La muerte de George Floyd -que reavivó las protestas contra el racismo y la injusticia social en EEUU-, el devastador impacto de la pandemia COVID-19 entre los más vulnerables y la brecha digital que ha acrecentado las desigualdades sociales fueron los críticos temas que se abordaron en un reciente encuentro virtual de líderes hispanos organizado por la Iniciativa sobre el Pensamiento Social Católico y la Vida Pública de la Universidad de Georgetown.

Michael Okińczyc-Cruz, director de la coalición para el liderazgo espiritual y público en Chicago (IL), señaló que las minorías llevan mucho tiempo soportando sus propias luchas y que las protestas surgidas a raíz de la muerte de Floyd han puesto sobre la mesa temas como el hecho de retirarle el apoyo financiero al departamento policial en Estados Unidos y reformar radicalmente el sistema judicial. 

Sin duda alguna, la muerte de Floyd reavivó el debate sobre el abuso policial y la violencia racial en América.

“Creo que este es un momento en el que los católicos cristianos debemos reflexionar acerca de cuál es nuestro rol. En esencia, Jesús altera el sistema de explotación de la inmigración ilegal y de la idolatría religiosa. Por eso, como católicos cristianos, tenemos que reconocer que estamos llamados a alterar los sistemas, estamos llamados a ejercer más coraje, estamos llamados a estar en la calle en estos momentos”, manifestó Okińczyc-Cruz.

Por su parte, el obispo Mario Dorsonville se refirió a la pandemia por coronavirus que azota el país y al coraje con que están afrontando la situación los jóvenes inmigrantes: “Los jóvenes son el presente y el futuro de la iglesia católica, ellos son las estrellas que brillan durante esta pandemia, ya que están batallando en primera fila, trabajando en hospitales, en restauración, en el campo, sirven y se exponen al peligro”. 

Ciertamente, agregó, cuántos jóvenes han llegado a Estados Unidos en busca de una vida mejor, ayudando con su trabajo a forjar la economía del país y, en momentos tan complicados como los actuales, están peleando en primera línea de batalla, por utilizar una metáfora muy acorde con la realidad actual, y contribuyendo con su labor al bien común.

De las declaraciones de Okińczyc-Cruz y de monseñor Dorsonville se colige que cuando los católicos hablan del movimiento Black Lives Matter, originado en la comunidad afroamericana en el 2013 como consecuencia de la muerte de un adolescente negro, se refieren también a todos los inmigrantes, independientemente de su etnia, color de piel o procedencia. 

Lo que se está viviendo ahora en América es un problema general, que exige ser enfrentado con una visión amplia y de conjunto, un problema que se ha afrontar desde una perspectiva global.

Otro de los participantes, Juan Belmán Guerrero, gerente del programa de la iniciativa Kalmanovitz para el trabajo y los trabajadores pobres en la Universidad de Georgetown, habló sobre el sentido de la colectividad entre los hispanos, para los cuales el apoyo financiero y moral a los seres queridos siempre ha sido una prioridad, así como el hecho de mantenerlos informados en todo momento sobre las cosas que les puedan beneficiar. 

La crisis sanitaria actual debería hacernos replantear nuestro individualismo posesivo, esa carrera por ganar y poseer que el neoliberalismo ha impuesto en los países desarrollados, y que nos sume en la miseria espiritual. Y nos debería hacer ver que lo que de verdad nos sustenta es el actuar en comunidad, apoyarnos los unos a los otros y, en definitiva, la cooperación y la fraternidad humana.

Olga Segura, escritora de origen dominicano, destacó la importancia de involucrar a la gente en un debate sobre temas desafiantes de actualidad, y que sean ellos mismos los que expongan las soluciones que consideren que podrían funcionar mejor en las comunidades en las que viven. 

Segura afirma que la era digital, en la que estamos metidos de lleno, nos ofrece herramientas útiles que se han convertido ya en indispensables en las sociedades desarrolladas. A pesar de ello, durante la pandemia hemos podido corroborar que la denominada brecha digital está acrecentando aún más las desigualdades sociales. 

Las generaciones jóvenes deberían abogar por fortalecer la democracia o corremos el riesgo de que unos pocos gigantes tecnológicos abusen de su posición de poder y eso se traduzca en el beneficio de unos pocos, explicó. 

Urge, pues, promover el razonamiento crítico entre los jóvenes, que las nuevas generaciones se pregunten sobre el modelo económico que quieren, para poder trasladar así sus aspiraciones a las urnas. Y urge que los partidos políticos apuesten por las nuevas generaciones, no comprometiendo su futuro ni poniendo en riesgo sus logros.