“Sé que no la están pasando fácil, que hay dificultades de todo tipo: legales, sociales, espirituales. Pero no dejen de orar a la Santísima Virgen para salir adelante”, con estas palabras, el obispo de Sonsonate, Constantino Barreda Morales, inició su homilía en honor al Divino Salvador del Mundo celebrada, el 4 de agosto, en la iglesia de Santa Catalina de Labouré en Wheaton, MD.

En 1456, el papa Calixto III estableció el 6 de Agosto en honor al Divino Salvador del Mundo,en reconocimiento a la victoria obtenida por los cristianos contra los musulmanes en Belgrado.

En 1525, cuando San Salvador es fundado como una villa, las fiesta agostinas empiezan a tomar forma y cada 6 de agosto, durante los años de la colonia (1526 hasta por lo menos 1777), se celebraba ya al Divino Salvador del Mundo. 

En la actualidad, se observa la tradicional "bajada", acto religioso celebrado con mucho fervor por miles de salvadoreños en el cual se recuerda el pasaje bíblico de la Transfiguración de Cristo.

Al final de la Alameda Roosevelt, en lo que se conocía como Plaza de las Américas -hoy Plaza Salvador del Mundo-, se erigió en honor del Divino Salvador la estatua que en un principio decoraba la tumba del Dr. Manuel Enrique Araujo, quien fuera presidente de la República de 1911 a 1913. La estatua fue obsequiada por la familia Araujo y el monumento fue develado el 26 de noviembre de 1942, en ocasión de celebrarse el primer congreso eucarístico nacional en San Salvador.

Desde su fundación en 1951, sólo ha conocido tres pastores en seis décadas. La parroquia también incluye un centro de enseñanzas que era administrado por las Hermanas de la Caridad hasta el 2004. La transformación que ha sufrido la comunidad se ha visto reflejada también en cómo la Iglesia se ha visto influida por diferentes matices de grupos inmigrantes, particularmente centroamericanos y sudamericanos quienes llenan el local parroquial con cada misa semanal en español. Costumbre que fue instituida en 1995. 

Este domingo 4 de agosto, el auditórium del centro educativo se vistió de gala por la procesión del Divino Salvador, las danzas típicas y las comidas tradicionales salvadoreñas. Los feligreses hicieron largas colas después de la misa para degustar y disfrutar de la compañía de compatriotas e hispanos de diferentes nacionalidades. 

“La verdad es que es la primera vez que vengo a esta iglesia y me doy con la sorpresa de que un obispo salvadoreño está dando la misa. En realidad, me encantó todo lo que se habló. Me gustaría volver”, comentó María Camila Garzón, colombiana con esposo estadounidense quien salía de la celebración eucarística con una sonrisa en los labios. 

Maribel Zavala, salvadoreña y madre que inculca a su familia la importancia de las buenas costumbres religiosas y de la cultura centroamericana espera que todos los salvadoreños se unan para componer al país luchador. A ella le encantaría regresar y poder pasearse y hacer que su familia conozca a su país. 

Fidel Granados -uno de los organizadores de este evento- nos dice: “Es una alegría cada año. Ya van 28 años que llevamos celebrando esto. Gracias a Dios, como decía el obispo, nuestro Salvador del Mundo es de todos, no sólo de los que venimos de “El Pulgarcito de América”. Para mí es una bendición que puedan contar conmigo para hacerlo cada año.

El 11 de junio de 2012, el papa Benedicto XVI nombró al sacerdote Constantino Barrera Morales (48) obispo de Sonsonate, en El Salvador. En ese momento, el ahora obispo era rector del Seminario Mayor Nacional San José de la Montaña, en San Salvador.

Barrera Morales nació en Cantón Rojita, Ciudad Victoria, en el departamento de Cabañas, diócesis de San Vicente, el 18 de diciembre de 1963. En su homilía del 4 agosto mencionó que las autoridades ante todo son buenas personas quienes se olvidan de Dios y del camino correcto de manera temporal. 

Por ello, hay que rezar al Divino Salvador para que renueven su compromiso con las normativas y leyes de cada país. Así, puedan regresar a la gracia de Dios porque en los evangelios se lee que cuando se es autoridad, siempre se tiene que mirar al Altísimo ya que existimos por y para el Señor. Somos su creación. Y como tales, estamos siempre caminando en el amor de Dios.

En su visita a Wheaton, durante las festividades del Divino Salvador, el obispo Barrera dijo: “Me siento como en casa porque los salvadoreños tienen muchas ilusiones, muchas esperanzas, muchos sueños que quieren cumplir. Es sólo que se encuentran en un país diferente pero las ganas de salir adelante son las mismas. Venir aquí una vez más es como estar en casa. Siempre es una alegría estar en la comunidad salvadoreña porque el corazón es el mismo, esté donde esté.”

“El Salvador es un paraíso, es un bonito país. Muchas personas escuchan cosas malas de El Salvador pero es debido a unos pocos que lastimosamente lo arruinaron. Sabemos de la corrupción de funcionarios pero hemos ido trabajando por la transformación. Gracias a Dios se ha creado una etapa de esperanza, de asomo a la paz, a la tranquilidad. Esperamos crear trabajos para los jóvenes y un futuro prometedor para la niñez”, acotó.