Erika Hernández es responsable de intubar a los enfermos de coronavirus cuyos pulmones ya no responden y reconoce que la pandemia ha tomado por sorpresa al personal médico: "No estábamos preparados, es una reacción diferente en el cuerpo de los infectados".

Esta especialista de 33 años, nacida en Texas y de padres mexicanos, relata a Efe que hasta la llegada de la COVID-19 un paciente que iba a ser intubado era preparado con tiempo, pero ahora la decisión se debe tomar en el momento.

"La forma en que ocasiona la muerte es muy rápida, ha sido un impacto para nosotros", reconoció la mujer y madre de familia, que señala que los procedimientos en los hospitales se han visto revolucionados a causa de la pandemia.

Hernández, que trabaja en dos hospitales de Arizona, explicó que el tubo es la última elección para un paciente y se usan cuando los pulmones no reaccionan y necesitan presión, lo que resuelven por medio del ventilador que logra "abrir" los pulmones y así los enfermos tienen "oxigeno circulando de la cabeza a los pies".

En Estados Unidos, foco mundial del coronavirus, se contabilizan hasta este lunes casi 750.000 casos, según la Universidad Johns Hopkins, que da cuenta de más de 35.000 decesos. En Arizona, hay 5.064 casos, de ellos 187 han sido mortales, de acuerdo a las más recientes cifras del Departamento de Salud estatal.

La vertiginosa propagación del COVID-19 tiene al personal médico "con los nervios de punta", como dice la hispana, que durante sus largas jornadas es la que más se expone al virus dada la cercanía que debe tener con el paciente cuando tiene que introducir el tubo por la tráquea.

"Se siente un miedo enorme, no solo por mí, sino por mis hijos que son asmáticos y tengo pavor que los pueda infectar. Y aunque soy muy atlética, me hidrato y tomo vitaminas, estoy consciente que este virus afecta a jóvenes. Hace días falleció un paciente de 24 años", señaló.

Hernández dijo que en el transcurso de su carrera, en la que por años se ha desempeñado como especialista en sistema cardiopulmonar, ha visto morir mucha gente en los hospitales, pero nunca imaginó enfrentarse a una pandemia mundial a causa de un virus letal y con una alta tasa de contagio.

"Tenía nociones de otras epidemias, recuerdo la H1N1 (fiebre porcina), yo trabajaba en ese entonces para una aerolínea internacional, usábamos cubre bocas. Pero mi trabajo era otro, ahora como personal médico, nunca esperé que pasara esto en vida", afirmó.

Le entristece ver la desesperación de los familiares, quienes quedan totalmente incomunicados de sus seres queridos y solo pueden saber de su condición por medio de la línea telefónica del hospital.

"Ver la tristeza de las familias, su desesperación por no poder ver a su ser querido, no despedirse y no poder velarlo, en verdad se siente como si te arrancaran una parte del corazón al ver que no pueden tener un cierre con esa persona que quisieron tanto", expresó. EFE