15 de junio de 2020

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Durante siglos, nuestro país y nuestro estado han estado plagados de problemas de desigualdad e injusticia por el racismo. Aunque muchas personas han actuado de buena fe en servicio y oración para producir un cambio justo, reconocer la dignidad de cada vida, y en amarse unos a otros, nuestra crisis actual nos hace reflexionar sobre cuánto debemos hacer juntos para lograr un progreso significativo. Recordamos y tenemos muy presente los pecados y fallas del pasado de nuestra propia Iglesia y los admitimos libremente.

Con pesar y humildad, debemos reconocer que como líderes católicos y como institución a veces no hemos seguido el Evangelio que profesamos y hemos sido demasiado lentos en corregir nuestras deficiencias. Por esta razón, nos corresponde ubicarnos a la vanguardia de los esfuerzos para eliminar las desigualdades y la discriminación que aún están presentes en Maryland y nuestra nación.

A pesar de nuestra dolorosa historia, la Iglesia en Maryland se ha enriquecido profundamente con los dones de los Católicos Negros. Pensamos en la Madre Mary Lange, quien fundó la primera escuela católica para niños negros en los Estados Unidos, en Baltimore en 1828. Un año después, fundó las Hermanas Oblatas de la Providencia, la primera orden religiosa para mujeres afrodescendientes. Hoy, ella es una Sierva de Dios y está en proceso de ser canonizado como santa católica, una causa por la cual todos los católicos deberían rezar.

Maryland también es el hogar del Congreso Nacional Católico Negro, que actúa como testigo y guía de las realidades de la experiencia católica negra en los Estados Unidos. También es hogar de los sacerdotes y hermanos Josefitas, cuya misión es servir a la comunidad Afroamericana.

En un momento en que la segregación escolar, lamentablemente, era la norma en Maryland, dos de nuestros predecesores, el cardenal Patrick O'Boyle y el cardenal Lawrence Shehan, comenzaron el proceso de integrar las escuelas y parroquias católicas.

El 12 de marzo de 1950, en una homilía sobre las relaciones raciales, el entonces arzobispo O'Boyle dijo: "A menos que todos los recursos de la Iglesia sean puestos a disposición de cada miembro de la iglesia y se hagan disponibles a todo hombre, no hay catolicismo digno de ese nombre. Nuestros sacramentos y nuestras sociedades, nuestra Misa y los misterios de la fe son una posesión común. Así como Dios es nuestro Padre - Lo que es católico es nuestro; todos estamos unidos como uno.”

Esta historia nos proporciona el contexto actual y debe actuar para animar nuestras oraciones, pensamientos y acciones para, finalmente, acabar con al pecado del racismo que permanece con nosotros y en nosotros. Los asesinatos injustos de George Floyd y otros afroamericanos y las protestas posteriores, manifestaciones y las vigilias que continúan teniendo lugar dejan en claro que la conciencia de nuestra nación está siendo juzgada a la medida en que cuestiones de raza y desigualdad nos confrontan a todos y cada uno de nosotros.

Debemos reconocer que todos compartimos la misma naturaleza y dignidad humana porque todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios; es por esto que la vida humana es sagrada. Llamamos a todas las personas de buena voluntad a la oración, a erradicar cualquier odio y animosidad que se haya arraigado el propio corazón. Inspirados por el mandamiento de Jesús de "amarse unos a otros como yo los amo" (Juan 15:12), debemos buscar conocernos y entendernos mutuamente y trabajar para romper las barreras mediante la escucha, la oración y un compromiso para cambiar corazones y mentes.

Sin embargo, la oración y el diálogo, por sí solos, no son suficientes. Debemos actuar para lograr un verdadero cambio. Unidos, buscamos sanación, armonía y soluciones que reconozcan que cada persona ha sido creada a imagen de Dios y que cada persona posee dignidad humana. A través de los años, los Obispos Católicos de Maryland se han mantenido firmes en nuestro apoyo a las leyes que buscaban la justicia y el fin del trato desigual basado en la raza.

Esto incluye el acceso a la salud y la atención materna, oportunidades educativas significativas, reformas penitenciarias, iniciativas de justicia restaurativa, esfuerzos contra la discriminación en la vivienda, reformas a la justicia juvenil y poner fin a la práctica disparatada de la pena capital. Elogiamos los esfuerzos de nuestros legisladores estatales para convocar grupos de trabajo para discutir iniciativas legislativas que son necesarias para la reforma, la transparencia y la igualdad racial. Esperamos participar activamente en estas conversaciones a nivel estatal y nacional y prestar nuestras voces a aquellos a quienes se les han sido sofocadas o del todo silenciadas por completo por aquellos que buscan callarlas.

Continuamos orando para que el Espíritu Santo ilumine las mentes y los corazones de nuestros representantes elegidos para que la verdad y la justicia prevalezcan sobre las falsedades de la discriminación e injusticia.

Oramos para que Dios nos guíe durante estos tiempos difíciles y nos dé el valor para actuar con convicción en nuestro deber de buscar la igualdad racial, sanar divisiones y construir puentes de comprensión y esperanza.

En Cristo,

Reverendísimo William E. Lori, arzobispo de Baltimore

Reverendísimo Wilton D. Gregory, arzobispo de Washington

Reverendísimo W. Francis Malooly, obispo de Wilmington

Reverendísimo Roy E. Campbell Jr., obispo auxiliar de Washington

Reverendísimo Mario E. Dorsonville-Rodríguez, obispo auxiliar de Washington 

Reverendísimo Michael W. Fisher, obispo auxiliar de Washington

Reverendísimo Adam J. Parker, obispo auxiliar de Baltimore 

Reverendísimo Denis J. Madden, obispo auxiliar emérito de Baltimore

Obispo designado Bruce Lewandowski, CSsR, obispo auxiliar-designado de Baltimore