En el invierno la presencia de jornaleros en las esquinas aledañas a los centros comerciales de Langley Park (Maryland) se incrementa notoriamente. Todas las mañanas decenas de trabajadores inmigrantes esperan un “jale” (trabajo temporal) que les permita ganarse honradamente unos dólares, pero corriéndose el riesgo de ser estafados por malos contratistas.

Hasta allí llegan contratistas buscando personas que les ayuden en diversas labores, como pequeños trabajos de remodelación, mudanzas y traslado de mercadería navideña. A pesar de los esfuerzos de varias organizaciones comunitarias para evitar los fraudes, varios trabajadores admiten haber sido engañados al momento de recibir sus pagos.

Alberto Méndez, oriundo de San Miguel (El Salvador), dijo que cada vez que termina el verano los trabajos de construcción se reducen significativamente, obligando a muchos trabajadores a pararse desde las 5 de la mañana en Langley Park con la esperanza de conseguir algo de dinero para llevar a su hogar. 

“Sin papeles migratorios en regla nadie puede pensar en trabajar en grandes proyectos o en obras que necesitan mantenimiento permanente. Todos los que estamos aquí tenemos miedo a las redadas y a la deportación, pero existe la urgencia de conseguir dinero para mantener a nuestras familias. Todos los días son muy inciertos para los jornaleros de Langley Park”, comentó Méndez. 

Agregó que muchos hablan de las millonarias ventas logradas en el “viernes negro”, otros hacen listas con los regalos para la familia en Navidad, pero la mayoría ignora que los trabajadores indocumentados viven una crisis económica permanente y por eso esperan en las esquinas a los contratistas para que los contraten por horas, con el riesgo de ser engañados al momento de reclamar su pago.

“En el invierno la ‘esquina’ es la única vía de supervivencia para muchos trabajadores que carecen de estatus migratorio. Aquí todos compartimos nuestros problemas y carencias, pero jamás perdemos la fe de que todo terminará cuando se apruebe una reforma migratoria”, mencionó el inmigrante salvadoreño. 

El guatemalteco Belmore Cruz, quien frecuenta la ‘esquina’ de Langley Park desde hace tres años, señaló que al miedo de ser arrestados por los agentes de inmigración se suma el hecho que constantemente son obligados a desalojar los estacionamientos argumentando que “molestan” a los conductores o que somos unos “borrachos” que incomodamos a los clientes. 

"Ya estamos acostumbrados a este tipo de situaciones. Entendemos la incomodidad de algunos comerciantes o clientes, pero también sabemos que muchas personas necesitan de nuestros servicios. Por ejemplo, ayer una señora mayor me pidió que le ayude a cambiar la puerta de su casa y le arregle unos gabinetes de su cocina. Ella no habla inglés, gana muy poco y nosotros con cuarenta dólares la ayudamos a solucionar sus pequeños problemas”, manifestó Cruz.

El nicaragüense Ernesto García admitió que varias organizaciones comunitarias, como CASA de Maryland, no solo han ayudado a los trabajadores informales ante casos de abuso policial o estafas, sino que siempre ofrecen cursos de capacitación laboral a bajo costo.

“El problema no son los trabajadores informales o la falta de capacitación laboral, sino la ausencia de una reforma migratoria que nos permita salir de las sombras. Las organizaciones comunitarias hacen lo que pueden para evitar los abusos, pero mientras uno sea indocumentado los buenos trabajos estarán fuera de nuestro alcance”, acotó García.

Es importante recordar que el año pasado se inauguró el Centro de Trabajadores de CASA de Maryland en Wheaton, en donde se brinda capacitación laboral a trabajadores inmigrantes de diferentes países. En los últimos meses se ha logrado atender a cerca de un millar de solicitudes de empleo temporal en la zona. 

Alarmante estudio

Un estudio de la Universidad de Denver difundido recientemente refleja que casi dos de cada tres jornaleros de Colorado, la gran mayoría de ellos hispanos indocumentados, son víctimas de robo de salarios y sólo unos pocos pueden recuperar una parte del dinero.

El 62 por ciento de los 411 jornaleros entrevistados admitió el robo de salarios, de los cuales un 50 por ciento inició gestiones para obtener el pago acordado y sólo unos pocos lograron que se les entregara al menos una parte.

El trabajo de campo reveló que muchos de los jornaleros no reportaban el robo de salarios por la vergüenza de haber sido engañados o para no hacerles saber a otros que habían sido "explotados".

A nivel nacional, el Instituto de Políticas Económicas (EPI) estima que 2,4 millones de trabajadores pierden más de 8.000 millones de dólares cada año por salarios no percibidos y que el problema afecta al 17 por ciento de los trabajadores de bajos ingresos.

AYUDA

Wheaton Center–Casa Maryland (11425 Grandview Ave., Silver Spring, MD 20902). Inf: (301)933-4461.