Con una exhortación a no ser indiferentes con las necesidades de los refugiados e inmigrantes indocumentados que todos los días llegan con la esperanza de una vida mejor, monseñor Mario Dorsonville, obispo auxiliar de Washington, develó en el altar principal de la parroquia Sagrado Corazón un cuadro de San Juan Diego y otro de la Virgen de Guadalupe. El acto se realizó durante la misa de recordación del XX Aniversario de la Canonización del “confidente de la dulce Señora del Tepeyac”.

El obispo al recordar la figura del indígena San Juan Diego, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe, destacó sus cualidades de hombre de fe simple, con firme confianza en Dios y amor a la Virgen, lo cual hoy es un testimonio para todos los católicos.

Agregó que la sencillez, humildad y confianza de San Juan Diego en la Virgen, ahora también se ve reflejada en miles de inmigrantes que llegan al país con la esperanza de poder brindarle a su familia una vida digna, segura y en libertad.

El obispo Mario Dorsonville reflexiona sobre la importancia de tener presente los cuadros de San Juan Diego y otro de la Virgen de Guadalupe en el altar de la parroquia Sagrado Corazón. Foto/MV

“Desde su canonización el entonces papa Juan Pablo II elevó sus oraciones para que San Juan Diego acompañe siempre a la Iglesia Peregrina, que interceda ante la Virgen de Guadalupe para dar consuelo a los desamparados, refugiados e inmigrantes que caminan en busca de paz y oportunidades”, puntualizó el obispo auxiliar de Washington. 

De igual modo, recordó que la Virgen María, así como dio a luz al Salvador del mundo, también nos envió a San Juan Diego para que sea ejemplo vivo de la evangelización en nuestra América. “El papa Francisco siempre nos habla de cambiar nuestra forma de ver el mundo, de no ser indiferentes con la tragedia humana que golpea día a día nuestras calles”. 

Indicó, que el Santo Padre nos pide estar al lado de los afligidos, de los que necesitan la palabra de Dios para entender y sentir que todos somos hermanos, que todos estamos en la obligación de crear las bases espirituales y sociales donde unidos podamos vivir en paz, con trabajo y dignidad. 

“Tenemos que visualizar un futuro con Dios por delante y asegurarnos que niños y jóvenes vivan en un mejor mundo. Es bueno tener presente a la Virgen María en los momentos difíciles, tenemos que proteger a los inmigrantes indocumentados que ya están aquí, pero también entender que el país necesita que la migración sea ordenada, que este de acuerdo a las leyes y que Estados Unidos siga siendo una tierra de oportunidades”, acotó el obispo Dorsonville.

La misa de recordación del XX Aniversario de la Canonización de San Juan Diego se inició al mediodía con un grupo de danzantes aztecas, música de mariachis y delegaciones de inmigrantes de diferentes países. 

Como se recuerda, San Juan Diego, "el confidente de la dulce Señora del Tepeyac"- como lo llamaba San Juan Pablo II-, fue canonizado el 31 de julio de 2002 durante una misa celebra en la Basílica de Guadalupe. 

En 1524 Juan Diego se convirtió al catolicismo. Su primera visión de la Virgen María fue el 9 de diciembre de 1531. Mientras se dirigía a misa, fue visitado por la Virgen María, quien estaba rodeada de luz celestial, en el cerro Tepeyac en las afueras de lo que hoy es la Ciudad de México. Ella le habló en su idioma nativo y le pidió que le dijera al obispo que le construyera un santuario en la colina. Años después de cumplir con el pedido de la Virgen falleció en 1548.