Los inmigrantes y refugiados que llegan a Estados Unidos merecen un juicio justo, necesitan más acceso a servicios y ser tratados con dignidad -dicen las organizaciones que abogan por ellos, se dedican a atenderlos y guiarlos en medio de una cultura nacional de rechazo al extranjero.

A esa cultura de rechazo, creada por el gobierno, hay que responder con compasión -según José Arnulfo Cabrera, director de educación y defensa de la inmigración en la Red de Solidaridad Ignaciana. 

Reconoce que tanto el gobierno del presidente Trump como el de Obama han aplicado programas antiinmigrantes muy fuertes, pero la Iglesia Católica aspira a un trato distinto para el que llega.

"Tenemos que ver nuestro sistema de inmigración con amor, operando bajo el principio de acoger a los migrantes con respeto y espíritu de bienvenida", dijo Cabrera hace unos días durante el foro virtual "Construyendo comunidades con sentido de pertenencia: identificando y enfrentando los apremiantes retos de inmigrantes y refugiados".

Luz Ostrognai, supervisora de inmigración de Caridades Católicas de la Diócesis de Fort Wayne-South Bend en Indiana, habló de los obstáculos legales y los desafíos.

Afirmó que las organizaciones comunitarias no dan abasto para atender a los asilados. "Ellos no tienen derecho a abogados ante los tribunales de inmigración y no hay agencias disponibles para suplir esta necesidad, entonces los inmigrantes no pueden recibir un juicio justo", comentó Luz en el marco de esta conferencia llamada "Iniciativa de Integración del Inmigrante Católico 2020" y auspiciada por el Centro para Estudios de Migración de Nueva York y la Universidad de Notre Dame.

Están siendo representados tras las rejas y es desgarrador -dijo.

"Los asilados no tienen beneficios ni atención médica y deben buscar sus propios abogados".

Considera que el gobierno debería destinar más fondos para los procesos de expulsión a fin de asegurar que, tanto el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) como la Patrulla Fronteriza, puedan explicarle claramente en su idioma a la persona que está solicitando asilo.

Sharon Granados, asociada en la oficina de desarrollo de la Red Internacional de Migración Scalabrini, destacó la importancia de establecer estructuras de apoyo.

Es importante, dice, considerando las múltiples crisis que han encarado los migrantes y refugiados. Ahora lo vemos con la pandemia, que ha sacado a la luz las injusticias y las brechas sociales.

La red se está enfocando en la creación de trabajo, también quiere asegurarse de que los que llegan tengan acceso a programas de nutrición. "Y hay que batallar contra lo mismo en los países de origen", señaló.

Para la red, el acceso a vivienda y servicio de salud también es prioridad, por eso recalcó la necesidad de más recursos para poder ofrecer estos programas a nivel local.

"Tenemos que seguir protegiendo los derechos de los inmigrantes y garantizar la estabilidad de las instituciones católicas (que apoyan al migrante)", afirmó en el foro virtual. 

Aspiran a un cambio estructural y para ello abogan a favor de la justicia, en apoyo a las instituciones que brindan servicio a estas personas vulnerables, y crean conciencia sobre las necesidades de los migrantes.

San Centellas, director ejecutivo de la Casa de Amistad (Indiana), afirma que las organizaciones sin fines de lucro que dan servicios al migrante aspiran a algo mucho mejor para poder servir al que viene a Estados Unidos. "Tenemos que reconocer que todos somos seres humanos, que los inmigrantes aportan al país y lo que buscan es sacar adelante a sus familias", expresó convencido de que al brindar mayor acceso a los servicios se puede crear un mundo más justo. 

Cree que es importante propiciar el sentido de pertenencia entre los indocumentados, ya que tienen necesidad de sentir confianza.

Esa confianza debe ser fortalecida para que se sientan bienvenidos y en casa -dijo.

"Tenemos que ser inclusivos, preocuparnos por la salud y el bienestar de todos", puntualizó Sam, cuya organización promueve el concepto de que ningún ser humano es ilegal.

Las personas que vienen son un aporte -según dejó en claro Brenda Noriega, educadora de misión en la organización Padres y Hermanos Maryknoll, haciendo eco del mensaje del papa Francisco.

"No es cuestión de solo darles ropa y proporcionarles alivio a sus necesidades inmediatas. Muchas veces estas personas llegan sin nada, solo con sus esperanzas y sueños, con sus dones y talentos. Hay que buscar la manera de hacerles ver que no son una carga sino algo positivo y que tienen algo que aportar a este país".

Conscientes del ambiente antiinmigrante imperante, los participantes subrayaron que -desde la perspectiva católica- el racismo es un pecado y no tiene cabida. Las iglesias son los lugares propicios para entablar el diálogo contra el racismo -dijeron.