Estados Unidos ha sido uno de los países más afectados por el coronavirus, por el número de fallecimientos, contagios y desempleados. Su prioridad es responder a esta crisis nacional que está afectando a todos los sectores, pero debe continuar apoyando a los países más vulnerables que también están siendo gravemente golpeados por la pandemia. No hacerlo impactaría indirectamente su economía y su rol en el liderazgo mundial.

En una reciente conferencia virtual –"Iniciativa de diálogo sobre las dimensiones globales de la crisis del coronavirus"- se ahondó en la importancia de ayudar al hermano en necesidad reafirmando que -para los cristianos- la solidaridad con el que sufre no tiene fronteras.

"Lo que podemos hacer es apoyar a organizaciones que abogan por los más pobres del mundo como Bread for the World y Catholic Relief Services (CRS), llamar a los congresistas y pedirles que destinen más fondos para la ayuda internacional", dijo David Beckmann, presidente de Bread for the World y la Alianza para acabar con la Hambruna. 

Bread for the World es un movimiento cristiano que aboga para ponerle fin al hambre en el mundo mientras la alianza agrupa a corporaciones, universidades y diversos grupos de fe para responder ante la hambruna.

El moderador John Carr, director de la iniciativa para el pensamiento social católico y vida pública que auspició la conversación, reconoció que paliar el hambre (y otros problemas socioeconómicos derivados de la pandemia) en Estados Unidos es el principal foco en este momento.

Pero Beckmann dijo que no hay que olvidar la hambruna que se vive en el mundo. "Hay que enfocarse en las dos y hay razones económicas para hacerlo", dijo el ministro luterano que recibió el premio internacional "World Food Prize 2010" y es autor del libro "Exodus from Hunger".

Su argumento se basa en las Sagradas Escrituras: "El Evangelio refleja una historia tremenda, nos insta a pensar en el mundo en una totalidad y ese es un mensaje muy poderoso".

Considera que esa visión de pensar en el hermano más vulnerable, más allá de las fronteras, debe sembrarse e incentivarse en las parroquias. "No hay que hablar solo de lo que pasa en la parroquia, sino de lo que pasa en el mundo".

Describió el desalentador panorama económico: "La economía está en recesión, la agricultura en el mundo está siendo gravemente afectada, hay destrucción de plantaciones, mientras muchos en África están pasando hambre y dependen de EEUU, especialmente en áreas remotas".

Durante la actividad virtual, auspiciada también por CRS, se hizo hincapié en que "la vida y dignidad de las personas están bajo amenaza en lugares donde no cuentan con los recursos, la capacidad o infraestructura para contener, tratar o mitigar enfermedades mortales como el COVID-19".

Los panelistas afirmaron que los principios cristianos sobre el valor de la vida humana y la dignidad, la solidaridad, la subsidiariedad y obrar en pro del bien común son principios que deben guiar la respuesta a esta crisis a nivel mundial. Hay una obligación moral por parte de Estados Unidos -dicen- de atender las necesidades de sus propios ciudadanos, incluyendo los inmigrantes, refugiados, pobres y vulnerables a nivel nacional y en los lugares más pobres del mundo.

Este diálogo emerge en respuesta a los retos que manifestó el papa Francisco en su mensaje del Domingo de Pascua: "Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. Qué Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los refugiados y a los que no tienen un hogar. Qué estos hermanos y hermanas más vulnerables, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no sean abandonados".

El cardenal Peter Turkson considera que la reciente Semana Santa, vivida de modo inusual bajo las restricciones impuestas para evitar la propagación del coronavirus, dio la oportunidad a los creyentes de ver el real dramatismo de la pandemia, el sufrimiento de la gente. 

"Es lo que simboliza la Semana Santa y la Pascua: pasar de la oscuridad a la luz", dijo. Se puede observar (y se sigue observando o padeciendo) "la oscuridad de esta pandemia, familias destruidas, pero también se puede ver que la luz brilla, que viene la luz, con un implícito mensaje de esperanza". 

El cardenal hizo eco de las palabras del Papa, quien describe la esperanza y solidaridad como un nuevo contagio que supera la oscuridad de la pandemia, la cual ha causado dolor, ha destruido familias y se ha llevado a sus seres queridos. 

Se hace difícil -dijo- pensar más allá de la familia, comunidad y país de uno en medio de esta crisis, pero el reto del papa Francisco es que veamos que "la humanidad es una misma familia que permanece unida".

Recalcó que si bien encaramos retos y hay una tendencia a la negatividad; también hay esperanza en este tiempo de crisis, cuando es importante servir a los otros y esforzarse para que la gente esté segura.

Turkson, oriundo de Ghana (África) encabeza la nueva comisión del Vaticano para el COVID-19, que analiza la situación de la pandemia y toma decisiones al respecto.

Si bien "esta pandemia es un reto, la gente tiene que concentrarse en la eucaristía, rezar, hacer comunión espiritual, tenemos que unirnos y buscar soluciones ante esta pandemia, reunir recursos para alcanzar esas soluciones y escuchar el lamento de los pobres", dijo el cardenal.

Se sumó al diálogo Haydeé Díaz, directora de programas de Catholic Relief Services (CRS) en Uganda, contó que ese país africano se declaró un cierre total para frenar la propagación del virus: "No hay transporte y la gente tiene que caminar para comprar la comida".

Un 85 por ciento de la población se dedica a la agricultura (un sector que está paralizado en estos momentos) y ganan poco -dijo esta católica cubana que también ha servido como directora de CRS en El Salvador y Honduras.

"Los católicos estadounidenses están haciendo una gran diferencia en la vida de los pobres en Uganda y otros países de África y del mundo", dijo refiriéndose a los programas que CRS lleva a la acción con los donativos que recibe por medio de programas como Plato de Arroz.

Puso como ejemplo a una religiosa franciscana en la capital, Kampala, que recibió 500 dólares de CRS, contrató 28 personas para coser tapabocas y ha distribuido miles. Es una forma de ayudar y de crear empleo.

A Haydeé le preocupa que mucha gente no tiene agua en sus hogares y no saben de dónde vendrá el próximo plato de comida. Contó de un agricultor de caña de azúcar en Kampala, quien ve a los niños hacer fila fuera de su casa. La caña de azúcar es ahora la única comida para muchas familias.

Los enfermos de VIH también están pasando hambre y no tienen insumos para vivir.

"Muchas personas están sufriendo pérdidas en este momento y los católicos podemos ser la voz de las familias vulnerables de Uganda y otras partes del mundo", puntualizó.

CRS trabaja con familias en necesidad en Uganda y en cien países. "Escuchamos las necesidades de la gente y respondemos acorde a la cultura de ese país. Trabajamos con madres de familia, les ayudamos para que puedan proveerle alimentos a su familia, sembrar un huerto en el hogar. Trabajamos para proveerles agua, desinfectantes de manos y damos apoyo a las autoridades de salud".

Uganda es una extensión de nuestra familia católica, son nuestros vecinos en el mundo -dijo.

"El mundo pobre realmente nos necesita y este es un tiempo perfecto para mostrar compasión y solidaridad", dijo Haydeé alentando a rezar por los más vulnerables y donar en CRS.org.