Todos en algún momento de nuestra vida vamos a tener necesidades especiales, así que tenemos que ver a las personas que viven con discapacidades como nuestros hermanos, aceptarlos, acogerlos en las parroquias, reconocer en ellos la presencia de Dios, afirmó el doctor Miguel Romero durante un reciente simposio realizado en la Universidad Católica de América (CUA).

Basándose en argumentos teológicos, Romero instó a un cambio de mentalidad: 

"No son discapacitados, no son una clase de hermanos. No son una especie separada, especial o rara. Nuestras vulnerabilidades y flaquezas no son especiales. Todos vamos a vivir la dependencia de nuestro cuerpo".

Este catedrático, que enseña un curso de teología centrado en la discapacidad, hizo un relato cristiano sobre la discapacidad, la vulnerabilidad y cómo el evangelio pone en duda lo que damos por sentado sobre la discapacidad, durante su presentación titulada "Maravillosamente creados: creación, dignidad humana y el regalo de la vulnerabilidad".

El orador hizo referencia en su presentación a los diferentes enfoques de santo Tomás y san Pablo sobre el tema y dejó en claro que "el motivo principal de la discapacidad está al pie de la cruz".

Señaló como punto de partida la bondad, la verdad y la belleza absoluta de nuestro creador que nos llevó de la nada a todo. Los seres humanos "somos fiel reflejo de Dios y llegamos a amarlo -algo que otras criaturas no hacen".

Quien se concentró en el pensamiento teológico sobre la discapacidad, hizo alusión a las palabras del papa Francisco al recalcar que "el hombre no puede disponer de la vida".

Los cristianos -dijo- consideramos las vulnerabilidades humanas como dones.

"El cuerpo humano es delicado, está expuesto, es frágil, es una aguja en un océano", destacó haciendo eco de frases de santo Tomás, quien se pronunció sobre las maravillas de la creación. 

"Ser vulnerable es un don y es mejor para el ser humano ser vulnerable. Nuestras imperfecciones son un regalo de Dios y nos hacen falta". 

Ese cuerpo vulnerable es el que puede acercarse a la amistad con el creador. Nuestros quebrantos e imperfecciones nos hacen falta para ser amigos de Dios -dijo Romero en el simposio llamado "Reconociendo el cuerpo de Cristo: implicaciones teológicas sobre la discapacidad".

Argumentó que las dolencias no es algo que deseamos, pero son necesarias. "En nuestra vulnerabilidad está la creación de Dios", expresó en el evento auspiciado por la Alianza Nacional Católica (ncpd.org) y el Instituto para la Ecología Humana de CUA.

Según este experto, la teología nos ilumina el camino para comprender y apuntalar (reforzar) nuestra fe. 

Ante la audiencia conformada por religiosas, clero, líderes de la pastoral y catequéticos, seminaristas, estudiantes de teología y académicos, este experto dijo que el objetivo de la reunión era precisamente entender mejor lo que son los seres humanos.

"En el arco, en la trayectoria de la vida, al hacer camino al andar, estamos todos -dentro de nuestras propias circunstancias- y cada cual sabe sus limitaciones y flaquezas", dijo instando al conocimiento de uno mismo. 

Claro, no todos tienen el don de darse cuenta de ello, porque de hecho, distamos mucho de ser perfectos.

Jay D. Flynn, moderador del simposio, contó a los presentes que tiene dos hijos con síndrome de Down y dio fe de la gracia que han traído a su vida. "Es tan grande la bendición que cada individuo trae a nuestra vida", dijo.

Subrayó que los católicos con discapacidades tienen una misión apostólica especial. "Todos somos seres humanos, hijos de Dios con o sin discapacidades. Todos somos parte del cuerpo de Cristo".