“Debemos poner fin a la cultura del descarte, nosotros que pedimos al Señor que nos dé el pan nuestro de cada día. El desperdicio de alimentos contribuye al hambre y a los cambios climáticos”, escribió este martes el papa Francisco en un tweet antes del inicio de la conferencia internacional sobre el desperdicio de alimentos en la Casina Pío IV del Vaticano

Teniendo en cuenta los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG) indicados por las Naciones Unidas y, con la intención de superar la cultura del descarte denunciada por el papa Francisco en la Encíclica “Laudato Si”, los principales objetivos de la conferencia son: compartir la evidencia científica más reciente sobre cómo reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos (FLW, por sus siglas en inglés) y contribuir así a la seguridad alimentaria mundial; además, proporcionar recomendaciones para ampliar la acción mundial y nacional por parte de los ciudadanos, las empresas, los gobiernos y las organizaciones internacionales; y ampliar la alianza de actores para lograr un impacto más significativo.

Con este evento, la Santa Sede quiere señalar que el despilfarro y la pérdida de alimentos es una cuestión moral, pero también un fenómeno perjudicial para el planeta, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero y al desperdicio de agua y de tierras utilizadas para producir estos alimentos, que se reflejan especialmente en las personas más pobres, cuyo trabajo se disipa y cuyos medios de vida se ven comprometidos.

Bancos de Alimentos 

El discurso del Santo Padre a los miembros de la Federación Europea de Bancos de Alimentos el 18 de mayo también fue significativo: “Combatir el terrible flagelo del hambre también significa combatir el despilfarro. El despilfarro manifiesta desinterés por las cosas e indiferencia hacia los que carecen de ellas. Los residuos son la expresión más cruda de los residuos. Me viene a la mente cuando Jesús, después de repartir los panes a la multitud, pide que se recojan los trozos sobrantes para que no se pierda nada (cf. Jn 6,12). Recolectar para redistribuir, no producir para dispersar. Desechar los alimentos significa descartar a la gente. Y hoy en día es escandaloso no darse cuenta de cuánto alimento es un bien precioso y cuánto bien sale mal”.

Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias, presidió la apertura de la Conferencia, a la que asistieron expertos de todo el mundo y explicó el propósito de esta cumbre:

“Como dijo el Papa en su tweet, pedimos al Señor que nos dé el pan. Y cuando le pedimos que dé el pan a todos – porque nosotros no decimos "dame el pan a mí" sino "danos", a todos nosotros – al mismo tiempo nos comprometemos a encontrar este pan. De hecho, todos tenemos un nuevo imperativo moral de trabajar para que todos tengan el pan de cada día. Debemos comprometernos con el terrible hecho de que hoy es denunciado por todas las organizaciones internacionales de alimentación, es decir, el hecho de la pérdida de alimentos y, al mismo tiempo, el despilfarro de alimentos. Son dos cosas diferentes. La pérdida, el deterioro de los alimentos se produce porque en muchos países del mundo no hay suficientes instrumentos para preservarlos. Los residuos de alimentos, por otro lado, se producen cuando hay tantas cantidades de alimentos que no se consumen, por diversas razones. Esto es precisamente lo que vamos a analizar. Todo esto ante dos circunstancias terribles. La primera es que sabemos que 800 millones de personas no tienen suficiente comida... otros 800 mil no tienen buena comida... un tercio de la humanidad está en cambio sobrealimentada, mal alimentada porque come mucho, pero come mal... Así que hoy estamos aún más llamados, digo, con un nuevo imperativo moral, a ser conscientes del problema y a tratar de encontrar soluciones”, señaló monseñor Sánchez Sorondo.

Luego, agregó que la Academia de Ciencias quiere encontrar soluciones, frente a la situación denunciada por la propia Academia y luego por el Papa, con la Laudato Si', la crisis global, del calentamiento global... La producción de estos elementos también influye en el problema del cambio global y el calentamiento global y la migración de las personas, porque si las personas no tienen que comer, migran. Así que todo está relacionado. Así como la Academia ha denunciado con un nuevo imperativo moral el problema del clima y el problema de las nuevas formas de esclavitud, ahora quiere arrojar luz sobre el problema de la alimentación. Vaticano News