Cuatro obispos, presidentes de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), urgieron al Dr. Stephen M. Hahn, comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), a asegurar que las vacunas para el COVID-19 se desarrollen éticamente y estén libres de cualquier conexión con la explotación del aborto.

El arzobispo de Kansas City, Joseph F. Naumann, presidente del Comité de Actividades Pro-Vida; el arzobispo de Oklahoma City, Paul S. Coakley, presidente del Comité de Justicia Doméstica y Desarrollo Humano; el obispo de Fort Wayne-South Bend, Kevin C. Rhoades, presidente del Comité de Doctrina; y el obispo de Marquette, John F. Doerfler, presidente del Subcomité de Asuntos de Salud; son los firmantes de la carta al comisionado de la FDA, a quienes se unieron líderes de muchas organizaciones de salud, bioética y pro-vida.

La carta expresa un firme apoyo a los esfuerzos para desarrollar una vacuna eficaz, segura y ampliamente disponible lo antes posible, pero también insta enérgicamente al Gobierno federal a "garantizar que se sigan los principios morales fundamentales en el desarrollo de esas vacunas, lo más importante, el principio de que la vida humana es sagrada y nunca debe ser explotada".

La carta señala que "entre las docenas de vacunas actualmente en desarrollo, algunas se están produciendo utilizando líneas celulares viejas que se crearon a partir de las células de los bebés abortados". 

Además, "no hay necesidad de utilizar líneas celulares éticamente problemáticas para producir una vacuna COVID o cualquier vacuna, ya que otras líneas celulares o procesos que no involucran células de abortos están disponibles y se están utilizando regularmente", afirmaron los firmantes. 

"Es de vital importancia –agregan- que los estadounidenses tengan acceso a una vacuna que se produce éticamente: ningún estadounidense debe ser obligado a elegir entre ser vacunado contra este virus potencialmente mortal y violar su conciencia.”