desechos también son censurables, pues estos residuos suponen una amenaza para otros objetos espaciales.

La importancia de los satélites para la vigilancia y verificación de los acuerdos de control de armamentos y de no proliferación, en particular los relativos a las armas nucleares, ya es universalmente aceptada, explicó posteriormente monseñor Auza. El nuncio también se refirió a la propuesta de instituir un órgano internacional para el control de los satélites (Isma) con la tarea de reunir y difundir información sobre las actividades relacionadas con el lanzamiento de objetos al espacio. El Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas ha indicado finalmente dos prioridades: mantener el espacio libre de armas de cualquier tipo y garantizar la viabilidad de los acuerdos de desarme en la Tierra. Estos compromisos, concluyó monseñor Auza, podrían reforzarse aún más mediante un acuerdo para inspeccionar las cargas antes de lanzarlas al espacio, a fin de garantizar que no sean armas. Vaticano News