Para hallar una solución al problema de inmigración en Estados Unidos es crucial alcanzar un compromiso mancomunado con los países involucrados en el tema, en especial alcanzar un definido, transparente y cordial acuerdo de cooperación con el vecino México.

“Necesitamos la cooperación porque el asunto de inmigración no es un tema nacional, es binacional, incluso global. Es un fenómeno internacional y no debe tratarse unilateralmente. Es clave cambiar ese enfoque nacional que se le da en este país”, dijo Claudia Masferrer León, profesora del Centro para los Estudios Demográficos, Urbanos y Medioambientales del Colegio de México.

Ella fue moderadora del debate titulado: ¿”Es posible la cooperación entre Estados Unidos y México en cuanto a migración?, que se realizó el 16 de abril, auspiciado por el Instituto de Política Migratoria (MPI) de Washington y El Colegio de México.

Masferrer León instó a los panelistas a hablar sobre la atención que se le pone a las frecuentes caravanas de inmigrantes que vienen hacia Estados Unidos y la presión que reciben ciudades fronterizas como Tijuana.

“Podemos cooperar de diferentes modos”, dijo subrayando que se necesitan iniciativas para reunificar las familias y un programa de trabajadores temporales. “¿Por dónde empezamos?”, dijo a sabiendas de que hay mucho por debatir y mucho por solucionar.

Retos

Uno de los mayores retos en la relación bilateral es cómo solucionar y respon-der adecuadamente al elevado y creciente número de centroamericanos que atraviesan México en camino al norte, que están de paso en suelo mexicano, que abarrotan las zonas fronterizas buscando acceso a Estados Unidos, así como tantos otros que no se ven porque cruzan por los llamados ‘caminos verdes’ guiados por ‘coyotes’.

Trump acusa a México de no hacer nada para detener la migración ilegal, mientras el gobierno de México subraya la necesidad de encarar las causas de ese movimiento migratorio en Centroamérica. En medio de la fricción política, el número de indocumentados que cruzan ilegalmente la frontera sigue aumentando al igual que el número de personas que buscan asilo.

Los patrones de inmigración han cambiado drásticamente en la última década. Aunque hay considerable migración de mexicanos, el número de cruces ilegales ha disminuido. Incluso ha bajado el número de mexicanos viviendo en Estados Unidos, más crece el número de estadouniden-ses viviendo en el vecino país del sur (más de un millón).

El flujo de migración que comparten ambos países no viene solamente de Centroamérica, también de Venezuela, Cuba, África y otros países. Ambos encaran los retos de darle educación, salud, oportunidades laborales a los que llegan. Por eso es tan importante buscar una forma de cooperación.

Para Carlos Heredia, ex legislador mexicano y catedrático, la cooperación no se hace posible porque la visión, la perspectiva de las dos naciones en cuanto al tema de migración no confluye. “Tenemos definiciones distintas”, dice. “Estados Unidos quiere construir un muro... pues eso no es trabajar juntos”, destacó. Entonces cabe la siguiente pregunta: ¿Trabajar juntos para qué?

Ese es un buen punto de partida para empezar a buscar la cooperación y el compromiso.

México está orientado hacia la izquierda, Estados Unidos hacia la derecha -recordó Alan Bersin, ex secretario asistente para políticas en el Departamento de Seguridad Nacional y ex comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos. Otro punto de partida para unirse es tomar en cuenta el número de mexicanos que viven acá y de estadounidenses que viven allá.

Roberta Jacobson, ex embajadora de Estados Unidos en México, dijo en el debate que hay que compartir responsabilidades y que el intercambio de información es crucial. “Hay que tener un panorama claro del flujo migratorio. Por ejemplo, vimos un amplio número de factores en los países del Triángulo Norte en la crisis de migración de niños no acompañados en 2014”, dijo. “Es esencial la cooperación y no está ocurriendo necesariamente en este momento”.

Esta experta propone soluciones integrales, como invertir en desarrollo, gobierno y cumplimiento de la ley en los países centroamericanos.

Doris Meissner, directora del programa de política de Estados Unidos en MPI y ex funcionaria del gobierno estadounidense, recordó en el debate que el problema de inmigración no es nuevo. El flujo migratorio hacia este país tiene cuatro décadas, tiempo en el cual los inmigrantes han venido evitando a la patrulla fronteriza para poder ingresar.

Subrayó que desde hace años que una solución no se ha podido concretar entre demócratas y republicanos. “Hay dificultades para manejar esta problemática, no hemos invertido en un sistema de migración y ahora surge un nuevo flujo migratorio”, dijo refiriéndose a los centroamericanos. “La respuesta es tomar decisiones, reconociendo que diferentes flujos migratorios, requieren diferentes respuestas.

“No es tarea fácil”, dijo Gustavo Mohar, quien ha sido autoridad de migración en México, y pidió que se considere cómo los caminantes están siendo atacados y abusados, aunque vengan en grupo.

Para Andrés Rozental, viceministro de asuntos exteriores de México, la cooperación entre los dos países es difícil en este momento. “Es un fenómeno muy complejo. Ha habido subidas y bajadas en las discusiones en cuatro décadas y ahora hay más actores envueltos que antes”, dijo quien sí reconoce la necesidad de cooperación binacional.

En vez de hablar negativamente sobre los inmigrantes -dijo- hay que recordar que este país se ha construido por la inmigración.