Cinco capítulos, más una introducción y una breve conclusión: así se articula el “Documento Final de la Asamblea Especial para la Región Panamazónica”. Entre los temas que se examinaron figuraban la misión, la inculturación, la ecología integral, la defensa de los pueblos indígenas, el rito amazónico, el papel de la mujer y los nuevos ministerios, especialmente en las zonas donde el acceso a la Eucaristía es difícil.

Conversión: este es el hilo conductor del Documento Final del Sínodo Panamazónico. Una conversión que se declina en diferentes sentidos: integral, pastoral, cultural, ecológica y sinodal. El texto es el resultado del "intercambio abierto, libre y respetuoso" que tuvo lugar durante las tres semanas de trabajos del Sínodo, para contar la historia de los desafíos y potencialidades de la Amazonía, el "corazón biológico" del mundo extendido a lo largo de nueve países y habitado por más de 33 millones de personas, de las cuales cerca de 2,5 millones son indígenas. Sin embargo, esta región, la segunda más vulnerable del mundo debido al cambio climático provocado por el hombre, se encuentra "en una carrera desenfrenada hacia la muerte" y esto requiere urgentemente -reitera el documento- una nueva dirección que permita salvarla, so pena de un impacto catastrófico en todo el planeta.

Conversión integral 

Desde el principio, el documento exhorta a una "verdadera conversión integral", con una vida sencilla y sobria, al estilo de San Francisco de Asís, comprometida a relacionarnos armoniosamente con la "casa común", la obra creadora de Dios. Esta conversión llevará a la Iglesia a ser "en salida", para entrar en el corazón de todos los pueblos amazónicos. La Amazonía, de hecho, tiene una voz que es un mensaje de vida y se expresa a través de una realidad multiétnica y multicultural, representada por los variados rostros que la habitan. El "buen vivir" y el "hacer el bien" son el estilo de vida de los pueblos amazónicos, es decir, vivir en armonía consigo mismos, con los seres humanos y con el ser supremo, en una sola intercomunicación entre todo el cosmos, para forjar un proyecto de vida plena para todos.

Sin embargo, el texto no calla los muchos dolores y la violencia que hoy hieren y deforman la Amazonía, amenazando su vida: la privatización de los bienes naturales; los modelos de producción depredadores; la deforestación que afecta a casi el 17% de toda la región; la contaminación de las industrias extractivas; el cambio climático; el narcotráfico; el alcoholismo; la trata; la criminalización de los líderes y los defensores de la Amazonía; y los grupos armados ilegales. Es amplia y amarga la página sobre la migración en la Amazonía, que se articula en tres niveles: la movilidad de los grupos indígenas en territorios con circulación tradicional; el desplazamiento forzado de los pueblos indígenas; la migración internacional y los refugiados. Para todos estos grupos, es necesario una pastoral transfronteriza en grado de incluir el derecho a la libre circulación.  El problema de la migración, se lee, debe ser afrontado de manera coordinada por las Iglesias de frontera. Además, se debe pensar un trabajo pastoral permanente para los migrantes que son víctimas de la trata.  El Documento Sinodal también llama la atención sobre el desplazamiento forzado de las familias indígenas en los centros urbanos, subrayando que este fenómeno requiere "una atención pastoral transfronteriza". De ahí la exhortación a crear equipos misioneros que, en coordinación con las parroquias, se ocupen de este aspecto, ofreciendo liturgias inculturadas y promoviendo la integración de estas comunidades en las ciudades.

Muestra del arte amazónico en el museo del Vaticano. Foto/CNS

Conversión pastoral

Es central, además, la referencia a la naturaleza misionera de la Iglesia: la misión no es algo facultativo -recuerda el texto- porque la Iglesia es misionera y la acción misionera es el paradigma de toda la obra de la Iglesia. En la Amazonía, debe ser "samaritana", es decir, debe salir al encuentro de todos; "magdalena", es decir, amada y reconciliada para anunciar con alegría a Cristo resucitado; "mariana", es decir, debe generar hijos a la fe e "inculturada" entre los pueblos a los que sirve. Es importante, pues, pasar de una "visita" pastoral a una "presencia permanente" pastoral y, por ello, el Documento sinodal sugiere que las congregaciones religiosas del mundo establezcan al menos un puesto de avanzada misionero en cualquiera de los países amazónicos.

El Sínodo no olvida a los numerosos misioneros que dieron su vida para transmitir el Evangelio en la Amazonia, cuyas páginas más gloriosas fueron escritas por los mártires. Al mismo tiempo, el Documento recuerda que el anuncio de Cristo en la región se hizo a menudo en connivencia con los poderes opresores del pueblo. Por eso, hoy la Iglesia tiene la "oportunidad histórica" de distanciarse de las nuevas potencias colonizadoras, escuchando a los pueblos amazónicos y ejercitando su actividad profética "de manera transparente".

En este contexto, se concede gran importancia al diálogo, tanto ecuménico como interreligioso: "camino irrenunciable de la evangelización en la Amazonía" -dice el texto sinodal- debe partir, en el primer caso, de la centralidad de la Palabra de Dios para iniciar caminos reales de comunión. En el frente interreligioso, en cambio, el Documento anima a un mayor conocimiento de las religiones indígenas y de los cultos afrodescendientes, para que cristianos y no cristianos, juntos, puedan actuar en defensa de la casa común. Por eso, se proponen momentos de encuentro, estudio y diálogo entre las Iglesias amazónicas y los seguidores de las religiones indígenas.

Pastoral indígena 

El documento señala, además, la urgencia de una pastoral indígena que tenga su lugar específico en la Iglesia: es necesario crear o mantener, de hecho, "una opción preferencial por los pueblos indígenas", dando también mayor impulso misionero entre las vocaciones indígenas, porque la Amazonía también debe ser evangelizada por los amazónicos. Se da lugar, luego, a los jóvenes amazónicos, con sus luces y sus sombras: divididos a mitad entre tradición e innovación, inmersos en una intensa crisis de valores, víctimas de tristes realidades como la pobreza, la violencia, el desempleo, nuevas formas de esclavitud y las dificultades para acceder a la educación, a menudo terminan en prisión o mueren por suicidio. Sin embargo los jóvenes amazónicos tienen los mismos sueños y esperanzas que los otros chicos del mundo y la Iglesia, llamada a ser una presencia profética, debe acompañarles en su camino, para evitar que su identidad y su autoestima sean dañadas o destruidas. En particular, el Documento señala  la evangelización a través de un  “ministerio juvenil renovado y audaz”, con una pastoral siempre activa, centrada en Jesús. Los jóvenes, de hecho, lugares teológicos y profetas de esperanza, quieren ser protagonistas y la Iglesia Amazónica quiere reconocer su espacio. De ahí la invitación a promover nuevas formas de evangelización también a través de los medios sociales y a ayudar a los jóvenes indígenas a lograr una sana interculturalidad.

Pastoral urbana y familias

El texto conclusivo del Sínodo se detiene luego en el tema de la pastoral urbana, con una mirada particular en las familias: en las periferias de la ciudad, ellas sufren de pobreza, desempleo, falta de vivienda, además de numerosos problemas de salud. Por lo tanto, es necesario defender el derecho de todas las personas a la ciudad como un disfrute equitativo de los principios de sostenibilidad, democracia y justicia social. Es necesario “luchar -se lee en el texto- para que las "favelas" y "villas miserias" tengan asegurados los derechos básicos fundamentales”. Y central debe ser también la institución de un "ministerio de acogida" para una solidaridad fraterna con los migrantes, los refugiados y las personas sin hogar que viven en el contexto urbano. En este ámbito, las comunidades eclesiales de base ofrecen una valiosa ayuda, "un don de Dios a las Iglesias locales de la Amazonia". Al mismo tiempo, se invita a las políticas públicas a mejorar la calidad de vida en las zonas rurales, para evitar el traslado incontrolado de personas a la ciudad.

Niño y la mariposa. Una muestra fotográfica presentada durante el sínodo de la Amazonía. Foto/CNS

Conversión cultural 

La inculturación y la interculturalidad son herramientas importantes para lograr una conversión cultural que lleve al cristiano a ir al encuentro del otro para aprender de él. Los pueblos amazónicos, en efecto, con sus “perfumes antiguos” que contrastan la desesperación que se respira en el continente y con sus valores de reciprocidad, solidaridad y sentido de comunidad, ofrecen enseñanzas de vida y una visión integrada de la realidad capaz de comprender que toda la creación está conectada y de garantizar, por tanto, una gestión sostenible. La Iglesia se compromete a ser aliada de los pueblos indígenas -reitera el texto sinodal- especialmente para denunciar los atentados perpetrados contra sus vidas, los proyectos de desarrollo depredador etnocidas y ecocidas y la criminalización de los movimientos sociales.

Defender la tierra y la vida

"La defensa de la tierra -se lee- no tiene otra finalidad que la defensa de la vida" y se basa en el principio evangélico de la defensa de la dignidad humana. Por lo tanto, es necesario defender los derechos a la libre determinación, la demarcación de territorios y la consulta previa, libre e informada de los pueblos indígenas. Un punto específico está dedicado a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario (Piav) o en aislamiento y contacto inicial (Piaci), que hoy en día, en la Amazonía, suman unas 130 unidades y son a menudo víctimas de la limpieza étnica: la Iglesia debe emprender dos tipos de acción, una pastoral y otra de incidencia, para que los Estados protejan los derechos y la inviolabilidad de los territorios de estos pueblos.

Teología india y piedad popular

Desde la perspectiva de la inculturación -es decir, de la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas- se da espacio a la teología india y a la piedad popular, cuyas manifestaciones deben ser apreciadas, acompañadas, promovidas y algunas veces purificadas, ya que son momentos privilegiados de evangelización que deben llevar al encuentro con Cristo. El anuncio del Evangelio, en efecto, no es un proceso de destrucción, sino de consolidación y fortalecimiento de aquellos sembradores del Verbo presentes en las culturas. De ahí el claro rechazo a la "evangelización al estilo colonial" y al "proselitismo", en favor de un anuncio inculturado que promueva una Iglesia con rostro amazónico, en pleno respeto e igualdad con la historia, la cultura y el estilo de vida de las poblaciones locales. En este sentido, el Documento del Sínodo propone que los centros de investigación de la Iglesia estudien y recojan las tradiciones, lenguas, creencias y aspiraciones de los pueblos indígenas, fomentando su trabajo educativo sobre la base de su propia identidad y cultura.

También en el campo de la salud -continúa el Documento- este proyecto educativo deberá promover el conocimiento ancestral de la medicina tradicional de cada cultura. Al mismo tiempo, la Iglesia se compromete a ofrecer asistencia sanitaria allí donde el Estado no llega. Es fuerte también la demanda de una educación a la solidaridad, basada en la conciencia de un origen común y un futuro compartido por todos, así como de una cultura de la comunicación que promueva el diálogo, el encuentro y el cuidado de la "casa común". En lo específico, el texto sinodal propone la creación de una red de comunicación eclesial panamazónica, una red escolar de educación bilingüe y nuevas formas de educación, también a distancia.

Marcha de familias amazónicas. Foto/CNS

Conversión ecológica 

Ante "una crisis socio-ambiental sin precedentes", el Sínodo invoca una Iglesia amazónica capaz de promover una ecología integral y una conversión ecológica según la cual "todo está íntimamente conectado".

La esperanza es que al reconocer "las heridas causadas por el ser humano" al territorio, se busquen "modelos de desarrollo justo y solidario". Esto se traduce en una actitud que vincule el cuidado pastoral de la naturaleza con la justicia para las personas más pobres y desfavorecidas de la tierra. La ecología integral no debe ser entendida como un camino extra que la Iglesia puede elegir para el futuro, sino como la única manera posible de salvar a la región del extractivismo depredador, del derramamiento de sangre inocente y de la criminalización de los defensores de la Amazonía. La Iglesia, en cuanto “parte de una solidaridad internacional”, debe favorecer y reconocer el rol central del bioma amazónico para el equilibrio del clima del planeta y animar a la comunidad internacional a aportar nuevos recursos económicos para su protección, fortaleciendo las herramientas ya desarrolladas por la convención marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Defender y promover los derechos humanos, además que un deber político y una tarea social, es una exigencia de fe. Frente a este deber cristiano, el Documento denuncia la violación de los derechos humanos y la destrucción extractiva; asume y apoya, también en alianza con otras Iglesias, las campañas de desinversión de las compañías extractivas que causan daños sociales y ecológicos a la Amazonía; llama a una transición energética radical y la búsqueda de alternativas, y propone el desarrollo de programas de capacitación para el cuidado de la "casa común". Se pide a los Estados que dejen de considerar la región como una dispensa inagotable, al tiempo que piden un "nuevo paradigma de desarrollo sostenible" socialmente inclusivo que combine el conocimiento científico y el tradicional.  Los criterios comerciales, es la recomendación, no deben estar por encima de los criterios ambientales y de los derechos humanos.

Iglesia aliada de las comunidades amazónicas 

La llamada es a la responsabilidad: todos estamos llamados a la custodia de la obra de Dios. Los protagonistas de la atención, protección y defensa de los pueblos son las mismas comunidades amazónicas. La Iglesia es su aliada, camina con ellos, sin imponer una forma particular de actuar, reconociendo la sabiduría de los pueblos sobre la biodiversidad contra toda forma de biopiratería. Se pide a los agentes pastorales y a los ministros ordenados que se formen en esta sensibilidad social y ambiental, siguiendo el ejemplo de los mártires de la Amazonía. La idea es crear ministerios para el cuidado de la casa común.

Defensa de la vida

El documento reafirma el compromiso de la Iglesia en la defensa de la vida "desde la concepción hasta su ocaso" y en la promoción del diálogo intercultural y ecuménico para contener las estructuras de muerte, pecado, violencia e injusticia. La conversión ecológica y la defensa de la vida en la Amazonía se traducen para la Iglesia en una llamada a "desaprender, aprender y reaprender para superar así cualquier tendencia hacia modelos colonizadores que han causado daño en el pasado".

Pecado ecológico y derecho al agua potable

Propuesta la definición de "pecado ecológico" como "una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el ambiente", contra las futuras generaciones y contra la virtud de la justicia.  Para reparar la deuda ecológica que los países tienen con la Amazonia, se sugiere crear un fondo global para las comunidades amazónicas, a fin de protegerlas del deseo depredador de las empresas nacionales y multinacionales. El Sínodo recuerda la necesidad “urgente” de desarrollar políticas energéticas que reduzcan drásticamente las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases relacionados con el cambio climático, promuevan la energía limpia y monitoreen la cadena de suministro, también sobre el acceso al agua potable, derecho humano básico, fundamental y universal, y condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Proteger la tierra significa favorecer la reutilización y el reciclaje, reducir el uso de combustibles fósiles y plásticos, cambiar hábitos alimenticios como el consumo excesivo de carne y pescado, adoptar estilos de vida sobrios y sembrar árboles. En esta perspectiva, se inserta la propuesta de un Observatorio Social y Pastoral Amazónico que trabaje en sinergia con el CELAM, la CLAR, CARITAS, la REPAM, los episcopados nacionales, las iglesias locales, las Universidades Católicas, la CIDH, otros actores no eclesiales en el continente y los representantes de los pueblos indígenas. También se propuso la creación de una oficina amazónica dentro del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral.

Nuevos caminos de conversión sinodal

Superar el clericalismo y las imposiciones arbitrarias, fortalecer una cultura de diálogo, escucha y discernimiento espiritual, responder a los desafíos pastorales. Estas son las características en las que debe basarse la conversión sinodal, a las que la Iglesia está llamada para avanzar en armonía, bajo el impulso del Espíritu vivificador y con audacia evangélica.

El desafío es interpretar los signos de los tiempos a la luz del Espíritu Santo e identificar el camino a seguir en el servicio del diseño de Dios. Las formas de ejercer la sinodalidad son variadas y deberán ser descentralizadas, atentas a los procesos locales, sin debilitar el vínculo con las Iglesias hermanas y con la Iglesia universal. La sinodalidad se traduce, en continuidad con el Concilio Vaticano II, en la corresponsabilidad y la ministerialidad de todos, en la participación de los laicos, hombres y mujeres, considerados "actores privilegiados". La participación de los laicos, tanto en la consulta como en la toma de decisiones en la vida y misión de la Iglesia -explica el Documento Final- debe ser fortalecida y ampliada a partir de la promoción y atribución de "ministerios a hombres y mujeres de forma equitativa". Evitando personalismos, quizás con cargos rotativos, “el Obispo pueda confiar, por un mandato de tiempo determinado, ante la ausencia de sacerdotes en las comunidades, el ejercicio de la cura pastoral de la misma a una persona no investida del carácter sacerdotal, que sea miembro de la comunidad". La responsabilidad de este último, se especifica, recaerá en el sacerdote. El Sínodo apuesta entonces por una vida consagrada con rostro amazónico, a partir del fortalecimiento de las vocaciones autóctonas: entre las propuestas se destaca la itinerancia de los consagrados, junto a los más empobrecidos y excluidos. Se pide también que la formación se centre en “la interculturalidad, la inculturación y los diálogos entre espiritualidades y cosmovisiones amazónicas”.

Presencia de la mujer

Un gran espacio en el Documento está dedicado a la presencia y la hora de la mujer. Como sugiere la sabiduría de los pueblos ancestrales, la madre tierra tiene un rostro femenino y en el mundo indígena las mujeres son "una presencia testimonial y responsable en la promoción humana". El Sínodo aboga por que se escuche la voz de las mujeres, para que sean consultadas, participen en la toma de decisiones, contribuyan a la sinodalidad eclesial, asuman con más fuerza su liderazgo en la Iglesia, y que ésta lo reconozca y promueva reforzando su participación en los consejos pastorales o "incluso en instancias de gobierno". Como protagonistas y guardianas de la creación y de la casa común, las mujeres son a menudo "víctimas de la violencia, física, moral y religiosa, incluido el feminicidio". El texto reafirma el compromiso de la Iglesia en la defensa de sus derechos, especialmente con respecto a las mujeres migrantes. Al mismo tiempo, reconoce la "ministerialidad" confiada por Jesús a las mujeres y pide una "revisión del Motu Proprio Ministeria quædam de San Pablo VI, “para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado, entre otros a ser desarrollados”. Específicamente, en aquellos contextos en los que las comunidades católicas están dirigidas por mujeres, se requiere la creación del "ministerio instituido de la mujer dirigente de la comunidad”. El Sínodo destaca cómo las numerosas consultas en la Amazonía han solicitado el "diaconado permanente para las mujeres", un tema muy presente durante los trabajos en el Vaticano. El deseo de las participantes en la Asamblea es compartir las experiencias y reflexiones que han surgido hasta ahora con la "Comisión de Estudio sobre el Diaconado de las Mujeres" creada en 2016 por el Papa Francisco y esperar los resultados.

Diaconado permanente 

Se define como “urgente” la promoción, formación y apoyo a los diáconos permanentes. El diácono, bajo la autoridad del obispo, está al servicio de la comunidad y hoy se ve obligado a promover la ecología integral, el desarrollo humano, el trabajo pastoral social y el servicio de los que se encuentran en situación de vulnerabilidad y pobreza, configurándolo al Cristo Servidor. Es necesario, por tanto, insistir en una formación permanente, marcada por el estudio académico y la práctica pastoral, en la que participen también la esposa e hijos del candidato. El programa de formación, precisa el Sínodo, debe incluir temas que favorezcan el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural, la historia de la Iglesia en la Amazonía, el afecto y la sexualidad, la cosmovisión indígena, la ecología integral y otros temas transversales que son típicos del ministerio diaconal. El equipo de formadores estará conformado por ministros ordenados y laicos. Se debe fomentar la formación de futuros diáconos permanentes en las comunidades ribereñas e indígenas.

Formación de los sacerdotes

La formación de los sacerdotes debe ser inculturada: es necesario preparar pastores que vivan el Evangelio, conozcan las leyes canónicas, sean compasivos siguiendo el ejemplo de Jesús: cercanos a las personas, capaces de escuchar, sanar y consolar, sin tratar de imponerse, manifestando la ternura del Padre. También en el área de la formación para el sacerdocio se espera la inclusión de disciplinas como la ecología integral, la eco teología, la teología de la creación, las teologías indias, la espiritualidad ecológica, la histórica de la Iglesia en la Amazonía, la antropología cultural amazónica. El Sínodo recomienda que los centros de formación se inserten preferentemente en la realidad amazónica y que se ofrezca a los jóvenes no amazónicos la oportunidad de hacer parte de su formación en la Amazonía, fomentando así las vocaciones misioneras.

Participación en la Eucaristía

La participación en la Eucaristía es fundamental para la comunidad cristiana. Sin embargo – señala el Sínodo – muchas de las comunidades eclesiales del territorio amazónico tienen enormes dificultades para acceder a ella. Pueden pasar meses o incluso años antes de que un sacerdote pueda regresar a una comunidad para celebrar la Eucaristía, ofrecer el sacramento de la reconciliación o ungir a los enfermos de la comunidad. Apreciando el celibato como un don de Dios en la medida que este don permite al discípulo misionero, ordenado al presbiterado, dedicarse plenamente al servicio del Pueblo Santo de Dios y renovando la oración para que haya "muchas vocaciones" que viven en el celibato, aunque " esta disciplina no sea exigida por la naturaleza misma del sacerdocio " y considerando la vasta extensión del territorio amazónico y la escasez de ministros ordenados, el documento final propone " establecer criterios y disposiciones por parte de la autoridad competente”, para “ordenar sacerdotes a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad, que tengan un diaconado permanente fecundo y reciban una formación adecuada para el presbiterado, pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable, para sostener la vida de la comunidad cristiana mediante la predicación de la Palabra y la celebración de los Sacramentos en las zonas más remotas de la región amazónica”. Se especifica que “a este respecto, algunos se pronunciaron por un abordaje universal del tema”.

Organismo eclesial regional postsinodal

El Sínodo se propone rediseñar la organización de las Iglesias locales desde un punto de vista panamazónico, redimensionando las vastas áreas geográficas de la diócesis, agrupando a las Iglesias particulares presentes en la misma región y creando un Fondo Amazónico para el sostenimiento de la evangelización con el fin de hacer frente al "costo amazónico". En este contexto, se inserta la idea de crear un Organismo Eclesial Regional Postsinodal, articulado con la REPAM y el CELAM, para asumir muchas de las propuestas que surgieron del Sínodo. En el campo de la educación, es necesaria la creación de una Universidad Católica Amazónica, basada en la investigación interdisciplinaria, la inculturación y el diálogo intercultural y basada principalmente en la Sagrada Escritura, en el respeto de las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas.   

Rito amazónico 

Para responder de manera auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios, se pide al citado Organismo de la Iglesia en la Amazonía que constituya una comisión competente para estudiar la elaboración de un rito amazónico que “exprese el patrimonio litúrgico, teológico, disciplinario y espiritual amazónico”. Este se sumaría a los 23 ritos ya presentes en la Iglesia Católica, enriqueciendo la obra de evangelización, la capacidad de expresar la fe en una cultura propia y el sentido de descentralización y colegialidad que puede expresar la Iglesia Católica”. También se propone enriquecer ritos eclesiales con el modo en que estos pueblos cuidan su territorio y se relacionan con sus aguas.

Finalmente, para favorecer el proceso de inculturación de la fe, el Sínodo expresa la urgencia de formar comisiones para la traducción y redacción de textos bíblicos y litúrgicos en las lenguas de los diversos lugares, “preservando la materia de los sacramentos y adaptándolos a la forma, sin perder de vista lo que sea esencial”. La música y el canto también deben ser fomentados a nivel litúrgico. Al final del Documento se invoca la protección de María, Madre de la Amazonía, venerada con diversas advocaciones en toda la región. Vaticano News