Con el final del verano, los jóvenes regresan al aula para otro año de aprendizaje. Una educación de calidad es esencial para una vida buena, feliz y productiva, y, por supuesto, nuestras escuelas juegan un papel crucial en esto. Pero eso es solo un papel entre muchos.

Si bien los maestros de escuela tienen cierta experiencia en materias académicas, en realidad son los padres quienes tienen -o se supone que tienen- la responsabilidad principal por la educación de sus hijos. Esto significa más que asegurarse de que los niños hagan su tarea. Significa enseñarles muchas lecciones críticas de la vida que se necesitan en la formación de la persona, incluyendo la virtud, el cuidar el uno al otro y fomentar el amor por aprender a desarrollar sus dones intelectuales, morales y físicos.

Hermanos y hermanas, abuelos, tías, tíos y primos también tienen un papel que desempeñar. Por lo tanto, la familia es reconocida como la primera "escuela" para los niños.

Del mismo modo, así como las escuelas desempeñan solo una parte en la educación, las materias escolares tradicionales solo son un componente del aprendizaje necesario. Matemáticas, lectura, escritura, historia, artes, economía, ciencia, tecnología y habilidades vocacionales son muy útiles para una vida integral, y son esenciales para obtener un trabajo para mantenerse usted y a su familia, y para hacer cosas rutinarias como gastar el dinero sabiamente. Y pueden llevar a que uno tenga una casa grande, un auto elegante, fama y fortuna. Pero en realidad éstas no son la clave para una vida exitosa.

A menudo pensamos en el éxito en términos materiales. Pero ganar dinero no es la medida del éxito. Incluso si tenemos todas las riquezas del mundo, todavía habrá algo que falta, y de nada le sirve al hombre o a la mujer ganar el mundo entero, si su alma no se salva. (Mateo 16,26).

Aún más importante que las cosas materiales es la felicidad, y ser un verdadero éxito es acercarse a la realidad trascendente que es Dios. Lamentablemente, los estudios muestran que muchas, muchas personas, incluso muchas que van a la iglesia todas las semanas, no conocen o entienden algunos fundamentos de la fe.

Por ejemplo: Muchas personas no saben que la Eucaristía es, en verdad, la presencia real de Jesús. Este Santísimo Sacramento no es solo un símbolo, sino que es de alguna manera misteriosa el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo. Cada domingo, hay también muchas personas que no reciben la Sagrada Comunión porque no han sido instruidas o están preparadas de otra forma en la fe.


Es imperativo que los padres vean que sus hijos aprendan estas lecciones sobre cómo estar cerca de Dios, y que crezcan aprendiendo ellos mismos. Esto se puede hacer de muchas formas, como la oración familiar, la lectura de la Biblia, las enseñanzas de los catecismos y el aprendizaje de los santos. De esta manera, aprendemos a crecer en santidad y a ser santos nosotros mismos. 

En particular, "todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”, ha dicho el papa Francisco. “Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él; elige a Dios una y otra vez", (Alegraos y Regocijaos, 14, 15).

Este fue ciertamente el camino de Santa Bernadette y tenemos mucho que aprender de ella. “Pasaré cada momento amando. Quien ama no se da cuenta de sus pruebas; o quizás más exactamente, ella puede amarlas”, nos enseña.

Por encima de todo, Bernadette vio el valor de unir humildemente su vida a la vida del Señor, y la sabiduría que impartió a su hermana menor que tenía una hija pequeña es una lección para todos los padres: “Entiendes el cuidado que debes tener al criar a esta querida niña. Enséñale a conocer y amar al buen Señor y a la Santísima Virgen tan pronto como sea posible, a respetarlo y a aborrecer el mal. Al hacer esto, ustedes cumplirán sus responsabilidades como padres”, escribió Bernadette. “Sí, hijos, amen bien a Dios durante esta vida. Esta es la mayor fuente de felicidad en esta tierra y la única cosa que nos hará eternamente felices en el cielo".

Tan vitalmente importante como son la lectura, la escritura, las matemáticas y otras materias académicas, una vida de fe, pureza, amor y verdad es aún más importante en el gran esquema de las cosas. Al luchar por esto, Jesús se entrega a nosotros para morar en nuestros corazones. Y no hay mayor éxito en la vida que eso.

Después de todo, Bernadette reconoció: “¿Dónde puedes encontrar un amigo como Jesús? Él sabe cómo simpatizar con nosotros y al mismo tiempo cómo aliviar nuestro dolor. Jesús, y solo Jesús, puede hacer eso. Amémoslo y aferrémonos a él con todo nuestro corazón".