La violencia originada por el crimen organizado, crisis económicas y ambientales, pobreza, malnutrición infantil, hambre y escasez de servicios básicos o de salud, tales como el agua o la electricidad, son los principales motivos que continúan forzando a miles de guatemaltecos a migrar.


Álvaro Ramazzini, obispo de la diócesis de Huehuetenango, Guatemala, aprovechó su visita a la parroquia de San Marcos para abordar los puntos comunes de la migración centroamericana: el cambio climático, la hambruna y el extractivismo (explotación intensiva de recursos naturales).


El departamento de Huehuetenango, situado en la región noroccidental del país y limítrofe al norte y oeste con México, es territorio de varios pueblos indígenas y explotaciones mineras de multinacionales. Por la ubicación de este territorio, monseñor Ramazzini ha vivido de primera mano situaciones extremas en una de las regiones de Guatemala que ha sufrido más intensamente el éxodo de su pueblo; por esta razón disertó sobre temas migratorios, de industrias mineras y de posesión de tierras en Guatemala.


La organización Pan para el Mundo, obra de ayuda de las Iglesias Evangélicas Regionales y Libres de Alemania, organizó la Cumbre de Defensa el pasado 10 y 11 de junio con objeto de que los integrantes y activistas de dicha organización pudieran comunicarse con los miembros y el personal del Congreso estadounidense. Monseñor Ramazzini fue invitado a dicha Cumbre con el fin de aportar un mensaje de fe y su testimonio particular, como persona que sirve a los más necesitados en Guatemala. 


“El obispo ha venido para reunirse con representantes del Congreso, la mayoría de los cuales son católicos, para transmitir el mensaje de que la migración no es solamente un tema de defensa y de seguridad nacional, sino que también hay que tratarlo desde el punto de vista de la prosperidad de la propia persona”, manifestó durante la Cumbre de Defensa Dulce Gamboa, socia de las relaciones latinoamericanas de la organización Pan para el Mundo.


Las explotaciones mineras en Guatemala son una fuente de preocupación para la gran mayoría de guatemaltecos, ya que no se respetan los derechos humanos, y las multinacionales mineras que se instalan en el país no llevan a cabo ningún proceso de consulta para cerciorarse de que los pueblos indígenas decidan de manera libre e informada si conceden o no las licencias de explotación. Asimismo, las ganancias que obtiene Guatemala del total de los beneficios de una multinacional minera son sólo del uno por ciento. 


El acceso a una educación digna es otro de los problemas que persisten en Guatemala. La enseñanza se imparte en español, idioma que muchas personas indígenas no hablan. Y el hecho de no hablar el español conlleva que a estas personas se les haga más difícil el acceso a la justicia, bien porque hay pocos tribunales accesibles desde áreas rurales, o bien porque los jueces no entienden gran parte de la estructura de la justicia indígena, de manera que acaban criminalizando a aquellos que aplican la justicia indígena. 


Actualmente las remesas constituyen “uno de los principales medios de financiación para muchas familias de Guatemala”, según datos del Banco de Guatemala del año 2018. La suma de las remesas que los migrantes mandaron desde Estados Unidos en el 2018 representa un 11.8 % del PIB del país. Por consiguiente, según monseñor Ramazzini: “El país aún no ha colapsado, porque no se han reducido los envíos de dinero de Estados Unidos a Guatemala”.


El obispo Ramazzini se refirió también durante su discurso en la Iglesia de San Marcos a la falta de inversiones en su país para el aprovechamiento del agua. “Si hubiese más sistemas de irrigación en Guatemala, podríamos tener más cosechas independientes. Por eso, cualquier programa de ayuda debería ofrecer tecnología adecuada para que nosotros podamos tener nuestro propio riego”. Guatemala dispone de muy pocos canales de riego y, por ese motivo, se desaprovecha la capacidad de abastecimiento de agua que ofrecen los ríos o los mantos subterráneos.