Hoy 15 de agosto la Iglesia Católica celebra la Asunción de Nuestra Señora a los cielos. María participando de nuestra condición humana ha sido, desde el principio de su existencia, revestida de especial gracia, María excepto del pecado original siempre respondió a su vocación y a la voluntad de Dios, durante su paso por la tierra, con una ejemplar generosidad y amor a Dios. 

El hecho de su merecido triunfo en los cielos se debe a su compromiso en la tierra como criatura de Dios, lo que nos debe hacer pensar que los que anhelan el cielo deben trabajar intensamente en los muchos o pocos años que Dios nos permite peregrinar en este mundo. El punto fundamental es el de poner en una acertada dimensión y alcance a nuestra existencia. Hay quien se contenta diciendo que va a vivir cien años en este mundo, olvidando las palabras sabias del salmo 90, 4: “Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche”.

La existencia a la luz de María no es acerca de ella misma, sino acerca de la voluntad de Dios en su vida, de Jesucristo su hijo y en definitiva de la humanidad, por esta razón le llamamos madre de la Iglesia. Ella no se reservo para sí misma ningún derecho o crédito, al contrario la vemos obediente, humilde y en silencio. Sin embargo su corazón arde por el celo de Dios. Por esto también la encontramos al pie de la Cruz y presidiendo el Pentecostés de la Iglesia. María nos muestra que aquellos que renuncian a sí mismos, encontrarán la plenitud de Dios en su vidas. La Asunción entonces es la culminación de una tarea bien desarrollada en pro de los otros. Ser instrumentos de Dios es lo mejor que le puede pasar a un ser en su existencia. 

De la Asunción entonces contemplemos nuestra propia realidad. A qué venimos a este mundo, sabemos el plan de Dios en cada una de nuestras existencias, a lo mejor le damos el tiempo suficiente en nuestra oración no para que nosotros lo aturdamos con nuestros ruegos, sino por el contrario para que Él nos hable y nos traiga su mensaje. Recordemos como en Mateo 17, 5 Dios nos dice: “Este es mi Hijo predilecto en quien me complazco escúchenlo”.

El medio ambiente, los pobres, los inmigrantes, los refugiados, los rechazados y todos aquellos que hoy lloran necesitan de nuestro amor y solidaridad, con estas acciones y obras, todos ellos podrán reconocer la presencia de Jesús. Maria en la Historia de la Salvación tiene un papel predominante no porque ella nos salvo, sino porque siendo el instrumento de Dios nos proporcionó al Salvador del Mundo. Por esta razón, les invito que al celebrar y recordar la Asunción de María a los cielos siempre recordemos que hay una vocación a la que tenemos que responder, una misión que debemos realizar y una aspiración a la santidad y a la presencia sacramental de Dios en nuestras vidas que por su inmensa bondad, día a día en nuestros años vividos aquí en esta tierra y en el transcurso de los mismos, nos dejará vislumbrar la corona de la eternidad, aquella que no se apagará jamás, porque finalmente descansaremos en la presencia de Dios. 

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre Dios.