¡Estoy gratamente impresionado! Cuando la última semana de abril anunciamos en nuestra página web (www.elpreg.org) la ‘Caminata por los pobres’, cuyo objetivo era recaudar 25 mil dólares para las familias afectadas por la pandemia del coronavirus, me pareció una quijotada, una loable intención. Y –pensé- si sus promotores llegarán a recaudar una cifra cercana a la fijada como meta, creo que deberían darse por bien servido y dar gracias a Dios y a los donantes por su generosidad. Para mi grata sorpresa recaudaron seis veces más de lo establecido: ¡Más de 153 mil dólares!  ¿Cómo surgió la idea?  Los promotores de la caminata (los sacerdotes Mario Majano, Daniel Leary, Shaun Foggo y Ebuka Mbanude, quien se sumó al final del tramo para completar la triunfante ‘posta 4x4’) se inspiraron –en el mensaje del papa Francisco- en el cómo ‘la creatividad del amor vence el aislamiento’ en tiempos de incertidumbre. Majano, Leary y Foggo haciendo eco de ese reto se comprometieron a realizar un recorrido de 54 millas, desde Silver Spring hasta la gruta de Nuestra Señora de Lourdes en Emmitsburg (Maryland), a partir del 29 de abril hasta el primero de mayo. El esfuerzo físico, sudor que se traduciría en donaciones, permitiría conseguir fondos para reabastecer la despensa de alimentos de Caridades Católicas y de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y asistir a los más necesitados de la Misión San Andrés Apóstol.

Una digresión para destacar y replicar la originalidad y creatividad del esfuerzo mancomunado sin importar cuán pequeño o grande sea. La pandemia del coronavirus tiene consecuencias horribles: desempleo masivo y una catástrofe particular en un sistema en el que el seguro de salud de la mayoría de las personas está ligado a sus puestos de trabajo, a la fecha hay más de 30 millones de desempleados. Una calamidad requiere una enorme respuesta y la necesidad de reconstruir suele venir con oportunidades. Por lo pronto, los paradigmas y prioridades han cambiado y celebramos hoy como héroes a los trabajadores esenciales (médicos, enfermeras, empleados de supermercados, conductores de ómnibus, empacadores de carne, personal de limpieza, trabajadores agrícolas y personal del correo), pero no hay garantía alguna de que el país recompensará su sacrificio por lo que se hace necesario ideas creativas para preservar los derechos de los trabajadores esenciales. En tiempos de crisis se producen cambios de paradigmas y no se puede explicar más lo que está sucediendo con las ideas dominantes de cómo funciona nuestro entorno. Pronto, nos enfrentaremos a un proyecto de reconstrucción nacional a una escala nunca vista y el quid del tema será quién controlará ese proyecto y a quién priorizará. Por eso, la ‘Caminata por los pobres’ es tan aleccionador: un ‘grito de fe’ contra una condición de sufrimiento.

En su caminata, los sacerdotes soportaron mal tiempo, lluvias y fuertes ventiscas que no les arredraron. Más bien, soplaron fuertes vientos de generosidad en los corazones de los donantes del área metropolitana y de diversos puntos del país. La caminata –un hermoso paradigma de cómo se puede ser creativo en medio de las dificultades para encontrarnos a mitad de camino en aras del bien común- fue un ‘grito de fe’ de no limitarnos a sufrir una situación dolorosa a la que quizá nos hemos adaptado. Una manifestación de fe de no acostumbrarnos a lo que nos oprime, de no sofocar ese grito, y seguir como si nada pasara a nuestro alrededor. En suma, un aliento de fe para buscar maneras imaginativas de ayudar a los que más lo necesitan. Todos, hombres y mujeres, compartimos el grito de la oración, ese ‘grito de fe’ que clama por maneras creativas de construir un mundo mejor. Y, como dice San Pablo, el horizonte todavía puede ampliarse porque toda la creación ‘gime y sufre los dolores del parto’.