Cincuenta años después que 20 millones de personas celebraron en Estados Unidos el primer Día de la Tierra una pandemia ha dejado sin empleo a más de 22 millones de trabajadores en este país, y ha cortado drásticamente el consumo de gasolina y la contaminación del aire en las metrópolis.

"Si bien todavía tenemos un largo camino por recorrer hacia un planeta saludable y sostenible para todos y todas, también hemos recorrido un largo camino desde el primer Día de la Tierra", afirmó en una declaración el grupo ambientalista EarthJustice.

Las actividades que se han hecho tradición en esta jornada anual, incluidos los festivales musicales y las movilizaciones de miles de personas para plantar árboles y limpiar arroyos y parques, no ocurrirán hoy cuando casi dos tercios de la población del planeta están sujetos a medidas de aislamiento para contener la pandemia de la COVID-19.

El "encierro" global ha reducido la demanda de combustibles y la actividad económica, llevando los precios del petróleo a caídas significativas, mientras que por las calles casi sin tránsito se aventuran animales silvestres, y en las ciudades con mayor contaminación del aire la gente puede ahora ver el cielo.

En lugar de aquellas actividades, los grupos organizadores han lanzado un "webinar" global con mensajes de personalidades famosas, y llamados para que la ciudadanía se ponga en contacto inmediato con sus representantes legislativos elegidos y las autoridades gubernamentales, instándoles a continuar las políticas de defensa ambiental.

Ya en enero de 1970 el presidente republicano Richard Nixon había promulgado la Ley Nacional de Política Ambiental (NEPA, en inglés), aprobada en el Congreso por una amplia mayoría partidista que reflejaba el consenso social y la energía de la militancia ambiental gestada en las turbulencias sociales y la era de los "hippies".

Las demostraciones multitudinarias de aquel 22 de abril apuraron a Nixon en la creación de la Agencia de Protección Ambiental, la cual inició sus operaciones en diciembre de ese mismo año.

Blanco permanente de la sorna y las críticas de sectores conservadores, el movimiento de defensa ambiental se entrelazó con las luchas contra la globalización en la década de 1990, y ya en su cuarta década se fortaleció con las movilizaciones mundiales sobre el cambio climático.

Los sucesivos presidentes de Estados Unidos han respaldado con mayor o menor entusiasmo las leyes, regulaciones y programas para reducir la contaminación ambiental y el consumo de combustibles fósiles, y para preservar áreas y especies silvestres, pero el presidente Donald Trump ha emprendido una política que elimina regulaciones y abre para la explotación petrolera áreas hasta ahora protegidas.

"La Casa Blanca ha subestimado completamente al pueblo estadounidense", dijo Stephen Schima, asesor legislativo de EarthJustice, "La NEPA ha sido vital para proteger a las comunidades vulnerables y ahora la Casa Blanca trata de debilitarla para que la industria pueda tener más lucros".

Según una encuesta mundial de Gallup, el 56 por ciento de los estadounidenses está insatisfecho con los esfuerzos hechos para reducir la contaminación y mejorar la calidad del ambiente en contraste con, por ejemplo, China donde la satisfacción es compartida por el 85 por ciento de los encuestados.

El 83 por ciento de los estadounidenses está satisfecho con la calidad del agua en la región donde viven y el 83 por ciento está satisfecho con la calidad del aire. EFE